Ser becario de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) no es un asunto menor. Son muchos los concursantes y pocos los seleccionados. En el caso de la generación 2014-2015, primero y segundo periodos, tres jurados de la especialidad de Cuento, escritores cuyas visiones y literaturas apenas si se tocan, tuvimos que distinguir en cuestiones de técnica, proyecto y expresión artística, a 12 cuentistas de entre más de 200. Tal tarea, aunque ardua, fue fácil. Cada cual por separado estudió?las propuestas y les dimos número y, una vez reunidos, obtuvieron la beca las que mayor puntaje sumaban.

Del grupo que me tocó ser tutor llama la atención el centralismo que campea en los cuentistas de nuevo cuño: si bien ninguno de los seis becarios nació en la Ciudad de México, cuatro son residentes en la capital y sólo dos desarrollan su trabajo fuera del DF. Esto, que pareciera nimio o una casualidad, podría no serlo, por lo que nos tendríamos que preguntar si estamos haciendo bien las cosas en el interior de la República, o: ¿por qué un porcentaje alto de autores jóvenes emigra a la ciudad de México para realizar su obra?

Pedro J. Acuña nació en Chihuahua y reside en la ciudad de México. Sus cuentos esconden, bajo una narrativa en apariencia simple, historias complejas que hablan sobre el dolor no sólo corporal, sino el que carcome el alma, el espíritu, la mente, las emociones o como se le quiera decir a ese misterio interior que nos define. Se trata de un cuentista metódico que sabe que la literatura va más allá de contar una buena anécdota y que se encuentra, justo, en las muchas otras historias que tal anécdota narra de manera no evidente.

Jesús Francisco Conde de Arriaga nació en Ciudad Nezahualcóyotl y, desde niño, se crió en ambientes literarios de la ciudad de México, ya que es hijo del poeta José Francisco Conde Ortega. Con un manejo excepcional de la técnica, Conde de Arriaga tiene una prosa que por momentos se desborda. Se trata de un autor que, pese a su juventud, se puede dar el lujo de la experimentación literaria en la búsqueda no de certezas, sino de las dudas que enriquecen al proceso narrativo.

Elma Correa nació en Mexicali, Baja California. Sus textos, un tanto inclasificables, son una combinación casi surrealista de provocación y desparpajo.

Beatriz F. Oleshko nació en Rusia y desde niña vive en México. Apasionada de su trabajo, aún está en la búsqueda de su mejor voz literaria: a veces formal, con temas y tratamientos argumentales que se pueden tornar un tanto oscuros; a veces lúdica, sutil en el humor y con un gran potencial para descubrir lo incorrecto de lo políticamente correcto .

Juan Maya nació en Tepotzotlán y también reside en la capital de la República. Con ojo clínico para detectar los errores y aciertos literarios, erudito autodidacta de las culturas precortesianas, gusta hacer ficción con los tiempos que se entrecruzan en la parte más antigua de la ciudad de México, lo que le da a su literatura un sabor único que va de la crónica al cuento e, incluso, al ensayo y viceversa, y si el lector se deja envolver tanto de lo histórico como del embuste de sus relatos, pronto se accede a un mundo alucinante.

Josué Sánchez nació en Córdoba, Veracruz, y reside en San Luis Potosí. Sus cuentos hablan por su autor: se trata de un narrador nato que sabe que cualquier hecho es susceptible a convertirse en literatura y que la complejidad artística reside no en el barroquismo, sino en la alquimia de convertir la realidad en una historia sencilla en la que no debe sobrar ni faltan palabras.

Todos ya tienen publicado al menos un libro; sin embargo, parte de su trabajo, como el de las dos mujeres integrantes del grupo, se puede leer en la Antología de letras, dramaturgia, guión cinematográfico y lenguas indígenas, Jóvenes Creadores del FONCA, Generación 2014/2015, editada en papel como en su versión digital.