Resulta imposible hablar objetivamente de un libro como El mundo bajo los párpados de Jacobo Siruela, al menos para quien esto suscribe.

Porque, cómo tomar distancia de algo que a uno le ha modificado la vida o, lo que es más, le ha mostrado la existencia de otra vida .

El mundo bajo los párpados es un libro sobre los sueños pero escrito con enfoques absolutamente novedosos. Por ejemplo, hay un capítulo trata de sueños que han sido importantes históricamente, que decidieron batallas, por ejemplo. Otro trata de las curas de sueño que se hacían en la Antigua Grecia. Uno más, de las relaciones que el sicólogo Karl Jung y el físico teórico Linus Pauli buscaban entre la mecánica cuántica y los fenómenos premonitorios…

Baste decir que antes de El mundo bajo los párpados, el que suscribe rara vez recordaba sus sueños, ahora, aunque no todas las noches y con limitaciones, ha encontrado otra vida mientras duerme.

El mundo bajo los párpados parece ser el trabajo de una vida, casi el propósito de la misma. ¿Es así? ¿Cuándo comenzó a interesarse en los sueños? ¿Cuándo empezó a trabajar en este libro?

Posiblemente, pues ahora estoy preparando el segundo volumen, El sueño y sus metáforas, que tratará sobre el onirismo como creador de metáforas y de las diferentes interpretaciones que se han dado a los sueños desde Gilgamesh hasta hoy, para acabar con la metáfora absoluta de la vida es sueño y todas las doctrinas de la ilusión. Y habrá un tercer volumen, una antología de sueños literarios y realmente soñados.

Pero volviendo al principio de la pregunta, en el año 2002 se me ocurrió la desaforada idea de escribir una historia de los sueños. Luego me di cuenta que no podía hacerse de una manera lineal y académica sino transversal y literaria. Por ello, finalmente, El mundo bajo los párpados es un raro artefacto. Todo el libro tiene un tono literario, pero todas sus fuentes son rigurosas y precisas. Es original y sin embargo no he inventado nada. No he querido ser un creador , como se dice ahora, he pretendido hacer un libro legible que convierta la investigación en algo literario, y la información en conocimiento. Durante estos ocho años de trabajo he querido aprender cosas y poderlas compartir con mis lectores.

En el texto hay, creo, varios anzuelos para escritores e investigadores que podrían generar libros muy adecuados para su editorial. Como incluir el psiquismo en estudios científicos o, quizá, buscar a un escritor de viajes oníricos, un moderno Saint-Denys. ¿Es así? ¿Qué tanto espera esos nuevos libros?

Tanto el volumen de mi mujer (Inka Martí, Cuaderno de noche) como el mío pertenecen a la colección Imaginatio vera, cuyo propósito es abordar la imaginación como verdad. Como principio constitutivo de la realidad. Por lo general, se identifica la imaginación con el escapismo. Sin embargo, los sueños, los mitos y las experiencias místicas o visionarias nos hablan de otra zona de la experiencia. Las narraciones míticas, místicas y oníricas, a pesar de presentarse bajo un ropaje fantasioso, nos hablan de verdades eternas o si se prefiere de verdades psicológicas.

Atalanta intenta contemplar el mundo desde otras perspectivas. A partir de otras metáforas, que compensen la visión literalista y restrictiva del racionalismo patriarcal moderno, que cree haberse apropiado de todas las formas de racionalidad.

¿Por qué fijarse tanto en el pasado y poco en el presente? Jung y Pauli parecen ser lo más actual, y de las investigaciones contemporáneas solo se dice que se está haciendo algo en universidades estadounidenses.

Bueno, trato de evitar la superstición del presente. El presente no es superior al pasado, aunque sea capaz de despertar un mayor interés en el público. También, he utilizado estos ejemplos, digamos, por necesidades del guión. Al analizar en el libro el tiempo de los sueños, y concretamente el tiempo paradójico de los sueños premonitorios, no encuentro unas visiones más profundas e interesantes que las que dieron un filósofo como Schopenhauer, un psicólogo de la talla de Jung o un científico visionario como Dunne, cuyas especulaciones han continuado su desarrollo con los universos paralelos que plantea la física de hoy en día.

¿Alguien en esas universidades está haciendo algo que le parezca a usted realmente importante para el tema? ¿Quién? ¿Qué?

Creo que Estados Unidos es el único país en donde las universidades valoran ciertas investigaciones que no tendrían cabida en centros universitarios europeos, más apegados a su historia y a la ideología que esta ha creado en los centros académicos.

No es que haya un libro definitivo, pero se nota que la física cuántica, la psicología analítica y transpersonal, la antropología, el estudio de las religiones y la investigación de los fenómenos psi, de alguna forma, están dando un giro más amplio a nuestro paradigma de la realidad.

Creo que aún en el siglo XXI no se ha digerido las aportaciones del siglo XX, empezando por la física cuántica

La ciencia contemporánea se preocupa mucho por las interferencias de la subjetividad, la cual parece ser un componente indisoluble de este tema de estudio. Por dónde cree usted que estaría el camino, ¿tratando de incorporar la subjetividad al método científico? o ¿haciendo un nuevo método científico relacionado con el psiquismo?

Creo que no. No podemos incluir el subjetivismo en la metodología científica. Sería como quitar la pasta a los macarrones. La base de la ciencia es el método empírico y la objetividad. Aunque ahora sabemos que esto no es ningún absolutismo, pues como demostró la física cuántica: el observador influye en lo observado.

El problema de la ciencia es que camina en compartimentos especializados y no da una descripción total de la realidad. Los libros de ciencia hablan de forma fascinante de un elemento de la realidad, que es la materia, pero qué sucede con lo psíquico. ¿Acaso un pensamiento o un sentimiento no es tan real, psicológicamente hablando, como una partícula lo es para la perspectiva de la física? Necesitamos la unión de los opuestos, en lugar de una eterna y estéril lucha entre ellos.

Cuénteme la relación personal (no académica o profesional) que usted ha tenido con los sueños, una pesadilla que le haya marcado la infancia, un sueño recurrente…

Si alguien escribe un libro filosófico sobre el amor, ¿cree usted que tendría que contar cómo fueron sus historias amorosas? Con los sueños ocurre lo mismo. No se puede frivolizar con ellos. Los sueños son nuestra biografía íntima. Si quise publicar los sueños de mi mujer es porque ella tiene sueños muy poco frecuentes, y, en cierta manera, universales, gracias a que empezó a anotarlos en un momento importante de su biografía, que corresponde a la mitad de su vida. Yo hice un libro de investigación y ella un cuaderno de noche sobre sus sueños. Son libros complementarios. Pero cada uno responde a un objetivo distinto.

También omitió casi todo lo referente a la interpretación de los sueños (salvo por Jung y en referencia a la premonición), ¿por qué?

Con El mundo bajo los párpados quise ofrecer unas perspectivas sobre el onirismo poco trilladas. En lugar de hablar de Freud y Jung y de las interpretaciones al uso, me planteé contestar preguntas inusuales como: ¿dónde estamos cuando soñamos? O, ¿cuál es el tiempo de los sueños? O, ¿cuál es la relación del onirismo con la historia, con lo sagrado, o con la muerte?

¿Le parece que no hay estudios serios al respecto?

Hay de todo, pero es un tema muy amplio, muy complejo y muy escurridizo. Con la psique no hay fronteras ni respuestas definitivas. Es un universo opaco y por eso mismo fascinante.

Hay personas que no recuerdan sus sueños, creen incluso que duermen pero no sueñan. En lo mucho que ha investigado, ¿qué se sabe de ellos? ¿No recordar los sueños es algún tipo de desorden? (Añado que yo recordaba muy poco mis sueños antes de leer su libro).

En una cultura que da poca importancia a los sueños, estos acaban pasando a la reserva. Los hombres se acuerdan menos que las mujeres de sus sueños. Las mujeres tienen una relación más natural e instintiva con lo inconsciente.

En las tribus de África, los sueños eran interpretados por el chamán porque las interpretaciones de éste eran consideradas de suma importancia para la tribu y éste tenía que distinguir entre los grandes sueños y los normales e intrascendentes, y sacaba su sentido de ellos. Cuando llegó el hombre blanco y su medicina, los chamanes sanadores fueron desapareciendo.

Ahora en la sociedad de la hiper-información, observo que la memoria es un instrumento que cada vez parece ser menos necesario porque el ordenador es nuestra memoria. También la memoria, en general, se va perdiendo. Cuando no existía la imprenta, en Grecia tenían que memorizar la Ilíada, la Odisea y los mitos, pero ahora nuestra memoria está en el libro impreso. Ya no es un instrumento de supervivencia cultural.