El Premio Nobel de Química 1995, Mario Molina, falleció este miércoles 7 de octubre, a los 77 años de edad, confirmó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La Máxima Casa de Estudios lamentó el deceso del científico mexicano a través de sus redes sociales. También lo hicieron integrantes de El Colegio Nacional, del que era miembro desde el 2003.

Su alma mater lo definió como “universitario excepcional que vistió de gloria a la ciencia mexicana y uno de los pocos científicos que han logrado que sus investigaciones se traduzcan en políticas públicas a nivel global”.

“Con profundo dolor, comunicamos el fallecimiento del doctor José Mario Molina Pasquel Henríquez acaecido el día de hoy en la Ciudad de México”, así lo dio a conocer en un comunicado el Centro que lleva su nombre y donde el científico mexicano concentró su trabajo hasta sus últimos días en la búsqueda de soluciones a los problemas relacionados con la protección del medio ambiente, el uso de la energía, la prevención del cambio climático y oponiéndose a la extinción de los fideicomisos científicos, lo que calificó como un “error garrafal”.

Mario Molina nació el 19 de marzo de 1943, fue un ingeniero químico mexicano egresado de la UNAM, destacado por ser uno de los descubridores de las causas del agujero de ozono antártico y recibió junto con Paul J. Crutzen y Frank Sherwood Rowland, el Premio Nobel de Química de 1995 por su papel para la dilucidación de la amenaza a la capa de ozono de la Tierra por parte de los gases de cloro, bromo, dióxido de carbono, entre otros.

Más de una docena de universidades de México y el extranjero le concedieron el  doctorado honoris causa: UNAM, Yale, Harvard, IPN, entre otras.

“Esto es lamentable para la ciencia mundial y nacional, porque además el doctor Molina, quien incluso hace tres meses lo pudimos escuchar en una charla en el Instituto de Biotecnología, era un activista muy asiduo de todo lo relacionado con cambio climático, medio ambiente y política científica, él era muy cuidadoso en tratar de explicarnos los grandes ejes y cómo es que teníamos que seguir haciendo mucha investigación básica, pero que convergiera con las cuestiones científicas”, dijo a El Economista el doctor Félix Recillas Targa, director del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

“A mí me da una profunda tristeza porque lo conocíamos, era un buen colega, amigo de la universidad, de la facultad y ayudó mucho a su institución educativa para incorporar recursos y nuevas políticas en cuestiones filantrópicas. Es una triste historia para nuestro país. Una terrible coincidencia en el mismo día en que se anuncian los premios Nobel de Química”.

Su esposa, hijos y hermanos agradecieron las muestras de cariño y pensamientos en estos difíciles momentos, también el canciller Marcelo Ebrard y la jefa de gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum, manifestaron su pesar por el acontecimiento.

Dos efemérides quedarán asociadas a su deceso: la concesión del Premio Nobel de Química 2020 a Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, y el día en el que la Cámara de Diputados extinguió los fideicomisos para ciencia, tecnología e innovación, y el Fondo para el Cambio Climático, de los que Mario Molina fue defensor férreo y por los que abogó ante la Comisión de Ciencia de la Cámara Baja, apenas en junio pasado: “México tiene la oportunidad de participar más en ese esfuerzo internacional de conectarse con la pandemia y ayudar a resolver el problema, desde vacunas y tratamientos, pero eso requiere no bajar la inversión a la ciencia, sino al revés. No es buena excusa que haya habido científicos que se aprovechen de los recursos y no los hayan usado bien. Bueno, siempre va haber problemas de ese tipo. Eso no justifica quitar todo el presupuesto importante a la ciencia, eso es realmente un error garrafal”, señaló el Nobel.

nelly.toche@eleconomista.mx