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Los Larraín se mudan; ven en México la meca del cine latino
Como un sueño cumplido, así describen los multipremiados chilenos la instalación de Fábula, su casa productora en nuestro país. Buscan traer más recursos del extranjero y detonar un cine que detone una identidad regional; “hay algo aquí que no ocurre en otro lugar”, afirman

Foto EE: Ricardo Quiroga
“Desde el punto de vista de la realización, quizás el mayor paradigma es ser capaz de cautivar, sostener y contener esa atención de la mejor manera posible, y no tiene que ver con velocidad, ni con ritmo, ni con que haya más cortes, tiene que ver con la intensidad emocional de lo que estamos viendo”,
Pablo Larraín, director y productor de cine.
En cuestión de 15 años, desde su debut en los quehaceres del cine mundial, los realizadores chilenos Pablo y Juan de Dios Larraín se consolidaron como dos de los latinos de séptimo arte con mayor presencia, influencia y aun con una más alta proyección en la región y hacia la meca del cine occidental.
Desde 2006, Pablo como director y productor y Juan de Dios como productor principalmente, en su filmografía llevan palomeada al menos medio docena de las películas latinoamericanas más importantes de los últimos años y unas cuarenta nominaciones y premiaciones en todo el mundo.
Nada más las cintas dirigidas por Pablo Larraín han generado una candidatura al Oscar, por “No” (2013), dos al Globo de Oro, por “Neruda” (2016) y “El club” (2015), y el nada despreciable reconocimiento en la Quincena de Realizadores de Cannes en 2012, también por “No”. Estas menciones, por ahorrar espacio, pero no desdeñar que también en sus maletas han hecho caber premios de Turín, La Habana, Estambul, Róterdam, Berlín y Toronto.
El éxito como socios productores tampoco es menor. La cinta chilena “Una mujer fantástica”, dirigida por Sebastián Lelio y producida por Fábula, la casa fundada en 2003 por los Larraín, hoy convertida en una máquina de hacer historias, en 2018 se llevó el Oscar a Mejor película de habla no inglesa.
La anterior es solamente una limitada selección de éxitos creados, producidos e impulsados por esta sociedad de hermanos chilenos que, por cierto, en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia, formalizaron la instalación definitiva de su casa productora en México. Para ello, solicitaron que se citara en un hotel a las afueras del centro de la capital michoacana a un grupo muy limitado de medios impresos para exponer las razones para instalar su sede neurálgica en nuestro país.
De México para AL, para el mundo
“Chile es un país de muy pocos habitantes, con una cultura que se forjó por un montón de estímulos de fuera, y probablemente el estímulo más importante es el mexicano”, dice Juan de Dios Larraín. “Crecimos viendo el Chavo del ocho, todo el universo imaginario de Chespirito, de Cantinflas. México ha sido siempre un referente para nosotros”.
En 2017, su productora Fábula abrió una oficina en Los Ángeles. El objetivo entonces era echar a andar proyectos de impulso de productos latinoamericanos para el mercado hispanoparlante en Estados Unidos. Pero hacía falta algo, había que corresponder con seducción a ese otro mercado que antes los sedujo.
Y la llegada de las plataformas a la región y la expansión de la manera de producir televisión para públicos regionales facilitó la idea de lo latinoamericano, la posibilidad de pensar en una identidad extraordinariamente multicultural. Solamente había que definir el punto de gestación de esa visión audiovisual enriquecida. Palabras más, palabras menos, es la razón que ofrece Pablo Larraín:
“Una gran parte de la población chilena no solo creció viendo series mexicanas sino viendo cine mexicano. Yo creo que en Chile todos pueden imitar el acento, porque son los contenidos que hemos visto. Entonces, venir para acá es cumplir con un sueño (…) queremos entregar a la audiencia contenidos que vayan construyendo nuestra identidad de una manera más sólida y más profunda desde aquí hacia el mundo. Somos la otra versión de los Estados Unidos de América, porque somos todos los otros Estados que estamos unidos por nuestra lengua y cultura y que también somos americanos. Entonces, ¿por qué no intentarlo, por qué no creer que somos capaces de generar contenidos que atraviesen fronteras? Esos son los contenidos a los que les hemos puesto el ojo, para intentar una suerte de universalidad hispanoparlante”.
El lugar con el que todos quieren
Para la productora de los Larraín es momento de reforzar su presencia en la televisión y echar mano de las casi dos décadas de trabajo para conformar una amplia agenda de directoras y directores con los que se han relacionado en los festivales.
“Pero es importante precisar que no somos una productora que viene a hacer negocio acá. No nos motiva facturar más ni ganar dinero, porque para eso tenemos otras fuentes. Creemos que podemos aportar al entendimiento de qué es lo latinoamericano y sentimos también que podemos mejorar las radiografías de lo que se ha hecho (en el audiovisual) en los últimos años, que se han concentrado en una América Latina muy violenta. A veces se ridiculiza nuestra región. Nosotros tenemos que ser capaces de hablar de América Latina de manera que el latinoamericano que vive fuera se sienta orgulloso de serlo”, suma Juan de Dios.
“Hay algo aquí (en México) que no ocurre en otro lugar”, añade Pablo Larraín. “Si el cine gringo tiene una fascinación por la ciudad Los Ángeles, nosotros tenemos una fascinación por la Ciudad de México (…) es un lugar que produce hambre audiovisual y hambre creativa. Este es el sitio que hemos sentido más familiar, al que entendemos mejor. Ustedes son fraternales y producen una especie de empatía identitaria muy grande. También hay mucho talento en los roles más creativos y hay personas de todo el continente que tienen muchas ganas de venir. Entonces, si somos capaces de traer recursos del extranjero, habrá una ganancia para todos”.
¿Ha cambiado la forma del relato?
A la pregunta sobre la tensión entre los contenidos audiovisuales vía streaming y la manera clásica de ver el cine en las salas de proyección y cómo esto ha modificado la manera de narrar las historias, Pablo Larraín opinó:
“Al disminuir la experiencia colectiva y transformarla en algo privado, hay ciertas cosas que son distintas. Cuando tú generas contenidos audiovisuales y sabes que lo va a ver una persona en su casa, con eso que tú estás haciendo, tienes que competir contra el teléfono, que va a sonar, el WhatsApp, el timbre porque llegó el de la pizza, un sinfín de distractores. Cuando yo hago una película para el cine, tengo un poco más el dominio del tiempo de esa persona, porque tiene el teléfono apagado, porque la sala está a oscuras y tengo toda su atención. Por lo tanto, los tiempos y la administración de las emociones son distintos. Hoy en día, cuando filmas una película o una serie, tienes que estar consciente de eso. Desde el punto de vista de la realización, quizás el mayor paradigma es ser capaz de cautivar, sostener y contener esa atención de la mejor manera posible, y no tiene que ver con velocidad, ni con ritmo, ni con que haya más cortes, tiene que ver con la intensidad emocional de lo que estamos viendo”.
Proyectos en puerta de los Larraín:
- “Ambulancia” (serie)
- Basada en el documental “Midnight family”
- Como productores ejecutivos
- Por Apple TV
- “El conde” (película)
- Comedia negra sobre Augusto Pinochet
- Dirige Pablo Larraín en posproducción
- Por Netflix