La anécdota del falso Leduc, como muchas otras -la del falso balazo de Pancho Villa en el Bar La Ópera o la del chino que apostó y perdió a su mujer en un garito de la Calle de Dolores-, gusta relatarla Arturo Trejo Villafuerte, quien; sin embargo, no la menciona en su libro La esponja y la lanza, capítulo Por siempre Renato (Leduc, 1897-1986) . No obstante, en Por siempre Leduc, capítulo Renato y la bohemia , de José Ramón Garmabella, el propio Leduc da cuenta en un breve bosquejo, de la impostura que sufrió a causa de su fama.

La historia, mitad ficción, mitad realidad, como todo buen relato que al paso de los lustros se convierte en leyenda, sucedió años después de que Leduc escribiera su más célebre soneto, Tiempo , ése que en una de sus partes dice Sabia virtud de conocer el tiempo;/ a tiempo amar y desatarse a tiempo;/ como dice el refrán: dar tiempo al tiempo.../ que de amor y dolor alivia el tiempo... , que sustituyó en las fiestas de barriada y cantinas de mala y buena muerte al Brindis del bohemio , de Guillermo Aguirre Fierro, y al mismísimo Romancero sonámbulo , de Federico García Lorca, versos (los de don Renato) que alcanzan el reconocimiento en la década de los 70, cuando los musicaliza Rubén Fuentes y los graban al alimón Marco Antonio Muñiz y José José.

Así, si otrora los recitadores profesionales y amateurs no salían de aquello de En torno de una mesa de cantina,/ una noche de invierno,/ regocijadamente departían/ seis alegres bohemios... o Verde que te quiero verde./ Verde viento. Verdes ramas./ El barco sobre la mar/ y el caballo en las montañas... , ahora, eso de Amar queriendo como en otro tiempo;/ -ignoraba yo aún que el tiempo es oro-/ cuánto tiempo perdí -ay- cuánto tiempo... , además de Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,/ amor de aquellos tiempos, cómo añoro/ la dicha inicua de perder el tiempo... se convirtió en pieza fundamental no sólo para recitar, sino para ser cantada por esos tríos de cantina que a veces son dúos y, a veces, cuartetos o quintetos.

El hecho es que en una ocasión en la que Renato Leduc y sus amigos y discípulos fueron a la cantina La Noche Buena -que se ubicaba en la esquina de Luis Moya e Independencia-, el también llamado Gran Jefe Pluma Blanca se encontró a otro Gran Jefe Pluma Blanca haciéndose pasar por él y recitando Tiempo a cambio de unos tragos.

De esta manera, cuando el falso Leduc se percató de la presencia del verdadero don Renato -casi siempre vestido con un impecable traje gris plomo y camisa blanca almidonada-, el impostor le ofreció una disculpa, pero también le suplicó que se fuera a otro abrevadero, pues en éste, La Noche Buena, era en el único lugar donde él (el espurio Renato) podía ser Leduc y ganarse unas cuantas copas, en tanto que Renato Leduc era Renato Leduc en todas partes.

Al parecer, a don Renato le divirtió la idea de que hubiera otro Renato -aunque sin el don- vagando, recitando y viviendo de golfo, cual fantasma, en dicho bebedero, de modo que, junto con sus amigos y discípulos, se fue a emborrachar a otro lado y, como dice el refrán: dar tiempo al tiempo , ese recitador de Tiempo se volvió famoso gracias a la fama de otro, quien nunca dejó de mal hablar -según su costumbre de escritor y periodista mal hablado- del impostor, por lo que hoy se sabe que su nombre era Sergio, su apellido, Híjar, y su singularidad eterna: ser el falso Renato Leduc de la cantina La Noche Buena.