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Arte e Ideas

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La crónica del priismo del siglo XX, vigente

Parece que Luis Spota era más observador que sus contemporáneos 

Concepción Moreno

Somos afortunados. Un clásico revalorado de nuestra literatura se ha vuelto a editar y leerlo en estas épocas electorales es tanto un placer como un mapa.

Luis Spota (Ciudad de México, 1925-1985), el gran cronista de la vida mexicana en el siglo pasado vuelve a ser leído. O al menos una editorial vuelve a ofrecernos la oportunidad de leerlo.

Siglo XXI reedita la serie de seis novelas de Spota conocidas como La Costumbre del Poder, una verdadera observación general, y a detalle también, de los rituales del priismo rancio. El tapado, el dedazo, la cargada, la larguísima campaña: todo fue narrado por Spota de la manera más divertida y emocionante.

Seis novelas, seis años de gobierno: Retrato hablado, sobre el famoso tapado, el futuro candidatazo que se va perfilando entre varios funcionarios.

Palabras mayores, sobre el inicio de la campaña.

Sobre la marcha, plena campaña, enjuagues, el candidato rodeado de seres serviles, y por supuesto, los poderes fácticos: el ejército, la tele, los periódicos.

El primer día: la llegada a Los Pinos, y el primer día sin poder del expresidente.

El rostro del sueño es quizá la más filosófica de la serie. Es un canto a la soledad del poder y a las decisiones que cuestan al país pero sobre todo, al lugar en la Historia del presidente en turno.

La serie se completa con La víspera del trueno, sobre el final del sexenio, el año de Hidalgo y la pérdida de relevancia del actual gobernante. Y los rituales se repiten: el tapado, el dedazo, la cargada. El dedazo como último verdadero acto de poder de un presidente priista.

La Costumbre del Poder es todo un ciclo literario que no solo incluye a estas seis novelas sino también a otros libros paralelos. Está llena de personajes memorables en los que se puede reconocer a personas reales.

La familia Azcárraga está presente, también Jacobo Zabludovsky y su narrativa popular de los hechos nacionales; soldados del poder. Los viejos revolucionarios están representados por el general Marcelino Ku Larriva, a la vez sanguinario y acomodaticio, acompañado a todos lugares por su hija Pascual, mujer con nombre de masculino.

Todo gira en torno al candidato y a pesar de que todo ocurre hace más de 50 años, se pueden encontrar resonancias de aquellos días en nuestra política actual.

A Spota lo acusaron de vendido, superficial y estupidizante en su tiempo. Nadie vendía tantos libros como él, es la verdad: la envidia puede caminar largo. Que Siglo XXI haya tenido el ojo de rescatar del olvido estos libros deliciosos que pintan de cuerpo entero al México moderno es algo para agradecer.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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