En la última sesión del Salón 3 en la tercera jornada de actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) se habló en náhuatl y en español. No podía ser de otra forma por tratarse del homenaje al tlamatini de México, Miguel León-Portilla, organizado por El Colegio Nacional so pretexto de la presentación de su libro póstumo “Teatro náhuatl. Prehispánico, colonial y moderno”, una recopilación del ejercicio teatral de la historia del teatro en el país en todos sus periodos.

Los que subieron al estrado para evocar al antropólogo, filósofo, historiador y escritor fueron el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, el dramaturgo Luis de Tavira, la actriz Marina de Tavira y el traductor y hablante nativo del náhuatl Victoriano de la Cruz, moderados por el editor Alejandro Cruz Atienza, mientras que, en el público, estuvo presente la también antropóloga y lingüista Ascensión Hernández Triviño, “Chonita”, viuda del homenajeado.

Este fue un homenaje distinto a aquellos que este año se le han venido acumulando al célebre autor de la “Visión de los vencidos”, en vida y después de su fallecimiento, el pasado 1 de octubre. El tiempo apremió el conversatorio y se vino encima de las reflexiones y los elogios que el dramaturgo Luis de Tavira refirió del trabajo del último trabajo de León-Portilla, o quizás no el último sino el más reciente, se dijo, dado que, como es bien sabido, aquel que fuera fundamental para la reivindicación de la voz y la dignidad de los pueblos indígenas trabajó hasta el último día de su vida. En este homenaje se recuperó otra de las tantas vocaciones que León-Portilla dominó como nadie, la del hombre de teatro, el dramaturgo, el investigador de las artes interpretativas de Mesoamérica.

“Miguel León-Portilla era incansable. Leía, escribía, daba conferencias. Era un dinamo para producir. Hoy tenemos la fortuna de tener a la mano este libro que le llevó varios años trabajar y para la que contó con ayudantes, pero, lo que él quería decirnos está aquí. Es un libro realmente bellísimo”, explicó Matos Moctezuma.

Complementó que “Miguel siempre fue muy rebelde. O sea que, en 1956, cuando se graduó y salió su ‘Filosofía náhuatl’, él hablaba de que ahí había una forma de pensamiento particular y no todo era Grecia. Le dio ese pensamiento universal al indígena que, hasta ese momento, no se había considerado así. Después se rebeló y le dio la voz a los vencidos. Entonces, recopiló documentos en náhuatl y nos dio ese libro que ha sido traducido a más de 20 lenguas. Ahora vemos en este libro eso mismo”.

Las intervenciones de Matos Moctezuma y de De Tavira se intercalaron con las lecturas de Marina de Tavira y Victoriano de la Cruz de fragmentos de textos contenidos en el libro de León-Portilla, un fragmento del texto “Coloquios y doctrina cristiana”, del periodo colonial, de fray Bernardino de Sahagún; un fragmento al español de “El abandono de Tula”, una traducción de “Esperando a Godot” al náhuatl y un fragmento como ejemplo del teatro prehispánico, en los cantares, que describe el abandono de la ciudad tolteca de Tula por Quetzalcóatl, y fue retomado por un joven León-Portilla para escribir la obra de teatro “La huida de Quetzalcóatl”, que, además, en este volumen, tiene una traducción al náhuatl.

Para Luis de Tavira, “Teatro náhuatl. Prehispánico, colonial y moderno” es, a un tiempo, un libro culminante y fundamental.

“Culminante porque en la reflexión que lo trama encontramos una interlocución luminosa en su primer libro sobre la filosofía náhuatl y fundamental porque supone una imprescindible genealogía de la teatralidad mesoamericana que hoy reconocemos propiamente mexicana”, argumentó.

También dijo que “en esta aproximación a la teatralidad milenaria de los mesoamericanos, León-Portilla nos propone también un modo de pensar el teatro cuyo hacer saber es volver a pensar el devenir de las culturas”.

Finalmente, Marina de Tavira y Victoriano de la Cruz, cerraron la sesión con la lectura de sus textos de cierre.

Este martes, “Chonita” y Miguel León-Portilla, este de manera póstuma, serán objeto del Homenaje al Bibliófilo José Luis Martínez, reconocimiento que en años anteriores han recibido intelectuales y gestores como Alberto Ruy Sánchez, Miguel Ángel Porrúa, Adolfo Castañón, Ernesto de la Peña y Andrés Henestrosa.

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