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Ópera Porgy and Bess, pasó de panzazo
De entrada hay que saludar que el INBA haya tenido el buen tino de traer a México esta obra maestra de George Gershwin (con libreto de Du Bose Heyward e Ira Gershwin), la que se considera como la primera ópera estadunidense, que fuera estrenada en Boston en 1937, un par de años antes de la muerte del autor.
No, no es la mejor Porgy and Bess que hayamos visto; tampoco fue la más brillante interpretación de Summertime que hayamos escuchado. Y aunque en términos generales esta producción de Michael Capasso que presenciamos el sábado 2 de agosto en el Palacio de Bellas Artes careció de espectacularidad, voces famosas, gran vestuario y escenografía, se puede decir que fue decente la puesta en escena y que pasó de panzazo ante un público mexicano apapachador como pocos.
De entrada hay que saludar que el INBA haya tenido el buen tino de traer a México esta obra maestra de George Gershwin (con libreto de Du Bose Heyward e Ira Gershwin), la que se considera como la primera ópera estadunidense, que fuera estrenada en Boston en 1937, un par de años antes de la muerte del autor. El gran logro de Gershwin fue haber logrado la fusión de la tradición operística europea con la improvisación afroamericana: unió lo culto con lo popular, como lo hicieron Mozart o Verdi. De ahí su frescura y vitalidad. Un conjunto de estas piezas geniales dieron lugar a la famosa suite sinfónica Catfish Row.
La dirección de escena corrió a cargo de Charles Randolph-Wright, y la dirección concertadora fue de Pacien Mazzagatti. La verdad es que uno esperaba algo por lo menos semejante a las promesas que rodearon la llegada de esta obra. Nos hicimos a la idea de una ópera brillante, cuajada de negritud, de pasión, vitalidad y gracia: pero lo que vimos pareció más un trabajo final de High School.
Por eso decimos que pasó de panzazo. Y esto fue merced a algunas actuaciones brillantes y a varias voces extraordinarias, con ese timbre a maderas preciosas que sólo la población negra posee. Una maravilla el canto de Frederick Jackson (Porgy) y Brandie Sutton (Bess), quienes acapararon los aplausos de un público que este sábado no llenó la Sala principal del Palacio como en otras funciones.
Otra de las voces para recordar fue también la de Sabrina Carten (Maria), sobre todo en I hates yostruttinstyle, cuando persigue y regaña al vendedor de drogas que se coloca junto a su tienda para ofrecer cocaína. Pieza que le valió nutridos aplausos. Sequina DuBose (Clara) que interpretó el aria Summertime comenzó tensa con una voz que le salió arenosa en las primeras frases y con un abuso de emisión caprina en el resto de la pieza. Después DuBose compuso su participación. Otros cantantes como Robert Mack (Sportin`Life) aunque solventes y brillantes en algunas piezas fueron irregulares. De Mack debimos admirar su estilo para bailar, su actuación, aunque por momentos caricaturizó a su personaje.
La obra de Gershwin se ubica en Catfish Row, en Charleston, en South Caroline. Los reunidos aquí se hacen fuertes gracias a su comunidad, a su religión, a la fe en ellos mismos, y al asumir con decisión su negritud frente al mundo de los blancos. Viven de lo que pueden y como pueden.
EL AMOR, EN OTRA PARTE
El eje de la historia es el amor de Porgy por Bess, una prostituta amante de Crown. Porgy es un discapacitado que manifiesta lastimeramente que cuando Dios hace un lisiado /quiere que se quede solo. / Noche y día tiene que seguir su solitario camino. /
Después de muchas peripecias logra conquistar a Bess aprovechando que ésta se queda sola y sin casa. Pero se trata de un momento, de una tregua que le da la vida, para terminar perdiéndola porque al final de la obra (en una escena llena de dramatismo que los cantantes resolvieron bien y que el público apreció) Bess se va a Nueva York buscando una existencia más atractiva con dinero y drogas.
Entonces Porgy en vez de deprimirse y quedarse sentado, decide ir tras el amor de Bess sin siquiera saber dónde queda Nueva York. Creo que está allá en el norte , le dicen sus amigos mientras señalan una ubicación en el horizonte.
LAS PIFIAS
La escenografía es pobrísima. Se trata de dos módulos armados con tablas de desecho y puertas de persiana, de ésas para closet que venden en el supermercado. Según el libreto, la obra se debe iniciar con la interpretación de un blues, al piano, por Jasbo Brown, mientras una media docena de parejas bailan con ritmo hipnótico . La escena la tijeretearon.
El libreto también marca que Porgy debe entrar a escena a bordo de un carrito tirado por una cabra. Entendemos que si por poco no alcanza el dinero para escenografía, mucho menos para una cabra.
El vestuario está para llorar. También comprendemos que son pobres, pero aquí visten ropajes feísimos, en colores tristes, deprimentes; excepto Sportin`Life, quien al principio de la obra luce un trajecito lila muy llamativo, cuasi eléctrico.