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La obra Hermanas, de Pascal Rambert, llegará al Teatro Milán

El director Hugo Arrevillaga comentó la fascinación que tiene por buscar textos que sumen a la conversación actual cuya filosofía y magnetismo encuentra en las ficciones de Pascal Rambert.

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Fernanda y Arcelia son hermanas de sangre. Hace años que no cruzaban palabra y ahora tendrán que escuchar y sentir el conjunto de palabras que están dichas para herir a la otra como una cuchilla.

De la obra original de Pascal Rambert, bajo la dirección de Hugo Arrevillaga, llega Hermanas, una puesta en escena que presume del mismo ritmo arrebatado y vibrante como otro de sus títulos más reconocidos por la crítica: La clausura del amor, que plantea la separación de un matrimonio con familia de por medio y una situación profesional que los obliga a seguir frecuentándose y que, incluso, marca el nacimiento de la misma obra bajo la experiencia del autor y la actriz principal, también esta obra, Clausura del amor, se presentó en México bajo la dirección de Arrevillaga y con la fulminante actuación de Arcelia Ramírez.

Ahora con Hermanas, que se presentará todos los martes a partir del 28 de mayo en el Teatro Milán, en un horario nocturno de 8:30 de la noche, el director volverá a apostar por enmarcar los instintos y bajos reflejos de odio y resentimientos que más que humanos parecen aprendidos en la infancia por la infamia e inexperiencia de los padres.

En este drama que se desarrolla en un ambiente contemporáneo, se plantea un encuentro repentino de las protagonistas: la muerte de la madre.

Arcelia, quien está enemistada a muerte con Fernanda, su hermana menor, no le avisa que a su madre le acecha la muerte.

La madre muere, y Fernanda busca a Arcelia para reclamarle la vileza de arrebatarle la posibilidad de despedirse de quien la trajo al mundo. Es entonces cuando se desata una serie de revelaciones que explican el rencor sin remedio que sienten una por la otra.

En entrevista con El Economista, Arcelia Ramírez y Fernanda Castillo, la primera con 30 años de trayectoria en el teatro y Fernanda con 17 años alternando actuaciones para teatro, cine y televisión, comentaron que ha sido una experiencia de autorreconocimiento y profundo aprendizaje traer a escena estos personajes de suma complejidad.

“El teatro nos concede este espacio de reconocimiento de identidad, nos devuelve nuestra condición de personas, en el teatro estamos frente a lo que hacen los buenos textos, que es articular la realidad y hacernos reflexionar, reconstruir y replantear para tener empatía y para entender el mundo”, sentenció Arcelia Ramírez a propósito de que este 27 de marzo se conmemoró el Día Mundial del Teatro.

Expresó que tanto la obra de Pascal como la dirección de Arrevillaga “coinciden en darle a la palabra la letalidad de un fino bisturí, preciso, de balazo, que explota en la mente y el corazón del actor y los espectadores. Creo que Hermanas es una reivindicación de la palabra en el hecho teatral”, dijo Ramírez.

“Este ajuste de cuentas es un viaje por la memoria de las dos, de las diferentes heridas que las han marcado y que necesitan sacar porque con la muerte de la madre se rompe su lazo, ya no queda nada que las una”, articuló la más joven de este elenco, Fernanda Castillo.

La actriz remató con el planteamiento de que esta obra es un ejercicio para cuestionar nuestros lazos sanguíneos y familiares para mejorar nuestra relación en sociedad.

“Ésta es una obra necesaria en el sentido de que si no podemos ser compasivos, si no podemos ser empáticos con nuestra propia sangre, entonces qué esperamos de cómo nos relacionamos allá afuera”, argumentó.

El director Hugo Arrevillaga comentó la fascinación que tiene por buscar textos que sumen a la conversación actual cuya filosofía y magnetismo encuentra en las ficciones de Pascal Rambert.

“Veo el teatro como este hecho que nos obliga a estar presentes. Y viene bien considerar temas contemporáneos que nos conciernen a todos como el amor y las rupturas”, expuso.

Arrevillaga dialoga con las actrices para que su emoción parta la enunciación de las palabras como verdaderas provocaciones, es decir, darle el peso de los sentimientos al lenguaje, uno de los cometidos en los escritos de Pascal, quien manufactura sus textos sin elementos de puntuación para que el actor y director hagan una lectura propia de lo que quiere decir el personaje.

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