Los censos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que en 1980 la tasa de fecundidad era de 4.8 hijos por mujer; en 2000 disminuyó a 2.6, y en 2020 a 1.9; aunque la caída de la tasa de natalidad está directamente relacionada con el establecimiento de políticas públicas del Estado mexicano en los años 70 que aseguraban que “la familia pequeña vive mejor”, todavía hay múltiples discursos violentos ante la elección de no ser madre.

De entrada en el rubro médico, hay ginecólogos que dicen: “útero que no da hijos, da tumores” o que hay un reloj biológico; el ámbito religioso señala que las mujeres vinieron al mundo a procrear, y el institucional o de la familia refiere que si una mujer no tiene hijos ¿cómo va a dejar huella y cómo va a seguir el apellido?, dijo Tania Meléndez Elizalde, de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón y co-coordinadora del Seminario Interinstitucional de Familia y Diversidad

Agrega que en nuestros días decidir no ser madre se atribuye a que algo no funciona bien con esa mujer y se le castiga simbólicamente al representarla como la solterona, amargada, enojona o “la que nadie quiso”, y no se concibe que pueda ser plena y estar feliz, desarrollarse completamente, sin tener que ser mamá. En contraste esa carga negativa no existe hacia los hombres que deciden no ser padres.

“Una frase que usamos mucho en el feminismo es que la maternidad será deseada o no será. Es decir, que la maternidad es por decisión, no por imposición, por presión, porque nos dijeron que era una obligación hacerlo”, enfatiza.

Grado de escolaridad influye significativamente

Meléndez Elizalde explica que hay diversos factores que dan respuesta a este panorama, como los movimientos feministas que han promovido un entendimiento distinto del papel de la mujer en la sociedad; la divulgación y uso de diversos métodos anticonceptivos, pero un punto a destacar es el incremento de la escolaridad de la población en general.

“En la medida en que las mujeres tienen más acceso al conocimiento, a adquirir grados escolares mayores, proponen proyectos de vida enfocados a su profesionalización, postergan la vida reproductiva y, en muchos casos, deciden no tener hijos”.

Por su parte, Alejandra Collado Campos, especialista en Estudios de la Mujer y jefa de Medios de Comunicación del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, agrega que mujeres con escolaridad primaria tienen más de dos hijos o son madres más jóvenes, lo que genera que dejen de estudiar y se quedan en esa escolaridad. “Justo son estos datos los que nos hacen comprender por qué muchas mujeres deciden postergar la maternidad, pues saben que una vez teniendo hijos o hijas va a ser mucho más complejo escalar en lo escolar, lo laboral”.

Ser madre, remarca, no es un impedimento para realizar actividades o ejercer cargos, pero sí existen prejuicios para contratarlas en algunos sectores, por el tiempo que exigen las labores de cuidados.

Collado Campos concluye que si bien hay mujeres quienes han deconstruido el discurso en torno a la maternidad, aún son las menos y hay numerosos pendientes; entre los más apremiantes están los altos índices de violencia en contra de ellas, el estancamiento en temas de paridad de género e impulsar el tema de que la maternidad debe ser una elección.

“Romper con ideas como el llamado instinto maternal o situaciones idealizadas en los medios de comunicación y productos culturales que indican que no hay nada más hermoso que ser mamá o que una mujer está incompleta si no es madre”. (Con información de la UNAM)

nelly.toche@eleconomista.mx