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“Fauna”, de Nicolás Pereda, una crítica del elogio al narco en el arte

Foto EE: Cortesía
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Por Ricardo Quiroga

Después de un recorrido por festivales y ser premiada en Morelia, la cinta protagonizada por los actores de la compañía “Lagartijas tiradas al sol” llega a salas como una denuncia sobre cómo hemos interiorizado y elogiado la violencia desde el cine.

Los géneros son una invención. Les ponemos límites para controlar y diferenciarnos los unos de otros, por lo regular, en binarismos. De ahí la tensión reaccionaria que se vive con el rompimiento de las barreras. Esto sucede tanto en el terreno humano como en el plano narrativo. La literatura y el cine son dos artes en las que estos géneros se están diluyendo y no están exentos de la tensión.

Este fin de semana se estrenó en nuestro país la cinta “Fauna”, escrita, dirigida, editada y producida por el realizador mexicano Nicolás Pereda, después de un amplio recorrido por cines del mundo y de haberse ganado el premio a Mejor Dirección en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

En un momento donde se le rinde pleitesía a las narrativas audiovisuales que apelan al multiverso, el realizador, ayudado por los actores de la compañía Lagartijas tiradas al sol, Lázaro Gabino Rodríguez, Luisa Pardo, Francisco Barreiro y Mariana Villegas, entre otros, rompe con el estricto orden aristotélico con el que los espectadores del cine occidental hemos sido domesticados.

Los nombres de los personajes no cambian, son exactamente los mismos que los nombres de los actores. Gabino y Luisa son hermanos (en el relato) y están de visita en la casa de sus padres. Luisa lleva con ella a su novio Francisco, cuyo rostro es reconocible porque participa en la popular serie Narcos: México, cosa que sí sucede en realidad, donde interpreta a Francisco Arellano Félix, para no variar, con el mismo nombre de pila.

La fascinación del padre de Luisa por tener en casa al actor de un mitologizado capo de la droga lleva la visita hasta la incomodidad. En una escena tan cómica como extraña, el padre de Luisa lleva a su hijo y a su yerno a una cantina y ahí obliga a Francisco a interpretar su personaje de narco una y otra vez, porque quizás sea una distinción el interpretar a un hombre con ese nefasto poder, porque a ese y a otros capos de la droga los ha consolidado la propia ficción como habitantes de un olimpo.

A partir de aquí, la historia comienza a entrar más y más en una metadiégesis en la que un personaje asume otro personaje y este otro personaje más, en cortas historias que, a decir del director, integran una crítica contra la interiorización de la violencia. Esa violencia que todos replicamos, empaquetamos y a la que rendimos pleitesía.

Las representaciones de la violencia

“Fauna”, comparte Pereda, “no es una película de denuncia social. Es una película de denuncia pero de otro tipo”.

La obra está inspirada en un par de lecturas de Pereda. Una de ellas es del libro “Los cárteles no existen: narcotráfico y cultura en México”, de Oswaldo Zavala, el cual problematiza sobre la representación artística de la cultura del narcotráfico, “de cómo en la música, en el cine, en el arte contemporáneo, se ha reducido la manera en la que entendemos el narcotráfico en México, que en el narco esos capos y esas balaceras son solamente un par de eslabones dentro de un mar de complejidades que han empapado a toda la sociedad”.

La segunda lectura es del libro Fauna; desplazamientos, del escritor uruguayo Mario Levrero, un thriller que, sin embargo, abreva de la cotidianidad, sin esa exaltación ni la épica a la que nos hemos acostumbrado.

También hay mucho de teatro en la cinta, en gran parte gracias a la impronta de un grupo de actores acostumbrados a las tablas, a dirigir teatro, de tal manera que parece que Nicolás Pereda colocó la cámara en una historia que luce sobre todo por su valor histriónico, más que por el rebuscado valor técnico.

“Las películas no las hace uno solo. Mucho de mi cine tiene que ver con la colaboración con los actores. Escribo el guion pensando directamente en los actores y después lo que ellos me dan me sorprende.

“Lo que más me interesa de ellos en particular (los integrantes de esta compañía) es que no solo son actores sino directores de teatro. Su relación además con este arte es extraña, es de teatro documental, de teatro contemporáneo, donde los personajes en el escenario son al mismo tiempo personajes y las personas mismas. Y hay algo de ‘Fauna’ que tomo de su sistema, para poder pasar rápidamente de una persona valiéndose solamente de una peluca ridícula”.

Finalmente, asegura que hay algo en las posibilidades de la experimentación con la ficción que le entusiasma y en esta cinta se concreta ese interés.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

kg

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