“Cuando le das la oportunidad a un niño de ser científico por un día, rompes los tabúes de que la ciencia es solo para muy pocos. Es compartirles que ellos también se pueden dedicar a esto y contribuir al desarrollo de su país, les puedes cambiar la vida”, asegura Alejandra Menache, gerente de sustentabilidad de Bayer, al hablar de Baylab, proyecto que trata de acercar la ciencia a los más pequeños y que durante la pandemia modificó su oferta.

El concepto de Baylab surge en Alemania en 1998 y llegó a México en 2010 en diferentes formatos. Con apoyo al profesorado, con talleres especiales, campamentos STEAM dentro del Universum Museo de las Ciencias de la UNAM y con laboratorios científicos dentro del Papalote Museo del Niño. Por poco más de una década, más de 200,000 niños y 170,000 adultos habían tenido acceso a estas experiencias, pero la Covid-19 impuso nuevos retos.  

Los talleres estaban totalmente definidos y consolidados, pero la pandemia hizo que este programa se extendiera a la vida digital a través de plataformas como Youtube, Instagram y Tik Tok.  La encargada del programa, Rosanna Peto Cabrera, comparte: “con los años de experiencia, instrucción y capacitación, sabíamos que Baylab más que nunca tenía que continuar, la gente requería de apoyo, queríamos entretenimiento pero con contenido para los niños, con experimentos y herramientas que, sabíamos, funcionarían para esta dinámica”. 

Un equipo de diseño gráfico apoyó en la creación del material. “Queríamos dar acceso a experiencias cortas y atractivas, con experimentos caseros, promoviendo la parte de seguridad, pero añadiendo efemérides, datos curiosos y pistas para promover la acción”. 

Los creadores de esta nueva aventura para Baylab aseguran que han tenido muy buena recepción por parte de la comunidad, porque además puede ser una herramienta importante para los profesores y padres de familia, sobre todo ahora que estamos en casa y en periodo vacacional, con el constante acompañamiento a los chicos. 

La esencia del proyecto

Promover la ciencia a través de la educación y creando experiencias para niños desde primaria ha sido una tarea pendiente en México. Pocos son los esfuerzos de esta naturaleza, por eso a través de temáticas relacionadas con salud, alimentación, química, física, medio ambiente, sustentabilidad, todo dentro de la vida cotidiana, se busca generar un acercamiento afortunado. 

“Nosotros queríamos que las personas tocaran, vivieran la ciencia”,  pero, ¿cómo explicar algo complicado en breves pasos, llamativos y sencillos?, que pareciera un juego y al final, sin que se dieran cuenta, supieran que estaban haciendo ciencia. Este fue el reto del equipo que comenzó en el Papalote Museo del Niño con experimentos para  generar, por ejemplo, nubes embotelladas y lluvia dentro de un vaso. “La satisfacción y asombro para todos contagió y empezó a desarrollar en nosotros una forma de explicar temas tan sencillos como por qué se caen las hojas de los árboles y dejar las teorías en los libros”, dice Peto Cabrera.

Por su parte, Jorge Luis Pech, también encargado del proyecto,  está convencido de que la educación STEM es algo que nos puede ayudar sobre todo a solucionar las problemáticas de hoy. A la par, la curiosidad de los niños es algo tan universal como sonreír y saludar, que esta sinergia entre niños y la ciencia se dio de una manera muy orgánica. 

El Papalote era el lugar ideal. Incluso su lema Toca, juega y aprende quedaba perfecto para el cometido. “Desde la concepción se pensó en especialistas para garantizar que el concepto no se desvirtuara, pero se requería de guías para llevar las experiencias”.

El modelo que se usa entonces es constructivista: va de lo general a lo particular, con un proceso lógico, siempre con la idea de que se vaya construyendo el conocimiento a partir de observar, tocar y experimentar, para al final llegar a una conclusión. “La motivación de lograr el resultado por sí solo empodera a cualquier niño, lo hace confiar en que es capaz de todo”.

El proyecto digital de Baylab se quedará de manera permanente pero con la esperanza de que la experiencia se pueda completar muy pronto con los laboratorios en vivo dentro de los museos, ya que Papalote ha anunciado su reapertura a partir del 11 de septiembre. 

“La tecnología es una herramienta que nos permitió expandirnos, incluso ahora se piensa en muchas más colaboraciones con escuelas primarias, con un padrón de casi 25 millones de alumnos, hay todavía mucho que hacer y estamos convencidos de que las experiencias presenciales se podrán complementar con lo virtual (...) en tanto las condiciones de seguridad y salud lo permitan, estaremos regresando a las instalaciones, tratando de seguir impactando en la vida de niños, padres y profesores, ahora complementados con una parte digital”, concluye Menache.

nelly.toche@eleconomista.mx