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La tecnología contra la desigualdad económica

Expertos creen que la solución es generar una economía de la distribución, en lugar de una de consumo y producción.

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Foto: CuartoscuroCuartoscuro

“La ciencia abre una agenda de aplicaciones posibles que claramente podrían dar una vida digna a la población del planeta, pero junto con eso las noticias pueden ser tan contradictorias”, aseguró Bernardo Kliksberg, director científico del II Seminario Internacional Explorando Tecnologías de Punta para el Combate a la Pobreza en México.

Por un lado tenemos un gran despliegue de tecnología en salud y por otro, 16 mil niños mueren diariamente por falta de acceso a los servicios básicos de salud.

El economista y sociólogo explicó que no hay evidencia para pensar que solo con el progreso de la ciencia y la tecnología se van a solucionar los problemas humanos, pues muchas de las innovaciones tecnológicas provienen de la guerra, y algunas de ellas, fueron usadas para exterminar personas. Por ello, dijo, “la ética debe ser el timón que conduzca a la tecnología en la solución de problemas”, y para lograr que estos temas estén al servicio del desarrollo social deben estar conectadas con las cuatro tendencias globales: salud, hambre, pobreza y discriminación de las mujeres.

El también asesor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU),lanzó esta reflexión: La pobreza ¿es derrotable?

Avances como el mapeo genético y la medicina que se le deriva, la energía nuclear, la biotecnología, entre otros, son testimonio de que es posible mejorar la calidad de vida a nivel mundial, sin embargo, esto no sucede, dijo que la pobreza se deriva, en gran medida, del tema de la desigualdad social.

“La pobreza y la riqueza continúan alejándose una de otra en direcciones completamente opuestas en lugar de encontrar un balance que beneficie a todos”.

De acuerdo con la OXFAM hay un acaparamiento del 1 por ciento de la población mundial de la riqueza. En 2017, el 1 por ciento más rico recibió 762 mil millones de dólares, siete veces lo que se necesitaría para terminar con la pobreza del mundo.

En este contexto, tener un trabajo tampoco es sinónimo de riqueza, ya que existen un gran número de trabajos con condiciones extremas y deplorables. Aquí los más discriminados son las mujeres y los jóvenes, “cuando aumentan las desigualdades aumentan una serie de fenómenos regresivos, desde la pobreza, la reducción de los mercados internos, la degradación de la condición social, la falta de oportunidades”.

Cuando el 50 por ciento de la población del planeta tiene problemas de ingresos, evidentemente hay problemas estructurales que están determinando que los salarios estén estancados, que la economía mundial tenga tendencia a la baja y cada vez más proliferen los “trabajos basura”, aquellos contratos de corto plazo y sin ningún tipo de prestaciones. Dijo que la pobreza no es un asunto que depende nada más del individuo, ya que su causa y solución es colectiva.

Para ello, el maestro Emmanuel Salazar, subdirector global de inversiones Cinepolis y profesor del Tec de Monterrey, propuso los siguiente: “Lo que se tiene que hacer, tiene que ir orientado a crear una nueva economía, una economía de la distribución, no una economía del consumo y de la producción. Ese cambio es paradigmático y poco se ha reflexionado al respecto, construir una economía de la distribución representa el reto más importante de nuestra generación, es un reto urgente y revolucionario porque aunque no nos demos cuenta, hacer eso significaría un rompimiento radical con los valores que rigen nuestra civilización occidental”.

Exige pues una economía orientada a la calidad, no al derroche. Pensar una economía de la distribución exige una nueva forma de relacionarnos con la ciencia y la tecnología, dejando a un lado la búsqueda de la innovación por la innovación misma para impulsar el consumo; exige reflexionar sobre la forma en que las nuevas tecnologías se acoplan a los procesos productivos, es decir, al ritmo de trabajo, al grado de libertad de los trabajadores y a la relación del capital con el trabajo

Unas experiencias afortunadas y otras no tanto

A pesar de que el panorama presenta grandes dificultades, emprendedores sociales, la inclusión del tema de la responsabilidad social en la agenda, la emergencia masiva de voluntarios, son acciones que dan cuenta de que realmente se pueden encontrar soluciones para la desigualdad y la pobreza.

Durante la charla “Experiencias de tecnologías para ayudar a combatir la pobreza” se presentaron algunos de los casos representativos en el país.

El proyecto Isla Urbana, instala tinacos que captan agua de lluvia en los sectores más afectados por la falta del líquido en la capital del país para que se vuelvan hidrosustentables. Iluméxico, lleva luz a los hogares en la República Mexicana que no cuentan con electricidad donde instalan equipos de energía solar. Sala Uno, acerca el cuidado oftalmológico a todos los sectores de la población, o la plataforma de monitoreo Sistema de Información Social Integral, iniciativa de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) que actualmente está en construcción y que busca realizar propuestas de política pública desde un enfoque preventivo, son algunos ejemplos, pero cómo llegar a ellos no es nada fácil, a pesar de su eficiencia son proyectos que parecen nadar contra corriente.

Por ejemplo, Unima, un proyecto mexicano que surgió en colaboración con el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, que pretende hacer diagnósticos médicos en las partes más remotas del mundo con el costo de aproximadamente un dólar por persona, usando un dispositivo que contiene una proteína de tiburón genéticamente modificada que cambia de color con la sangre dando pistas de la enfermedad.

Lo interesante de esto es que por muy innovadora que suena la idea, no contó con el apoyo suficiente en México, el país donde nació, por lo que tuvo que emigrar a Silicon Valley en busca de recursos.

“Tenemos una política de desarrollo social altamente fragmentada, se ejerce en nuestro país a través de casi 6 mil 500 programas y acciones de desarrollo social entre los tres órdenes de gobierno, 2 mil 500 estales, 3 mil 800 programas municipales y 154 programas federales. Cada uno con su presupuesto, cada uno con su estructura organizacional, cada uno con su normatividad”, explicó Iñaqui Alberto Encinas, investigador de SEDESOL

nelly.toche@eleconomista.mx

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