Con todo lo buena que pueda ser, que es bastante, y con todo lo exitosa, la película Los juegos del hambre ciertamente se queda bastante atrás del magnífico libro de Suzanne Collins.

Y no sólo eso, la cinta comete algunos errores que se pueden llamar traiciones, pues van francamente en contra del espíritu de los personajes y el distópico mundo inventado por la escritora.

He aquí algunos de los más notables, por orden de aparición.

La chamarra y la sudadera. Los distritos periféricos, y la mayoría de sus habitantes, son escandalosamente pobres, en especial a partir del número 5. Así que la chamarra con la que nuestra heroína Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence, magnífica salvo porque se ve bien alimentada) se va a cazar al inicio de la cinta está definitivamente por encima de las posibilidades de su dueña, a pesar de que se ve usada. Lo mismo se puede decir de la sudadera de su amigo Gale.

El venado y la broma. En el libro, si a Gale se le hubiera ocurrido, a manera de broma, espantarle un venado a Katniss, probablemente hubiera muerto con una flecha en el corazón. Para la joven cazadora, acostumbrada a los magros conejos y las ardillas, un venado podría significar una buena dosis de bienestar para su familia y, sobre todo, la seguridad de no tener que incluir más veces su propio nombre o el de su hermana Primrose en el sorteo de los mortales juegos.

El amor y la lucha. Desde el inicio de la película, parece haber un romance entre Katniss y Gale, cuando en el libro ella no piensa en la posibilidad de un amor romántico hasta que está a mitad de los juegos. De hecho, uno de los principales puntos de interés del libro es cómo la vida dura de Katniss la ha hecho pragmática y muy ruda, tiene una coraza que el amor que le manifiesta Peeta, en las circunstancias aun más duras de los juegos, parece debilitar. Pero ¿sólo lo parece?

La comida y el hambre. Para Katniss, en el libro, ser un tributo en los Juegos del Hambre tiene una única pero gran ventaja: la comida. Acostumbrada a las raciones minúsculas y a los alimentos en no muy buen estado, Katniss disfruta enormemente los manjares que se le dan desde que sube al tren (de hecho no suena coherente en el libro que conozca todos los ingredientes). Sin embargo, en la película casi no la vemos comer ni tener interés alguno en la comida.

La edad y los cachetes. La escena que Katniss recuerda de cuando Peeta le arrojó un pan es fundamental, pero ocurre cuando son niños, bastantes años antes de que entren a los juegos, y ella está, literalmente y sin exageración, al borde de la muerte por inanición (no es raro que la gente muera de hambre en plena calle en el distrito 12). Peeta le salva la vida. Pero en la cinta, en esa escena no sólo son un par de adolescentes, sino que Katniss tiene unos lozanos y regordetes cachetes y nomás se ve triste.

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