“Las grandes crisis, son las grandes oportunidades, como ejemplo podemos ver los momentos en que la humanidad ha cambiado su historia. A raíz de la Segunda Guerra Mundial se creó la Organización de las Naciones Unidas y mucha de la tecnología médica tuvo un desarrollo fundamental  después de este punto; hemos aprendido a sacar lo mejor de nosotros mismos y ahora no puede ser la excepción”, asegura Adriana Lobo, directora ejecutiva del Instituto de Recursos Mundiales México (WRI, por su sigla en inglés) en entrevista previa al lanzamiento de la hoja de ruta Revolución Sostenible.

“La pandemia es algo que en términos económicos no hemos experimentado”, México no tiene cifras de una crisis económica de esta naturaleza, pero el Fondo Monetario Internacional estima una contracción de crecimiento global de 4.4%, la realidad es que para América Latina el tamaño del impacto es todavía mayor.

Con datos de la Organización Internacional del Trabajo, durante el segundo trimestre de 2020, se reportó una caída del 14% de las horas de trabajo a nivel global, el equivalente a perder 400 millones de empleos de tiempo completo. De hecho, según OXFAM, se prevé que la pandemia lleve a la pobreza al 8% de la población del planeta, lo que representaría un retroceso de 30 años en la lucha contra la pobreza. En México se pronostica que la cifra de empleos perdidos podría llegar a entre 1.2 millones y 2 millones, y que el país podría sumar entre 12 millones y 16.4 millones de nuevos pobres.

Necesidad de una revolución sostenible

Lobo asegura que hoy muchos de los esfuerzos que se habían hecho para combatir la inequidad o pobreza están teniendo un retroceso, por lo tanto saber cómo invertir y recuperarnos será muy importante. “Se puede invertir de la manera tradicional, donde uno busca una recuperación económica muy rápida, pero sin tener en cuenta los elementos de sustentabilidad, ahí se pierde una oportunidad para ir mucho más allá, con una recuperación durable”.

Ante este panorama surge la iniciativa que conjunta a organizaciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Embajada Británica en México, la Cooperación Alemana al Desarrollo Sustentable en México (GIZ), la Iniciativa Climática de México (ICM), The Climate Reality Project América Latina, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el Instituto de Recursos Mundiales México (WRI México) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

La idea es crear un nuevo pacto social y un nuevo modelo de desarrollo que reconozcan la interdependencia existente entre los sistemas sociales, económicos y ambientales.

Para evitar los peores embates de la crisis climática aseguran que tenemos que combinar las agendas de recuperación postpandémicas con las agendas ambientales y climáticas y dar pasos claros hacia sociedades y economías descarbonizadas, resilientes, justas y equitativas, esto acompañado de la mejor ciencia y datos disponibles, así como de las mejores políticas públicas y de una inversión pública apuntalada por la inversión privada para salir adelante. “Los países más avanzados se están enfocando mucho en desarrollar esa condición, un desarrollo durable, conservando el capital natural, que todo se favorezca. Si hacemos la inversión correcta estaremos en mucho mejor lugar”.

Lobo concluye que con estas propuestas se busca el diálogo multidisciplinario, “sentar las acciones prioritarias, es decir inmediatas, contundentes y que conlleven a un cambio, para ello se busca encontrar puntos comunes en la agenda”, esto bajo el lema #BuildBackBetter y a través de la hoja de ruta #RevoluciónSostenible.

nelly.toche@eleconomista.mx