La historia de México es un baile. No un vals, sino más bien un chachachá al estilo de Resortes: arrebatado.

Sobre todo, nuestra historia política ha sido un relajo. Esta semana, el Archivo Gustavo Casasola nos recuerda el Congreso constituyente de 1917, aquél del que emanara nuestra actual Constitución. En la foto aparece Venustiano Carranza, don Venus, muy formal, sentado a cenar con varios de los diputados constituyentes como si aquello hubiera sido coser y cantar.

No fue así. Había dos alas: los liberales y los conservadores. Parece que siempre ha sido así en nuestro México, ¿verdad? Los extremos no se tocan, sino se golpean.

El ala liberal era liderada por Álvaro Obregón mientras que Carranza y su gente eran conservadores. Afuera del Congreso, por cierto, dejaron al ala social-campesina, la de Villa y Zapata. El Congreso fue una serie de artimañas y tácticas para que cada grupo se saliera con la suya. A jalones y estirones salió nuestra Carta Magna, un texto avanzado para su época.

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