Un tesoro medieval valuado en cerca de 250 millones de dólares, con cruces doradas llenas de gemas y un intrincado trabajo en plata, está en medio de una disputa entre la fundación que supervisa los museos de Berlín y los herederos de unos corredores de arte judíos de la época del Holocausto.

El miércoles, una comisión creada por el gobierno alemán estuvo de acuerdo en hacer una recomendación sobre quién debería ser el propietario legal del tesoro conocido como Welfenschatz, o Tesoro de los Güelfos. Pero no tomó una decisión final.

Un funcionario del gobierno alemán dijo el miércoles por la tarde que se seguía analizando el caso.

"Se podría tener una recomendación en las próximas semanas", dijo el funcionario, quien habló bajo condición de permanecer en anonimato de acuerdo con las políticas de su departamento.

Los herederos afirman que sus ancestros no tuvieron otra opción más que vender las antigüedades cristianas en 1935 al gobierno nazi por menos de lo que valían.

La fundación que supervisa los museos de Berlín dice que los coleccionistas no estaban obligados a vender las piezas, argumentando, entre otras cosas, que la colección ni siquiera estaba en Alemania al momento de la venta.

La colección, que se ha exhibido en museos de Berlín desde comienzos de la década de 1960, es considerada la mayor de tesoros religiosos de la iglesia alemana en propiedad pública. Algunos expertos han estimado el valor de la colección de crucifijos de plata y oro, altares y otras reliquias, en entre 180 y 200 millones de euros (246 y 273 millones de dólares).

La cuestión de la propiedad de los coleccionistas llega en un momento delicado en Alemania, tras el descubrimiento de más de 1.400 piezas de arte en Múnich, en el apartamento del hijo de un corredor de arte que trabajó con los nazis.

Los descendientes de los propietarios judíos originales de algunas de esas piezas, que ahora viven en su mayoría en Israel y Estados Unidos, han criticado al gobierno alemán por no encontrar una solución rápida sobre cómo devolver las obras de arte y compensarlos por el tiempo que estuvieron sin ellas.

Y como si la tensión sobre el Welfenschatz no fuera suficiente, el gobierno israelí, en una medida muy poco común, se pronunció sobre el caso al escribir al gobierno alemán en septiembre para dejar en claro que está poniendo atención a la recomendación de la comisión.

En la carta, obtenida por The Associated Press, la ministra de cultura israelí Limor Livnat enfatizó "la gran importancia de este asunto para el pueblo judío en general y en particular para los sobrevivientes del Holocausto en Israel y el resto del mundo".

El Welfenschatz, que fue conformado durante siglos por la Catedral Braunschweig, incluye piezas destacadas de orfebrería de la Edad Media, entre las que sobresalen contenedores ornamentales en forma de catedrales usados para guardar reliquias cristianas. Muchas de las piezas de plata y oro están decoradas con joyas y perlas, algunas tienen más de 800 años.

Un consorcio de corredores de arte judíos de Frankfurt le compró en 1929 la colección, entonces de 82 piezas, al duque de Braunschweig. Con el surgimiento de la Gran Depresión no pudieron revenderlas tan rápida y costosamente como esperaban y a principios de la década de 1930 todavía eran dueños de la mitad de la colección.

Después de que Adolfo Hitler llegó al poder en 1933, la historia se complicó.

Lo que se discute es que los propietarios judíos vendieron las 42 piezas que les quedaban al estado de Prusia, que en ese momento era gobernado por el alto nazi Hermann Goering.

Los abogados de los herederos dijeron a AP que los corredores de arte tuvieron que vender el tesoro a un precio mucho más bajo de su valor porque vivían bajo una enorme presión, expuestos diariamente a los horrores del régimen nazi.

"Esos corredores judíos enfrentaban una crisis de una magnitud que no podemos comprender", dijo el abogado de Nueva York Mel Urbach, quien representa a los herederos junto con el abogado alemán Markus Stoetzel. "La gente, quienes sufrieron el primer terror, desaparecía por mucho menos que una colección de arte. Pero los nazis la querían".

En este caso los abogados dicen que su investigación muestra que Goering tenía un interés especial por el tesoro porque planeaba dárselo a Hitler como regalo.

"Estos no eran sólo nazis, estamos hablando de los mismísimos Goering y Hitler", dijo Urbach.