El confinamiento del Covid-19 lanzó a sus hogares a millones de estudiantes universitarios en el mundo y se aceleraron las tendencias en la educación en línea.

En el caso del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Universidad Jesuita de Guadalajara en tan sólo tres días migraron más de 2,700 cursos a la modalidad virtual.

“Hemos puesto como prioridad el cuidado de su comunidad universitaria y por ello, realizamos ajustes constantes para que nuestros estudiantes reciban en todo momento educación de calidad. Continuamente mejoramos nuestras plataformas y servicios digitales para que tanto los estudiantes como los docentes tengan una experiencia educativa que propicie el aprendizaje. A pesar del difícil panorama, las evaluaciones de los cursos hechas por el alumnado muestran una satisfacción de 84% con el nuevo modelo educativo”, mencionó en entrevista exclusiva con El Economista, Luis Arriaga Valenzuela, Rector del ITESO desde el 2018.

Estrategias a seguir

Las múltiples crisis actuales - sanitaria, económica y social que se viven actualmente ha obligado a establecer estrategias para mantener a flote la Universidad y todo lo que conlleva.

Desde marzo, se propusieron mantener los empleos de todo el personal. “Hemos reducido nuestros gastos y somos cuidadosos de la salud financiera de la institución”, así lo comentó Arriaga.

“Decidimos aplicar descuentos en las colegiaturas de abril, mayo y el verano, y no incrementarlas en el semestre de otoño. Se condonaron intereses de créditos educativos y se creó, con donaciones de estudiantes, personal y otros benefactores, un Fondo de apoyo especial enfocado en estudiantes en situaciones económicas comprometidas”.

Insistió en que cuando sea el momento oportuno para reanudar actividades, lo puedan hacer con las mayores garantías de seguridad.

“Hemos adaptado programas de acompañamiento académico, psicológico y espiritual, así como actividades extracurriculares virtuales de cultura, actividad física y alimentación saludable para que nuestra comunidad universitaria sienta al ITESO cerca aun desde casa”, dijo Arriaga, quien tiene un doctorado en Educación para la Justicia Social, egresado de la Universidad Loyola Marymount, en Los Ángeles, California.

Mensaje a estudiantes

La juventud es una de las etapas más importantes de la vida. En ella se toman decisiones fundamentales que conformarán el proyecto de vida en que cada uno desee desarrollarse. Sin duda, puede ser un periodo de confusión y angustia. La realidad del mundo en el que a los jóvenes de hoy les ha tocado vivir presenta complejos desafíos.

La incertidumbre y precariedad laboral, las relaciones en la era digital, la crisis climática, el crecimiento de la violencia y la polarización social son algunos ejemplos.

Todo ello hace que sea complicado encontrar un proyecto propio con el cual sentirse realizado, así lo dijo Arriaga.

“Los jóvenes son el camino y la cara de la esperanza. Son ellos los que pueden construir una nueva realidad: una en la que el cuidado de la Casa común sea una prioridad. Una vida centrada en la dignidad y el respeto a los derechos de todas las personas y no en el beneficio económico. Los jóvenes son quienes pueden pensar nuevas respuestas y alternativas para comprender este cambio de época que vivimos.

“Son sus voces las que debemos escuchar. Comparto la convicción expresada en las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús: la profunda convicción de que los jóvenes son los principales protagonistas de la transformación antropológica que se viene generando a través de la cultura digital propia de nuestro tiempo y que abre a la humanidad a una nueva época. En medio de toda esta transformación los jóvenes son los portadores de una nueva forma de vida que puede alumbrarnos los posibles caminos hacia la justicia, la verdad y la paz. El reto de las universidades es acompañarlos en este andar. Se trata de escuchar sus propuestas y aprender de la fuerza de sus movilizaciones. Se trata de aprender junto con ellos y de construir –mano a mano– nuevas y mejores formas de relacionarnos”.

Tendencias

Arriaga Valenzuela, quien es también presidente de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), dijo que la llegada de la pandemia cuestiona los modelos educativos tradicionales. “Las brechas de desigualdad educativa se evidenciaron y acentuaron, pues el acceso y el uso de las tecnologías pasó, de repente, a primer plano en la labor docente”.

Consideró que este tiempo de crisis e incertidumbre es el momento propicio para que las universidades repiensen su labor en la sociedad. “Las universidades tenemos un papel indispensable en las comunidades de las que forman parte. No se trata únicamente de que éstas se pregunten cómo transitar hacia la educación a distancia; sino, sobre todo, de pensar cómo poner recursos y tiempo para hacer investigación científica para enfrentar la pandemia y las desigualdades tan arraigadas en nuestra organización económica y social”.

Proyectos sociales

El ITESO, la Universidad jesuita de Guadalajara con más de 60 años de historia, pertenece al Sistema Universitario Jesuita de México y al conjunto formado por las más de 200 universidades jesuitas en el mundo. Tiene como una de sus metas formar profesionales conscientes, competentes, compasivos y comprometidos, dispuestos a poner su ser y su quehacer al servicio de la sociedad.

Y desde el comienzo de la crisis sanitaria han trabajado en varios proyectos de intervención social relacionados con el Covid-19. “Entre ellos, tenemos el desarrollo de un cubrebocas incluyente, que permite leer los labios, además de ser sustentable y tener un precio accesible. También, hemos dado acompañamiento académico, psicológico y espiritual a nuestros estudiantes y profesores, a la vez que colaboramos en conjunto con el gobierno del estado de Jalisco y organizaciones de la sociedad civil en la implementación de una línea telefónica para prevenir y acompañar a la población en las crisis emocionales ocasionadas por el confinamiento”, dijo Arriaga.

“Ante la emergencia actual, las instituciones educativas, y particularmente las universidades, tenemos una responsabilidad ética y social para con nuestros alumnos, docentes y las comunidades donde estamos insertas”, concluyó el Rector del ITESO.

patricia.ortega@eleconomista.mx

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