La obra teatral llamada Voraz, es la historia de un hombre que captura a una bestia con quien irá desarrollando una relación que los llevará a la búsqueda de la libertad, adaptación y sobrevivencia.

“Ambos hacen un esfuerzo por adaptarse a la sociedad, que al mismo tiempo nos exige ser productivos y voraces. Nosotros nacemos con las ganas de comernos al mundo y al mismo tiempo conservar este pensamiento y este ímpetu con el paso del tiempo. Y alrededor de esto se construyen una serie de lineamientos y acciones para poder adaptarnos y funcionar como se debe. Se nos pide ser voraces, pero ser seres estructurados, tener esa energía encauzada. Y finalmente, vamos siendo vencidos por las imposiciones de la sociedad”, nos comenta el director de la obra Ricardo Enríquez.

El texto, según nos comenta Enríquez, es un texto sumamente poético y un poco complicado de montar: “No sigue un lineamiento aristotélico y no tiene una línea clave, en ese aspecto me gusta. Así que lo que quisimos hacer fue crear un universo plástico para darle foco a las palabras y que le permitiera ver al espectador estas visualizaciones. Orci llegó con el texto y me lo ofreció. Lo leí y dije que sí porque me encantaba que no fuera una historia tan digerible, sería un ejercicio complejo pero me encantaba la idea de lo que se podía lograr. Todo lo hicimos con esta idea rudimentaria del teatro de: vamos a decir algo hermoso desde el escenario, ustedes están allá y esperamos que eso hermoso les llegue”.

La escenografía está conformada por un cubo metálico de 3 x 3 metros, del cual se desprenden tres telas anudadas, y con eso y con la iluminación van jugando: “Quisimos hacer teatro limpio: “Queríamos hacer algo relacionado con nuevas dramaturgias que tienden a la limpieza de los espacios”, nos dice Enríquez.

El director también nos comenta que su tarea fue dejarse llevar por las visiones de sus compañeros y tratar de coordinarlas: “David aparte de ser dramaturgo, es actor y eso le permite ver el texto desde otro punto de vista. Nacho Pereda es bailarín y ve mucho la dinámica de los movimientos con los personajes. Y Ana Florencia hace la música en vivo y es el hilo conductor de la historia. Es una figura constante en la vida de estos dos personajes y va siguiendo toda la escena, y en conjunto con el espacio nos permitió hacer algo muy lindo”.

Enríquez confiesa que es un texto doloroso porque los personajes van quitando sus propias ataduras para tratar de ser felices y adaptarse, pero finalmente, la búsqueda de la libertad termina siendo infructuosa: “la libertad es un concepto en el cual uno busca sus propias ataduras para poder existir. Es un poco agridulce: la bestia es domada y el hombre también”.

La puesta en escena, dirigida por Enríquez y co dirigida por Emma Solórzano, es estelarizada por David Orci (quien también escribió la historia), Ignacio Pereda, Alberto Garmassi y Ana Florencia Pérez de Alba. La producción y la asesoría escénica corren a cargo de Jesús Ochoa, y la escenografía es de Antonio Santos. Las funciones son todos los miércoles a las 8 de la noche en el teatro La Capilla.

@faustoponce