“México es una de las grandes potencias culturales en español. Es un país que genera producción cultural más que ningún otro en la región. Hay que estar aquí porque aquí es donde suceden las cosas. Su tradición precolombina le da una riqueza y complejidad a lo que se hace en México”, explica Izara García Rodríguez, coordinadora del Hay Festival para América Latina y el Caribe, a poco menos de un mes de llevar a cabo la cuarta edición del encuentro (del 5 al 8 de septiembre), en la ciudad de Querétaro, con 125 invitados de 27 países.

Argumenta que si bien existe un interés de parte del festival internacional por acercar al país lo que se hace en el mundo en términos culturales, también es menester exportar al mundo lo que se hace aquí. “Es un país con muchas diferencias y desigualdad, pero la gente está muy interesada en la cultura y tiene mucho interés en asistir a este tipo de cosas. No se nos ocurriría no estar en México”, agrega.

Dice que el festival salió bien librado del difícil primer semestre del año, en términos de apoyo económico para los festivales del país, ya que su postulación para el Programa de Apoyo a Festivales Profest fue rechazada, pero la ejecución del encuentro pudo seguir en pie gracias a su modelo de financiamiento mixto.

“Aunque tenemos financiadores públicos también contamos con financiamiento privado. El festival desde un principio se planteó de esta manera porque esto permite estar un poco más resguardado de las coyunturas políticas. De todas maneras, claro que nos ha afectado y, precisamente por eso, creemos que es más importante que nunca seguir con las actividades culturales. Es importante que el Estado apoye a la cultura, porque lo que hace es sentar las bases que permitan arrancar proyectos culturales; pero estamos en un momento en el que es necesario hacer una colaboración entre lo público y lo privado”, argumenta.

La cultura es un factor que, por naturaleza, se escapa de la medición financiera en términos de resultados, tanto en lo público como en lo privado, sustenta, y, sin embargo, está dotada de un valor inmaterial que es por demás relevante para la cohesión social, la noción de identidad e histórica de un país. Por lo anterior, refiere que “en este momento de vacas flacas se necesita cada vez más la inyección de organizaciones culturales privadas con presupuestos potentes. Y eso todavía se debe dinamizar”.

La cultura nunca es elitista

Comparte que para financiar el Hay Festival se requieren de más de 10 millones de pesos y que mucho del presupuesto se invierte en producción, traducción simultánea y boletos de avión, pero hay muchos gastos que se consiguen en especie o aportaciones voluntarias que son incuantificables.

Calcula que alrededor de 60% del presupuesto del encuentro proviene de recursos públicos diversos. Uno de sus principales aportadores públicos es el estado de Querétaro, mientras que el resto de recursos de este tipo no proviene de instituciones públicas mexicanas sino que son aportados desde otros países, principalmente por la Acción Cultural Española, el British Council Mexico, el Goethe Institut y embajadas, como las de Estados Unidos, Italia y Colombia, mismos que, dice, pese a ser apoyos pequeños, permiten tener una programación internacional variada.

Dice que desde la llegada del Hay Festival al país sí ha visto un incremento en el interés por parte de la inversión privada en involucrarse en la vida cultural, pero reconoce que este proceso ha sido más lento que en otros países porque las empresas asumen que existe suficiente apoyo por parte de los gobiernos a través de sus distintos programas de apoyo, y suelen desentenderse.

Sin embargo, insta, “ahora, con este replanteamiento del paradigma, es un buen momento para que las empresas se involucren más con la cultura”.

Hace hincapié en que “la cultura no es elitista, sino todo lo contrario. En México a veces nos equivocamos en el debate de que ciertas actividades solamente van a verlas personas con estudios universitarios y no es verdad, hay un gran interés de la gente que proviene de todos los estratos y que, además, tiene el derecho de tener cualquier actividad cultural a su alcance. La cultura no puede ser elitista porque nos pertenece a todas y a todos”.

Argumenta que para que las industrias creativas se desarrollen en México es menester ofrecer estímulos fiscales, que haya modelos que permitan desgravar impuestos a las asociaciones civiles dedicadas a la cultura. “Un ejemplo bueno de algo que ha cambiado mucho en México, en los últimos años es la industria editorial, con editoriales a las que les está yendo muy bien fuera del país y han demostrado que se puede vivir de eso”, remata.

Hay festival 2019

La cuarta edición del encuentro se llevará a cabo del 5 al 8 de septiembre, en Querétaro, y dará cabida a 125 invitados de 27 países, entre ellos, Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia y premio Nobel de la Paz; Michael Ondaatje, ganador del Man Booker Prize por El paciente inglés; Baltasar Garzón, abogado defensor de Julian Assange; Jon Lee Anderson, periodista y escritor; U-God, rapero, productor y miembro de Wu-Tang Clan; Lol Tolhurst, miembro fundador de la banda inglesa The Cure; así como el actor, cineasta y activista mexicano Diego Luna.

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