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La medida de don Justo Sierra
El Maestro de América dio rienda suelta a sus conceptos sobre la educación nacional.
Hay en la enseñanza dos partes distintas , dijo Justo Sierra, en el primer debate de la Comisión de Instrucción Pública ante la Cámara de Diputados en 1881. La primera se aplica a las facultades morales, la segunda a las intelectuales. La una forma al niño, hace al hombre; la otra hace ciudadanos y trabajadores .
De esta manera, como en muchas ocasiones se repetiría, el muy bien llamado Maestro de América daba rienda suelta a sus conceptos sobre la educación nacional. Palabras, papeles y discursos fueron testimonio de sus creencias, pero también el surgimiento de centros educativos como la Escuela Nacional Preparatoria y la Universidad Nacional, que cambiaron la historia de México en su mejor sentido.
Escritor, historiador, periodista, poeta y político, Justo Sierra nació en Campeche, hoy San Francisco de Campeche, el 26 de enero de 1848. Fue hijo de Justo Sierra OReilly eminente novelista e historiador (autor, entre otras obras de la novela La hija del judío) y de doña Concepción Méndez Echazarreta, hija de Santiago Méndez Ibarra, quien jugó un papel importante en la política yucateca del siglo XIX.
Ya en la Ciudad de México, se recibió de abogado en 1871. Fue varias veces diputado al Congreso de la Unión y lanzó un plan que sería aprobado algún tiempo después, el que quería dar a la educación primaria el carácter de obligatoria. En ese mismo año fue aprobado el proyecto de Justo Sierra Méndez para fundar la Universidad Nacional de México. Tardaría, sin embargo, 30 años para verlo convertirse en realidad. Desde 1892, expuso su teoría política sobre la dictadura ilustrada , pugnando por un Estado que habría de progresar por medio de una sistematización científica de la administración pública del país. Con esas ideas, redactó un manifiesto constitutivo y fundó la Primera Convención Nacional Liberal. (Rescataría de la creación de las repúblicas ilustradas tres conceptos básicos sobre los que debía descansar todo gobierno y lo expresaría en tribuna: toda autoridad ejercida por el pueblo, emana del pueblo mismo; todos los empleos públicos deben volver periódicamente a manos del pueblo y todos los funcionarios públicos son responsables al pueblo de la fidelidad de sus funciones .). Durante los dos siguientes años, 1893 y 1894, defendió esos principios ante el Congreso y con su claridad en la oratoria se ganó el aprecio y el aplauso de todos. Siendo diputado pronunció en 1893 aquella célebre frase: México es un pueblo con hambre y sed. El hambre y la sed que tiene, no es de pan; México tiene hambre y sed de justicia .
En 1901 se trasladó a Madrid con el objeto de participar en el Congreso Social y Económico Hispanoamericano; ocasión en la que conoció a Rubén Darío en París. Después presidió la Academia Mexicana, correspondiente de la española y por ello ganó la admiración de Luis González Obregón y Jesús Urueta. Sin embargo, aunque estuviera de viaje artístico y literario, no dejaba sus proyectos para la educación: propugnó por la autonomía de los Jardines de Niños y el progreso del magisterio y a nivel de educación superior reorganizó las carreras de Medicina, Jurisprudencia, Ingeniería, Bellas Artes y Música. Promovió la Arqueología, un sistema de universidades en provincia, creó la Normal de maestros, el otorgamiento de desayunos escolares y un sistema de becas para los alumnos más destacados.
En cuanto al método era un creyente en que había que enseñar a pensar y no a memorizar. (Lo anterior como nota para las que no sabían que hay ideas que Sierra tuvo antes de todas las reformas y todas las campañas). Es la educación, decía, la que genera mejores condiciones de justicia: educar evita la necesidad de castigar .?Sierra fue también ministro de la Suprema Corte de Justicia en 1894, de la que llegó a ser presidente. Ocupó posteriormente importantes cargos en el gabinete porfirista como subsecretario de Justicia e Instrucción Pública y Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, entre los años de 1901 y 1911 y en 1905 vio oficializado su empeño de otorgar a la educación primaria el carácter de nacional, integral, laica y gratuita.
Entretanto, como si el tiempo fuera su compinche, escribía de todo. Poesía, cuentos, novela, narraciones, discursos, doctrinas políticas y educativas, viajes, ensayos, artículos periodísticos, epístolas, más libros históricos y biográficos. Pero sobre todo una obra monumental: Juárez, su obra y su tiempo, su libro más trascendental, todavía no superado por historiador alguno y multicitado como fuente primaria de investigaciones mil.
A pesar de haber sido participante activo de las Fiestas del Centenario de la Independencia, organizadas por Porfirio Díaz, la fiesta que más júbilo provocó en el corazón de Justo Sierra fue la inauguración de la Universidad Nacional. En su proyecto de creación había pensado mucho y en su espíritu sabía que dejaría de formar parte del Estado y se gestionaría autónoma. Con toda libertad de cátedra y pensamiento.?El 22 de septiembre de 1910, en su discurso un Sierra, emocionado y contento habló por primera vez sobre la nueva Máxima Casa de Estudios y en su discurso dijo:
Me la imagino así: un grupo de estudiantes de todas las edades sumadas en una sola, la edad de la plena aptitud intelectual, formando una personalidad real a fuerza de solidaridad y de conciencia de su misión y que, recurriendo a toda fuente de cultura, brote de donde brotare, con tal que la linfa sea pura y diáfana, se propusiera adquirir los medios de nacionalizar la ciencia, de mexicanizar el saber. (...) Cuando el joven sea hombre, es preciso que la Universidad o lo lance a la lucha por la existencia en un campo social superior, o lo levante a las excelsitudes de la investigación científica, pero sin olvidar nunca que toda contemplación debe ser el preámbulo de la acción; que no es lícito al universitario pensar exclusivamente para sí mismo y que si se pueden olvidar en las puertas del laboratorio al espíritu y a la materia, no podremos moralmente olvidarnos nunca ni de la humanidad ni de la patria. La Universidad entonces tendrá la potencia suficiente para coordinar las líneas directrices del carácter nacional, y delante de la naciente conciencia del pueblo mexicano mantendrá siempre alto, para que pueda proyectar sus rayos en todas las tinieblas, el faro del ideal, de un ideal de salud, de verdad, de bondad y de belleza; esa es la antorcha de vida de que habla el poeta latino, la que se transmiten en su carrera las generaciones. ¿Tenemos una historia? No. La Universidad mexicana que nace hoy no tiene árbol genealógico; tiene raíces, sí; las tiene en una imperiosa tendencia a organizarse, que revela en todas sus manifestaciones la mentalidad nacional, y por eso, apenas brota del suelo el vástago, Ya es fuerte, lo sentimos .
Adecuado, hoy que es día del maestro, celebrar mucho a don Justo. Unirse a las palabras de Alfonso Reyes cuando dijo que todos los mexicanos veneran y aman la memoria de Justo Sierra y todavía mejor aprender y repetir su frase más famosa todo el tiempo y para siempre: La grandeza de un pueblo se mide en su educación . Tal vez con ello, aprenderemos otra vez a hacernos grandes.