La discriminación a la mujer es bíblica.

Dios es hombre.

En el principio, Dios creó el cielo y la tierra (Génesis, 1:1). También al primer homínido, Adán. Dios dijo: hágase el hombre a mi imagen y semejanza. Y domine a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a las bestias y a los reptiles de la tierra (1:26).

En el versículo 1:27, sin embargo, se repite eso de la imagen y se añade: Dios los creó varón y hembra , y para acabar el primer capítulo, los bendijo, les regaló lo existente y los animó a multiplicarse.

En el capítulo 2, la coherencia temporal de la Biblia no mejora.

Dios formó con lodo al hombre y, tras soplar en su rostro, le dio vida (7). Lo ubicó en un jardín delicioso (8) y le habló del árbol prohibido, porque el día que comas sus frutos, morirás (17).

Luego, Dios creó a la mujer para paliar la soledad de Adán. Dios dijo: no es bueno que el hombre esté solo: hay que darle a alguien semejante a él para que lo ayude y le haga compañía (18). Dios hizo caer un sueño profundo en Adán y, mientras dormía, le quitó una costilla (21). Y de la costilla, formó a una mujer (22).

El hombre está hecho, pues, a imagen y semejanza de Dios, mientras que la mujer, a semejanza del hombre. Adán exclamó: ella es hueso de mis huesos y carne de mi carne. La llamaré Hembra, pues fue creada a partir del hombre (23).

Y ambos, Adán y su esposa, estaban desnudos y no sentían ningún rubor (25).

Ya en el capítulo 3, no se entiende por qué la serpiente, el animal más astuto de cuantos creó Dios (1), engañó a la mujer al decirle que si comían (Hembra y Adán) del árbol prohibido, no morirán (4). Y un instante después, revelarle: Dios sabe que en el momento?en que coman (del árbol) se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal (5).

Así que la mujer cogió el fruto, lo comió y se lo convidó a su esposo, quien también comió (6).

Ahora, si bien la serpiente?pudo engañar a la mujer fue gracias a la inocencia de la propia Hembra. Sin embargo, cuando ésta coge el fruto y se lo come, pierde la inocencia y, ya con conocimiento de causa, se lo ofrece a Adán, consumando con ello el primer pecado de la humanidad.

Luego de que ambos abrieran los ojos (que perdieran la inocencia), al verse desnudos, se cubrieron con hojas de una higuera (7).

Dios llamó entonces a Adán y le dijo: ¿Dónde estás? (9)

Adán: He oído su voz en el paraíso y me llené de temor y vergüenza, pues estoy desnudo. De manera que me he escondido (10).

Dios: ¿Pues quién te ha advertido de tu desnudez? ¿Quién te ha dado de comer el fruto que yo te había prohibido? (11)

Adán: La mujer que me diste por compañera (12).

Dios a la mujer: ¿Por qué lo has hecho? La cual respondió: la serpiente me ha engañado (13).

Dios maldijo entonces a la serpiente, a la mujer y al hombre. A Hembra: Multiplicaré ?tus trabajos y miserias en la preñez. Con dolor parirás a tus hijos y serás dominada por tu marido (16).

¡Qué de raro tiene, pues, que luego de más de 20 siglos de cargar con esta cosmogonía ?judeocristiana, nuestra?concepción en torno a la mujer apenas haya cambiado!

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