Brassaï, el fotógrafo enamorado de París, llegó a México. En el Palacio de Bellas Artes a partir de este 15 de marzo hasta el 16 de junio del 2019 se expondrán 200 fotografías de la capital francesa que fueron capturadas en el periodo entre guerras y que catapultaron a este artista como un ícono de la fotografía universal.

La exposición se inauguró con un aire ceremonial y familiar, pues el sobrino del artista, Philippe Ribeyrolles, además de representar el Estate Brassaï Succession que posee los derechos legales de la prolífica obra de su tío Brassaï, también contó anécdotas de los retratos que muestran los matices de una ciudad llena de expectativa y esperanza; pero también de decadencia y encono como lo era París en su tiempo.

“Mi tío, aunque escribía y tomaba fotos para diferentes revistas, como fue Harper’s Bazaar con la que colaboró más de 30 años, no era un reportero, él construía las imágenes y gustaba de recrear escenas de notas que le sorprendían. También cuando llegó a vivir a París quería retratar este lugar desde la perspectiva de que el tiempo avanza. Él decía que quería retratar París porque el tiempo iba va a pasar y quería ir en contra de esa movilidad del tiempo”, contó Philippe Ribeyrolles, quien comenzó a tener aprecio a las fotografías de su tío cuando apenas era un niño.

La extensa exposición Brassaï: El Ojo de París curada por Peter Galassi, antiguo conservador y jefe del Departamento de Fotografía del Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA), está dividida en 12 temas que destacan aspectos de la vida parisina tanto en el día como en la noche, así como el desarrollo de temas que varían desde retratos del cuerpo de la mujer —que estaban de moda en los años 30—, grafitis, la simetría de las calles, el sueño de los parisinos en los parques y plazas, los vicios de los bares, objetos surreales y retratos de personajes cercanos y queridos por el fotógrafo, como fueron los pintores Pablo Picasso, Salvador Dalí y escritores como Henry Miller y Anais Nin.

El origen del ojo de París

Sin embargo, como muchas de las incongruencias que gustaba de retratar, Brassaï, no se llamaba así y no era francés. Gyula Halász, artista, nació en 1899 en la población de Brassó, Transilvania, que entonces era parte del imperio austrohúngaro.

El artista quedó inmediatamente cautivado por la vida de la ciudad, no sólo por los artistas y escritores de Montparnasse, sino también por maleantes, prostitutas y otros habitantes de los legendarios bajos fondos parisinos. Entonces comenzó a tomar fotografías y se hizo del apodo: el Ojo de París, como lo llamó Henry Miller.

“Pero cuando llegó a París, él quería hacerse llamar como un artista de la época y a fin de reservar su nombre auténtico para las pinturas, firmaba sus caricaturas como Brassaï, es decir, de Brassó, en lengua húngara, y que fue el seudónimo con el que también firmó las fotografías que lo harían famoso”, relató Ribeyrolles.

Fue en la década de los años 30 y en la ciudad de París cuando Brassaï tuvo su época de mayor actividad fotográfica. Después de tener dos años tomando fotos le surgió la suerte de colaborar en revistas como Minotauro, donde su obra lo convirtió en un miembro clave de artistas europeos y americanos, cuyos trabajos redefinieron la identidad y enriquecieron el potencial de la disciplina fotográfica como forma artística.

La técnica de Gyula Halász

A diferencia de los fotógrafos con inclinaciones artísticas de principios de siglo, que emulaban a las artes tradicionales, Brassaï ya había hecho cientos de retratos con el potencial artístico de las imágenes directas. Cuando la tradición empezó a ser celebrada a partir de 1970, el trabajo que Brassaï había hecho en los años de 1930 fue reconocido como piedra angular de movimientos fotográficos posteriores.

Por otra parte, el sentido artesanal que este fotógrafo daba a cada una de sus fotografías estaba ligado con sus instrumentos y herramientas de trabajo, pues Gyula Halász, Brassaï, trabajaba sus imágenes desde cero con una cámara Voigtländer Bergheil, un dispositivo de gran formato que requería placas de vidrio para poder realizar el negativo de la imagen.

“Medía el tiempo de la exposición de la fotografía en el tiempo que se fumaba un cigarro, ese era su secreto, siempre cargando la cámara y siendo paciente para esperar a que la imagen se configurara. Pero como no era un reportero muchas de sus fotos tienen la pose como una característica de su propia vanguardia”, comentó Philippe Ribeyrolles, familiar del artista.

El director del Palacio de Bellas Artes, Miguel Fernández Félix, definió que esta es una de las obras que representa a “un artista de enorme riqueza intelectual, vinculado con los pioneros de temáticas, las cuales resultan, a menudo, muy diferentes entre sí, haciendo evidente la gran diversidad del trabajo fotográfico de Brassaï”, además de que representa “un arte que resuena hasta ahora en nuestra forma de percibir la modernidad, su espacio público, sus hallazgos, violencias y grandeza”, finalizó Fernández Félix durante su presencia en la inauguración y el recorrido en el que según su experiencia pidió se afinen unos últimos detalles antes de abrir la exposición al público.

Como parte de esta exposición en la que colaboraron la Fundación MAPFRE, el curador Peter Galassi y la Fundación Mary Street Jenkins, el museo diseñó una serie de herramientas de mediación para entender, disfrutar y profundizar en el trabajo de Brassaï, así como un programa que comprenderá charlas, una de ellas, sobre las féminas y otros géneros en su lente, Rebeca Monroy, experta en el tema, abordará las representaciones del cuerpo en burdeles trans de la época que este artista frecuentaba, y otras actividades que enriquecerán la visión de los interesados en la vida y obra del fotógrafo.

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