Ya lo he dicho en otras ocasiones en el Garage, creo. Admiro a Nick Hornby a morir. ¿Sí se los había dicho? Mi triada de escritores: Francis Scott Fitzgerald, Virginia Woolf y en un tercer lugar no tan distante, Nick, mi querido Nick.

Christopher Domínguez Michael, el respetado aunque aburrido crítico literario ha dicho que aspira a la claridad discursiva de Jorge Luis Borges, de Octavio Paz. Nick Hornby es mi Borges, mi Paz. Yo quiero ser divertida como Hornby, e inteligente.

Habrá quien me diga que Hornby es pura superficie, nada de sustancia. Sea así. Como dice Alessandro Baricco en su ensayo Los bárbaros, pertenezco a una generación que es como un mosquito, moviéndonos de la tensión superficial de un cuerpo de agua a otro.

Pero la verdad es que no creo que Hornby sea superficial. La ligereza no tiene por qué ser sinónimo de frivolidad. Su primera novela, Alta fidelidad, revela cosas profundas de la psique masculina y lo hace sin darse su taco. Son hechos, ahí están, y nadie los había dicho con tanta claridad.

He leído casi todo lo que ha publicado Nick (¿puedo llamarlo Nick? Es que lo siento como mi amigo). De Alta fidelidad a Funny Girl (novela que, por cierto, me gustó poco), incluyendo sus guiones de cine (An education, Wild) y sus divertidísimas columnas en la revista Believer en las que hace reseñas de libros.

Stuff I’ve been reading se llama la columna y siempre comienza con dos listas: una de los libros que compró ese mes y la otra de los que sí pudo leer. Aceptémoslo: los libros son los mejor de esta vida , dice en una de sus primeras columnas.

Como buen bibliófilo, tiene más libros de los que puede leer. Mea culpa, Nick, yo también tengo una montaña de libros por leer . Y luego compro más. Pero es que con los libros es como ver aves raras: parpadeas y los pierdes. Un libro que quieres debes comprarlo en el acto, siempre que tengas el dinero.

Decía que he leído casi todo lo de Nick. Me faltaba un libro: Songbook. Publicado originalmente por McSweeney’s, la casa de la literatura independiente, después lo publicó en español Anagrama. Me quedé con ganas de tener la edición de McSweeney’s porque en aquella época (2002) yo era una adolescente sin dinero. Esa edición venía con un CD. Porque el libro es una colección de ensayos sobre canciones que han resonado emocionalmente en la vida de Nick.

Ahora que soy una adulta con un ingreso constante estuve buscando el libro. No lo tenían en Amazon, en mi amado Péndulo, y en Gandhi y el Sótano menos. Ni siquiera en español. Y eso que yo lo había visto decenas de veces. ¿Ven lo que les digo de los libros y las aves raras?

Afortunadamente un vendedor de Mercado Libre me lo vendió a un precio un tanto obsceno, pero era mi única opción.

Y aquí estoy, abriendo con un placer inconmensurable Songbook, aun cuando algunas de las selecciones de Nick me decepcionan. Por ejemplo, confiesa no ser un dylanólogo en modo alguno. No sé qué sentí en el pecho, mi corazón se brincó un latido. Oh, Nick, ¿por qué me haces eso? Bob Dylan es mi pastor, nada me faltará.

También viene un ensayo sobre I’m like a bird de Nelly Furtado. Ese disco de Nelly Furtado fue uno de mis favoritos por aquellos años. Nick dice que la canción le gusta pero no es verdaderamente entusiasta al respecto. El ensayo suena como si tuviera miedo de ser demasiado popero. ¿El rey de la crítica pop con miedo de ser popero? No lo creo y no quiero creerlo.

Lo que quiero decir es que, con placer o no, Songbook no es my cup of tea. Nunca pensé decir eso de un libro de mi Nick.

Pero como sea, lo recomiendo para todo melómano. Viene un texto precioso sobre Van Morrison y otro fantástico sobre Bruce Springsteen. Sigo leyendo, por supuesto. Siempre hay algo que aprenderle a Nick. Lo hace tan fácil. Ojalá todos los escritores tuvieran esa facilidad de ir a donde quieren ir sin dar giros pretenciosos e inútiles.

Salve, don Nick. Los que queremos escribir te saludamos.

oncepcion.moreno@eleconomista.mx