Su magnitud de 8.2 grados, el lugar de inicio de su ruptura y cómo se propagó, generó particularidades inusuales respecto de otros sismos intraplaca que fueron investigadas por científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el que participaron el Colegio de Michoacán y la Universidad de Oregón.

El sismo del 7 de septiembre de 2017 con epicentro en el golfo de Tehuantepec, a 137 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, Chiapas, y a 69.7 km de profundidad, se percibió en el centro y sureste de México, así como en Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice. Es el terremoto más fuerte registrado en México desde el terremoto de Jalisco-Colima de 1932 y hoy además se han encontrado peculiaridades que lo hacen único.

Revelaciones singulares

Los hallazgos fueron publicados en la revista Nature Geoscience. En este trabajo se describe que el sismo se originó en una zona que está por debajo de la corteza oceánica, en el manto litosférico. “Cuando se rompe, no sólo toca la litósfera, sino también una región que no era considerada tan frágil”, explica Xyoli Pérez Campos, directora del Servicio Sismológico Nacional y participante del estudio. Esto fue lo que llevó a los expertos a repensar por qué se rompió la placa.

Habitualmente, los terremotos rompen la parte superior del manto litosférico, pero el que afectó principalmente a los estados de Oaxaca y Chiapas se dio por debajo de ella. En esta ocasión, la parte del manto en el Istmo de Tehuantepec se comportó de forma diferente y se rompió.

Profundidad inusual

La experta recalcó que lo particular de este temblor es que inició y se propagó a una profundidad en la que no es habitual que se fracture el material, pues es considerado más dúctil y maleable.

Entre las implicaciones del por qué se originó el sismo, Pérez Campos precisó que es una región con alto nivel de hidratación, y que fallas preexistentes fueron hidratadas antes del movimiento telúrico, por lo que se comportó de manera diferente.

Recordó que anualmente la Placa de Cocos se mueve unos centímetros, y eso continuará por millones de años; por lo tanto, nuestro país seguirá presentando movimientos sísmicos. (Con información de la UNAM)

 

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