La mayoría de las personas aún desconoce que en nuestros intestinos se halla un mundo microscópico viviente que condiciona en gran medida nuestro funcionamiento como seres humanos, se trata de la microbiota, una serie de bacterias, virus, parásitos, arqueas y otros microorganismos que aún no conocemos y que hasta hace muy poco no los tomábamos en cuenta como parte de nuestro organismo, y mucho menos útiles para desarrollar diferentes funciones, explica el doctor Alfredo Madrigal, del laboratorio Biocodex México.

 Sin embargo los expertos hoy lo consideran incluso como un nuevo órgano cuyas funciones específicas son claves en el mantenimiento de nuestra buena salud, en entrevista explicó que la microbiota, en cuanto a volumen o número principalmente se encuentra en el tracto gastrointestinal -desde la boca hasta el ano-, pero con mayor prevalencia en el intestino grueso. Eso no quiere decir que no tengamos en piel, cavidad oral, nariz, oídos, tracto urinario, vejiga y vagina.

Hoy las funciones más estudiadas son las gastrointestinales que de inicio, tienen una función de barrera (crean alergias, o respuestas autoinmunes) digestiva, producción de vitaminas y de energía a través de otros compuestos. La composición de la microbiota está muy influenciada por factores externos, incluyendo las condiciones de nacimiento, la dieta, el entorno o el uso de antibióticos.

“Nos dimos cuenta que no somos un organismo solamente de células humanas”, explica el especialista, “cuando en los ochentas se dio a conocer el proyecto del genoma humano y nos interesamos por saber que tanta información se guarda en nuestros genes, el primer hallazgo fue que no había tantos como nosotros hubiéramos pensado pues hay alrededor de unos 25, 000 genes en el cuerpo humano”.

Esto generó nuevas dudas y se empezó a buscar donde estaba el resto de la información que necesitamos como ser humano para desarrollar nuestras funciones. Las primeras respuestas se encontraron en  las bacterias que estaban en el intestino (por su volumen), con muchísima información genética, llamada metagenómica (genes más allá de los propios). “Ahí se encontró la respuesta sobre el complemento que necesita un ser humano para estar vivo”.

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La investigación científica sobre la microbiota intestinal está en auge a nivel mundial, y expertos de diferentes disciplinas trabajan conjuntamente para mejorar los conocimientos sobre este “nuevo órgano” vital.

Diferentes tipos de pro bióticos bacterianos originados a través de levaduras, se han empezado a estudiar cada uno por separado para saber qué es lo que causa realmente en el organismo y cómo actúan. Las posibilidades que hoy se abren son enormes, “pues estamos empezando a modificar genéticamente bacterias que tengan efectos directos en los consumidores, por ejemplo,  se han estudiado para el uso de la diarrea, en el efecto en el síndrome de intestino irritable y efectos inflamatorios”, explica el doctor Madrigal.

En México, desde el  Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (Ciatej) la doctora Marisela González Ávila, especialista en biología celular y su equipo, están generando investigación muy importante al respecto.

Comenzó enfocando sus esfuerzos en analizar la composición de la microbiota intestinal y su diferencia entre las personas con obesidad y aquellas que cuentan con un peso saludable.

En un primer caso analizó pacientes hermanos con las mismas condiciones genéticas y de nacimiento para observar las diferencias. “La primera sorpresa fue que son diferentes las condiciones de microbiota, genéticamente son compatibles al ser hermanos y las dietas tendían a ser las mismas, pero un hermano era obeso y el otro normopeso, y la diferencia que encontramos fue la composición de la microbiota intestinal”, explicó a través de la Agencia Conacyt.

Posteriormente se logró tener una nivelación de la microbiota y se les pidió que no cambiaran sus hábitos, la idea era regular la microbiota para probar la hipótesis de que regulándola, las personas pueden tener un cambio metabólico, y así fue.

La investigadora explica que las personas con obesidad cuentan con pocos microorganismos en su microbiota y la mayoría de ellos cuenta con la función de ahorrar energía, lo que se traduce como una acumulación de grasa corporal en el huésped. En contraste, una persona sana puede tener otro tipo de bacterias que sirven como “gastadores de energía”.

González asegura que en cada persona la microbiota es distinta, casi como una huella digital, pues cada individuo ingiere bacterias que se adaptan a su organismo, esto abre un sinfín de posibilidades para tratamientos preventivos, que, aunque no son la cura a enfermedades, sí son marcadores de procesos clave para mejorar la calidad de vida de las personas con algún padecimiento, por ejemplo, diabetes, autismo, donde se descubrió que los pacientes tienen una microbiota específica, por lo que se trabaja en el desarrollo de probióticos que ayuden a equilibrar los procesos en sus sistemas nerviosos o sobrevivientes del cáncer, quienes luego de tratamientos como la quimioterapia sufren desgaste en su organismo, por lo que administrar bacterias benéficas puede ayudar a que agentes patógenos no ataquen a un paciente debilitado.