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Hallan ancestros más antiguos de Tabasco
Algunos restos óseos son del periodo Arcaico, entre 8,000 y 2,500 a. C.

Restos óseos de 29 individuos de distintos periodos, la mayoría acompañados por objetos ornamentales y ofrendas rituales, depositados en la cueva de Puyil, en Tabasco, fueron recuperados por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y presentados este martes en el Museo Nacional de Antropología.
La importancia del hallazgo y su estudio, refirió el arqueólogo Luis Alberto Martos López, quien encabezó las expediciones para su rescate y dio reporte de los trabajos en el recinto capitalino, es que de los restos humanos hallados en distintos puntos de las 10 cámaras de la cueva, los dos de mayor antigüedad, ubicados en el periodo Arcaico (entre los años 8,000 y 2,500 a. C.), guardan relación con la genealogía de las tribus de Asia que paulatinamente cruzaron el Estrecho de Bering para poblar el continente americano hace casi 28,000 años.
Acompañado por la secretaria de Cultura federal, María Cristina García Cepeda; el gobernador de Tabasco, Arturo Núñez Jiménez, y Diego Prieto Hernández, director general del INAH, el investigador Martos señaló que otro dato relevante del hallazgo es que dicha cueva freática, ubicada sobre la ladera de una montaña a 3.5 kilómetros de la población indígena de Puxcatán, únicamente accesible a pie y que desciende hasta 30 metros por debajo del nivel del valle, fue usada en distintas épocas con motivos rituales relacionados con la petición de lluvia y también como depositario mortuorio.
Rituales vigentes
La mayor cantidad de restos humanos del hallazgo presenta deformaciones cefálicas distintivas de pobladores mayas del Clásico Tardío (600-900 d. C.), quienes, a decir del experto, pudieron conocer y reinterpretar dichos rituales arcaicos, algunos de los cuales se extendieron hasta la actualidad.
“Puxcatán está poblado por alrededor de 1,288 habitantes, de los cuales 98% son indígenas. Ellos son los que conocían esta cueva desde antaño y la siguen utilizando. Sigue estando vigente en los rituales. Cuentan que tres días después del 3 de mayo, si hay sequía, van a la cueva en peregrinación. Dejan veladoras, aguardiente y comida”, relató el arqueólogo.
Dicho ritual de petición de lluvia, detalló, se ha realizado desde antaño al interior de la cueva, frente a una formación geológica relacionada con la figura de una mazorca, en cuyo punto más alto se halló un plato de cerámica de aproximadamente el año 750 d. C.
Más hallazgos
“De los 29 individuos identificados, 22 resultaron adultos, cuatro adolescentes y tres infantes. En cinco encontramos deformación craneal, cuatro de ellos tabular oblicuo y uno de ellos, rarísimo: tabular erecto, que es raro verlo en zona maya”, refirió Martos López.
Agregó que los objetos que acompañaban a los restos, sobre todo en la última cámara, fueron en su mayoría ornamentos de concha provenientes tanto del Golfo de México, como del Pacífico y del Caribe, dos conchas del río Usumacinta, serpentina de Oaxaca, jadeíta, obsidiana y pirita provenientes de Honduras y Guatemala, así como dos discos de arenisca que tenían mosaicos de pirita para formar espejos, lo cual es un atributo distintivo de los guerreros.
“Todo (el hallazgo óseo), más la cerámica, las deformaciones y una mutilación dental, nos apunta a que la cueva fue utilizada por los mayas principalmente entre el años 600 y 850 d. C. (...) Ellos conocían esta cueva, sabían lo que había adentro; respetaron los huesos que hallaron y dejaron sus propios depósitos. Eso alarga el periodo de ocupación de la cueva desde hace 7,000 años y hasta nuestros días”, detalló el especialista.
Parte del hallazgo se exhibe en el vestíbulo del Museo Nacional de Antropología con el nombre de Puyil, la cueva de los ancestros.