Para el director Martín Acosta, la obra de August Strindberg, Señorita Julia, escrita en 1889, tiene mucha vigencia en cuanto a la reflexión sobre el papel la mujer: “El tema tiene muchas vertientes. En el caso del personaje de Julia, lo que me parece atractivo es que sea mal vista porque elige un compañero sexual y es fabuloso que ella ejerza este derecho en pleno siglo XIX”.

Señorita Julia, dirigida por Acosta, cuenta con las actuaciones de Cassandra Ciangherotti, Rodrigo Virago y Xóchitl Galindres. La historia que gira en torno a Julia, una mujer aristócrata, hija de un conde, quien decide escapar de su vida por unos momentos y “rozarse” con los sirvientes. Es en este viaje en donde se encuentra con su criado Juan y con la cocinera Christina, con quienes confrontará su visión de la vida.

“Hay dos cuestiones en la obra: la guerra de los sexos y las clases sociales, fue algo que a Strindberg le importó mucho a lo largo de su vida. La obra presenta ciertos conceptos morales y éticos que han evolucionado por otro lado, por lo que es un material atractivo para develar las cosas que creemos que están resueltas en nuestra sociedad y nos permite reflexionar de otro modo”.

“El problema gira en torno a la burguesía. Es decir, el problema de Julia no es que sea mujer sino que es una mujer burguesa y eso no le permite ver de otra manera las necesidades que tiene. Y en ese sentido, el concepto está muy claro, como dijo Pasolini, la burguesía no es una clase social, es una enfermedad. Señorita Julia no fue representada hasta entrado el siglo XX. Fue censurada y se le quitaron partes, porque había valores muy arraigados sobre lo que debía ser el hombre y la mujer (...) y hay atavismos que ahí se quedaron”, nos dice el director.

La acción se desarrolla en una especie de siglo XIX onírico; es decir, es un espacio que evoca a esta época, pero no es un escenario realista: “La idea es que fuera como un cuento de terror del siglo XIX. Hay elementos contemporáneos, pero no hay fogón ni estufa que se supone que debían estar en una cocina de la época, pero hay otros elementos que se suman a lo exuberante y lo simbólico. Buscamos un naturalismo, pero no atrapado en realismo y así no tener que justificarlo todo”, agregó el director.

Sobre el personaje de Juan, Martín Acosta considera que tiene una gran virtud, él quiere mejorar y salir de la clase social; además, es un hombre trabajador que no desea que le regalen nada; quiere un espacio para poder crecer y sueña con un hotel en Suiza. Sin embargo, ante la tentación, ve a Julia como un objeto. Ella está enamorada de él y éste aprovecha la oportunidad: “No me atrevería a juzgarlo. El tiene una oportunidad y la toma. Y esto también está lleno de prejuicios y ves que ambos personajes, en vez de ayudarse, se ponen el pie y fracasan y no hay nada más atractivo para el teatro que esto. En las obras de Shakespeare nos gusta que las cosas salgan mal. Es el principio del conflicto. Los finales felices son para Hollywood”, comentó Acosta.

Sobre el tercer personaje de la obra, Christina, el cual funge como guía moral, el director comentó que hoy en día es una guía moral detestable porque es muy religiosa, y entre otras cosas, tiene este concepto de que el rico es malo y el pobre es bueno, así que para ella los ricos nunca irán al cielo: “Es una moralidad que se ha rebasado. Y es muy absurda porque debe vivir haciendo pequeñas trampas, su moralidad es cuestionable. Y eso es lo interesante, los personajes no tienen la verdad absoluta, los personajes tienen que ser falibles y frágiles”.

Señorita Julia se presenta todos los miércoles y jueves a las 8:45 de la noche en el Teatro Milán, hasta el 27 de septiembre.

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