Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha no eran personas asiduas a la moda, no eran seguidores ni portadores de lujosas marcas, a simple vista.

Yo soy fiel seguidora de la moda, mas no portadora de la misma, me apasiona documentarme sobre las tendencias, diseñadores y textiles. La literatura predilecta para mi mundo es la de Gabo, realismo mágico que me ha hecho sentir emociones intensas cada que me dispongo a leer sus libros y que me ha enseñado a crear escenas a través de las letras, cada que escribo. 

Conocer el guardarropa de un personaje histórico y poder leerlo a través de algo tan personal como lo es su clóset es algo que me entusiasmó muchísimo. Pienso que mi abuela, María Meléndez, me inculcó esto de la fascinación por la ropa y de leer a las personas por la manera en la que se visten.

Tenía deseo por entrar al clóset de Los Gabos, más allá de poderme comprar algo o no, quería vivir la experiencia de poder ver algo tan íntimo como es el guardarropa del Premio Nobel de Literatura (1982) y de su esposa. Deseaba en voz bajita en mi cabeza y digo en voz bajita, porque no quería tener la decepción de no haber acudido; el hecho de poder salir de esa venta de garage con un saco y poder usarlo, o sino con un pañuelo o unos pares de zapatos o una pluma y dejarlos en mi librero junto a mis libros de Gabriel García Márquez

¿Se imaginan?...Yo con esa escena en mi memoria ya estaba alucinada. Literal sentía el mariposeo en la barriga.

La casa ubicada en el Pedregal, en la calle de Fuego, está llena de buganvilias moradas en su fachada, con un jardín en tono verde intenso, y con un árbol que tiene orquídeas incrustadas. Este árbol es quien viste la enorme pared del jardín que tiene el letrero de “Plaza de Gabriel Garcia Márquez 1927-2914, hombre de letras colombianas, Premio Nobel de Literatura”, una pared emblemática. Afortunada fui en tomarme una foto ahí. 

Al fondo se encontraba el estudio de Gabo con su computadora IMac G3, fueron mi primer cuadro visual para después encontrarme con su nieta Emilia García, quién me dio la bienvenida a un salón pequeño donde estaba la ropa de Los Gabos.

Foto EE: Isamar Escobar

Ya había pocas cosas, lo que había visto en fotos de personas que ya habían acudido en comparación con lo que encontré ya era distinta, se notaba que era el último día.

Me fui directo a los sacos, todo era de precio alto, que si hubiera tenido el dinero sin pensarlo dos veces lo compro, además la venta se hizo por una buena causa. El 100% de las ganancias son para la Fundación FISANIN, esta organización es dirigida por la actriz Ofelia Medina, y está enfocada en combatir la desnutrición en los estados de Guerrero y Chiapas. La nieta de Los Gabos, Emilia, y la actriz Ofelia, hicieron equipo para apoyar esta causa. 

Me seguí adentrando y vi las medias empaquetadas de la colección ”Brillantes Christian Dior 1988”, en una canasta, no tenían precio, y le pregunté al señor que estaba acomodando y cuidando de cierta forma las piezas. Por pura curiosidad.

Foto EE: Isamar Escobar

Seguí buscando y cada vez me intrigaba más la forma en la que se componía su clóset.

Agarré un bolso de bordado chiapaneco en tonos rojos con borlas rosas fluorescentes, y Genovevo, el señor que ahí estaba rondando me dijo “llévatela, está bien bonita, a la señora le gustaba mucho comprarse ese tipo de bolsas”... y le dije ¿si, le contaron?... “No, yo soy su chofer de toda la vida”, me respondió.

Foto EE: Isamar Escobar

En ese momento empecé a maquilar un millón de preguntas pero Genoveno Quiróz a quien Gabo llamaba su asistente, marcó el ritmo y me dispuse a escuchar con todos mi sentidos, estaba atenta a los olores, era un aroma maderoso el que tenía impregnada la ropa, toda estaba perfectamente limpia, el clima era frio, las texturas de la mayoría de la ropa era, seda, lino y popelina. Le hice ese comentario a Genovevo y me dijo “Sí, les gustaba andar muy frescos”.

Inspeccionando cada prenda, me encontré con que Barcha compraba todo lo que sacaba la firma Marina Rinaldi. Esta firma es una marca de ropa italiana para mujeres de tallas grandes y no es que Mercedes fuera robusta, aunque puedo percibir que era una mujer muy grande, alta. Sus zapatos eran del 6 y medio y 7, y haciendo memoria con las fotos que tienen la pareja pude concluir que de esa manera se acomodan en las fotos para ella no lucir tan grande a lado del Gabo, que también considero que no era tan pequeño. Los sacos eran tallas 40 en promedio.

Foto EE: Isamar Escobar

Las bolsas que aún estaban a la venta eran tres Louis Vuitton, una Guess y las demás, unas cuatro sin marca reconocible, pero eran bolsos pequeños de mano bastante usados pero en buenas condiciones. Había gabardinas, huipiles, blusas de botones y unos 7 pares de zapatillas.

También pude deducir que: a Gabo le gustaban los maletines Louis Vuitton, los sacos confeccionados a su medida y los mocasínes ya bien amoldados a la forma de su pie. Uno que otro botín se veía usado, todos perfectamente cuidados. Era de camisas color claro, blancas, beige, rosas, azules, una que otra en color negro, le gustaba traer pañuelos en sus sacos.

Foto EE: Isamar Escobar

Genovevo y yo estábamos de un lado para otro dentro de este salón dónde se pusieron las prendas para vender. El hombre de aproximadamente 60 años, me contó sobre su trabajo con los señores de la casa (Mercedes y Gabo), ambos estábamos emocionados, y me dirigió a uno de los cuatro percheros de sacos y abrió uno.“¡Ahí estaba un plumón!, así los dejaba en sus sacos”, me enseñó que se quedó ese saco con todo y su tradicional Sharpie que cargaba el Nobel de literatura.

Foto EE: Isamar Escobar

Le pregunté por el precio de los zapatos más usados que vi, porque Genovevo es quién daba el precio y si no lo sabía iba con Emilia, la nieta y ella le recordaba el precio. Pero de lo caro e inalcanzable que estaba ese par de zapatos de marca Beefar, mi memoria bloqueó la cantidad y no la recuerdo pero no quise dejar pasar la oportunidad y tomarle foto hasta la suela. Estaba muy desgastada y entre risas me dijo Genovevo “¡Uy, esos eran de sus favoritos!” y le dije sí se ve.

Foto EE: Isamar Escobar

Seguido de los zapatos —que moría porque estuvieran en mi librero—, fui a ver a detalle el vestido de gala color verde esmeralda con hojas negras que usó Mercedes Barcha cuando le entregaron el premio Nobel a Gabo.

Foto EE: Isamar Escobar

Tenía una hora para hacer el recorrido, de 4 a 5 era la cita pero dieron las 6 de la tarde y yo seguía ahí, con mi guía que hasta la fecha orgullosamente se presenta como su chofer de Don Gabo, viendo la ropa y finalmente elegí un vestido camisero de lino negro de la firma Marina Rinaldi. No quería salir de ahí sin algo. Ese vestido realmente me gustó y más allá de usarlo o no, me gusta coleccionar cosas que son icónicas en mi mundo y que a veces también lo son para el mundo en general.

Ahora puedo presumir que tengo un Rinaldi que usó Mercedes Barcha y yo.

Genovevo, cuando vio que me medí el vestido a ojo de buen cubero y viéndome en el espejo ovalado de latón que estaba al fondo del salón donde estaba la ropa me dijo: ¡Ese lo usó mucho la señora cuando se iban de vacaciones, es muy fresco y elegante, creo que hasta lo usó para desayunar al otro día después de que le dieron el premio Nobel al señor!

Y dijeran, será el sereno, pero con toda la emoción y más con lo que me dijo Genovevo, me lo traje ahora para mi clóset. Es un vestido camisero muy sencillo pero muy lindo, sus botones son de concha nacar, es de manga corta. 

Ahora quien lleva la administración tanto de la casa como de la venta de garage es Mónica, la secretaría de Gabo, que aún sigue laborando para la familia como lo hace Genovevo.

Emilia García Elizondo, su nieta, sentada en el jardín, se levantó y se fue a despedir de Mónica, que estaba en la biblioteca de Gabo, “Adiós Moni, voy a ver a mi madre, ya no vendrá nadie”, dijo Emilia.

Mónica, sentada frente a la computadora en la biblioteca de la casa —ahí era donde estaban haciendo el cobro— la despidió.

Genovevo seguía dándome el recorrido, mostrándome los libros que entre ellos había separadores y que los usaba de consulta García Márquez. Las paredes blancas divididas con repisas que formaban un enorme librero de tres metros de altura y con 8 metros de largo repletas de sus libros y entre ellos fotografías y ahora la ofrenda de la pareja que a los cuatro vientos se sabe se amaron profundamente.

Foto EE: Isamar Escobar

Había libros de: Juan Rulfo, Kundera, Nikos Kazantzakis, de Freud, Jostein Gaader, Ivo Andric, Sándor Márai, por mencionar a algunos autores. Las repisas estaban repletas de literatura, de un Don Quijote de la Mancha en diferentes presentaciones, de enciclopedias mundiales y de coffee tables books de fotografías de la historia de México. 

En una mesa dentro de su biblioteca tiene un jardín zen, con 19 piedritas y en cada piedrita le escribió el título y el año de sus libros. ¡Qué joya!

Foto EE: Isamar Escobar

Los trabajadores, al hablar de Mercedes Barcha y de Gabriel Garcia Márquez, se llenan de orgullo, y expresan el carisma que tenía la pareja. Un cuadro enorme de Gabo con sus nietos dentro de la biblioteca se puede apreciar en una pared blanca iluminada. 

Al momento que vieron detenerme en el cuadro me confiaron: “Son sus nietos, su adoración y mira, en este sillón se sentaba cuando necesitaba un respiro para continuar escribiendo o se sentaba a platicar con nosotros”. La cabeza del Nobel de Literatura quedó marcada en la piel del sillón, se ve que lo usaba y se recargaba viendo hacía el techo. 

Foto EE: Isamar Escobar

“¿Te llevas este vestido?”, me preguntó Mónica y le dije que sí y aproveché para preguntarle sobre la cantidad de personas que iban por día. ¡No sé decirte, pero todos los días hubo gente, los fines de semana no, pero si se han vendido muchas cosas”.

Fueron 400 piezas que se pusieron a la venta de las cuales aún quedó el 20% de ellas dentro de la casa que habitó la pareja y que ya quedó sin alguno de ellos, Mercedes murió en el 20 de agosto del 2020 y Gabriel García Márquez murió el 14 de agosto del 2014. Ahora será Casa de la Literatura García Márquez

Foto EE: Isamar Escobar

“¿A qué te dedicas y de dónde vienes?”, me preguntaron, les dije que era periodista y que vivía en la Ciudad de México y a lo que contestaron “Ah, es que vino mucha gente de fuera”.

Me despedí de ellos y me acompañó Genovevo a la puerta, “entonces, ¿eres periodista?” Le dije sonriendo bajo mi cubrebocas que sí y que me daba mucha emoción haber presenciado lo que acababa de vivir. Genovevo recordó que García Márquez también era periodista y me contó de los periódicos que le llegaban Don Gabo. Los leía en su cuarto, y con la mirada hacía la habitación comenzó a enlistar los diarios: “El Universal, El País, La Jornada, El Economista… se los echaba todos”. Volvimos a reír y nos despedimos.

Fue desde 1974 que la pareja habitó esta casa en el Pedregal, y aquí fue dónde realizó la mayoría de sus títulos de literarios. Entre su habitación, su oficina y la biblioteca según su gente de confianza eran los lugares donde el premio Nobel, escribía las páginas de sus libros.

No fui la primera en ir pero sí la última en haber estado dentro de la casa de los Gabos de manera privada, bien dicen que no hay periodista sin suerte.

kg