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Il Postino: una maravilla discreta
La historia detrás de Il Postino, ópera de Daniel Catán, tiene una coincidencia significativa con la historia de la película de 1994 del mismo título. No es que ambas obras están basadas en la novela Ardiente paciencia del chileno Antonio Skármeta, no. Es algo más trágico, más emotivo.
La historia detrás de Il Postino, ópera de Daniel Catán, tiene una coincidencia significativa con la historia de la película de 1994 del mismo título. No es que ambas obras están basadas en la novela Ardiente paciencia del chileno Antonio Skármeta, no. Es algo más trágico, más emotivo.
El lector que ha visto la película recordará a su protagonista, Massimo Troisi, quien además fue escritor y alma del proyecto. Troisi, enfermo del corazón, postergó una intervención médica para poder rodar la cinta. Un día después de terminarla, como en una ópera trágica, murió mientras dormía, abatido por un infarto definitivo.
He aquí la coincidencia: días antes de que se estrenara mundialmente la ópera Il Postino, su compositor Daniel Catán falleció también cuando dormía. Tenía 62 años de edad y estaba en plenitud de sus facultades creativas.
Quede lo anterior como una anécdota, una casualidad triste. Como sea, quede asentado que ya desde su origen Il Postino carga con el sino de las historias conmovedoras.
En el Festival Cervantino se representó la obra de Catán como un homenaje al autor y como gran acto de cierre. Una ópera en tres actos, en español, con el coro y la compañía de Bellas Artes es, sin duda, un gran regalo para la audiencia del festival, un público que no es necesariamente operístico, que quiere un acto solemne que cierre el gran Cervantino y además un buen show.
Il Postino es ambas cosas.
Es una ópera ligera y divertida que no alcanza las tres horas de duración, fluye como una película y hace reír, enternece y emociona. La trama quizá la recordará de la película o de la novela de Skármeta. Si no, un breve resumen: Pablo Neruda, el poeta, ha sido expulsado de Chile. Su exilio lo pasa en una pequeña isla de pescadores, en Italia mediterránea. Ahí conoce a Mario, cartero (el postino del título) joven e ingenuo, quien al lado de Neruda descubre la inmensidad de la poesía.
Podría pensarse que Il Postino es una vehículo de lucimiento para el tenor que hace a Neruda (Catán escribió el papel con Plácido Domingo en mente). Pero no es así. Es una ópera curiosa pues, aunque los momentos más grandilocuentes se los llevan Neruda (en el Cervantino, cantado por el español Vicente Ombuena) y Mario (Israel Lozano), cada personaje tiene su momento de lucimiento, como si la obra estuviera compuesta de muchos protagonistas breves. Inclusive la partitura es así: no hay un aria que sea la única que se quede en la memoria, todas son estrellas discretas.
cmoreno@eleconomista.com.mx