“Mamá, ¿me compras este?”. “Está padre la tienda, papá”. “Oye, no te portes mal, porque todo lo malo y todo lo bueno que hagas se te regresa. Eso se llama karma”.

Son pedacitos de conversaciones que se oyen en Los Libros Misteriosos, la feria del libro para niños (o niñxs, como dice el cartel) que se organizó en El Vicio y el Teatro la Capilla, en la calle de Madrid, allá en Coyoacán.

Feria de un solo día, con algunos puestos, pero no importa nada de eso: Libros Misteriosos está repleto y eso que apenas son las 11:30.

Hay muchos niños y la música sale de algunos de los foros. El Hombre Bala canta a los niños y parece que el asunto jala porque se oyen muchas risas. Libros y música. Qué buena manera de disfrutar el día del niño.

Por supuesto, los niños que recorren la feria van de la mano de sus papás. Muchos se ven con cara de: ¿y esto para qué es? Yo no quiero ir a la escuela en domingo.

¿Tu sabes para qué sirven los libros? Ésta es la gran pregunta que plantea Libros Misteriosos: ¿para qué sirve ese objeto misterioso que los adultos nos ponen enfrente y nos dicen que es importante, pero que muchas veces ni ellos pelan?

La pregunta se puede responder de varias maneras y eso es lo más chido de los libros.

Por ejemplo, se puede agarrar El libro que hace clap, de Madalena Matoso, un libro ruidoso, musical, sonidero.

Los libros son para jugar

Puedes avanzar otro poco, en el siguiente puesto, y ver que hay muchas editoriales, o sea empresas y grupos de personas que hacen libros, que te ofrecen una aventura como La isla de los perros (Libros del Zorro Rojo) de Aurore Callias, un cuento sobre una niña que vive en una isla con 30 perros y un día decide conocer a cada uno de ellos y ponerles nombre.

Los libros son para imaginarte que, en algún lugar lejano, tienes amigos. Hay otro tipo de usos para el libro. Existe un cuadernillo que se llama Una cita para comer, hecho por el gobierno de la Ciudad de México, que explica la manera más sana y sabrosa para comer.

Los libros sirven para aprender cosas útiles

De pronto, te topas con uno de esos libros misteriosos que el nombre de la feria promete. Se llama La IIíada y tiene una portada de lo más aburrida... bueno, quién sabe, ese guerrero con su casco y su flecha parece sacado de un cómic. Hace falta decirte que La Ilíada no es nada aburrida, es sobre una guerra que empezó por una historia de amor, hace muchos, muchos siglos en un país llamado Troya. Una historia bien vieja, pero tan buena que todavía se cuenta con emoción, como si fuera la mejor película jamás filmada.

Los libros sirven para viajar en el tiempo

¿Qué más se puede decir de los libros? Lubia Ricoy, que es la señora muy amable que atendía el puesto de la editorial Sexto Piso, dice: “Bueno, nosotros también fuimos niños”. Por nosotros se refiere a los adultos que andamos en la feria, pero también a lo señores que hacen esos libros. Por eso, Sexto Piso tiene versiones ilustradas y bien traducidas de esos que llaman clásicos.

Decirle clásico a un libro es casi matarlo, suena de lo más aburrido. Pero Lubia me enseña versiones ilustradas de El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald; Tom Sawyer, de Mark Twain y El jugador, de Fiodor  Dostoyevski y todos se ven de lo más ricos, tan ricos que dan ganas de devorarlos con palomitas o papas (o chocolates, tú sabrás) en la cama y no dormirse hasta acabarlo.

Los libros sirven para saber de la vida

Hay otros libros, menos llamativos, con papel menos brillante, pero que ojalá no hayas pasado de lado. Menarquía: mi primera menstruación es un libro editado por un grupo de feministas chilenas (Huertos Pirata, Ro Estudio, Naranja Gota de Luna y otros) que explica todo lo que necesitas saber sobre la menstruación, por qué a veces duele, cuándo te va a llegar, cómo conocer tu ciclo y también por qué nunca (pero nunca, nunca) debes sentirte sucia ni avergonzada por ella.

Hay libros que te enseñan a conocer tu cuerpo. Hay libros, como Los demonios de caca, de Fabienne Loodts (Tragaluz), que te enseñan a quererte por completo, todo tú, hasta esas partes raras y molestas que mientras creces vas descubriendo de ti mismo.

Hay otros libros que te permiten hablar con los muertos. Como Diálogos con Virginia Woolf, una gran escritora que murió hace mucho tiempo, pero que dejó palabras que vale la pena que conozcas.

A lo mejor no fuiste a Libros Misteriosos. No importa. Busca una librería o una biblioteca. Alguno de los libros que estaban en la feria estarán ahí, esperando por ti. Y otros y otros. Sé un detective. Resuelve el misterio.

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