Once piezas escultóricas, 11 historias de mujeres que la artista Alejandra Zermeño ha materializado y reunido en la exposición Las custodias del maíz, que este sábado se inaugura en la galería Aguafuerte, de la colonia Roma.

Es el retrato figurativo de mujeres de distintas entidades del país que han tenido una relación económica o social con el maíz, aunque la artista arguye que éste es un mero pretexto, un hilo conductor, para hablar de un tema aún más universal: la feminidad contemporánea.

Cada obra escultórica, de tamaño pequeño o en escala real, tiene los rasgos expresivos de las mujeres que donaron sus historias para que Zermeño las modelara en bronce a la cera perdida. De sus cuerpos se entraman los que Zermeño llama “animales de poder”, lobos, osos, serpientes, peces, que se entraman o emergen como si fueran nuevas extremidades y sintetizan las transformaciones vivenciales de cada donadora de su experiencia.

Piezas relatadas

La pieza detonadora de la serie, la que recibe al visitante en Aguafuerte y protagoniza la imagen del afiche de la muestra, lleva por nombre “It start” (2016-2019). Es la imagen de una mujer encinta, desnuda, de pie, notoriamente sonriente, tomando su vientre con ambas manos. Su cabeza se transforma en la cabeza de una osa. Está en pleno proceso de transformación.

“Esta pieza habla sobre la resiliencia y la transformación, porque justo en el periodo que yo había tomado la decisión, muy difícil, de divorciarme después de 12 años, mi mejor amiga, una ilustradora que había hecho una campaña muy grande sobre el maíz, lograba quedar embarazada. Ambas, ella de manera literal y yo, metafóricamente, empezábamos a dar vida a un nuevo proyecto. Por eso presento al personaje tranquilo, abrazando su nueva vida, transformándose en la osa, que es la protectora”, explica la artista.

De ese tamaño son las profundidades de las que se compone el resto de las piezas. Algunas de las vivencias que las respaldan son fuertes y más cercanas a Zermeño que otras. Como ejemplo, está el busto “Mamaestra”, una pieza de bronce del 2018 trabajada primeramente en resina, en el 2014; es por demás significativa para la creadora, puesto que es el retrato escultórico de su madre en cuyo torso se adhieren conchas de mar de todos los tamaños, como si fueran parte de su anatomía.

“Ella falleció de cáncer en el 2015. Gracias a ella se detonaron un montón de preguntas sobre la enfermedad, la sanación y, sobre todo, sobre la feminidad. Ella fue maestra toda su vida, daba clases para alumnos con problemas de aprendizaje y toda su vida la dedicó a personas de muy bajos recursos. La presento con pequeñas conchas de mar, cuidando y protegiendo a esos animalitos que van a salir al mar. Esta pieza tenía que estar en esta exposición, porque en realidad toda es un homenaje a mi madre”, refiere.

Más allá, se yergue otro busto, su nombre es “Sakura (la flor del cerezo)” (2017), que presenta el rostro de Ayumi, la primer nieta y única mujer de japoneses radicados en México, a quien sus padres le habían destinado al cuidado de su familia, incluso la obligaban a sonreír de cierta manera, a comportarse según los cánones japoneses tradicionales. Alrededor de su rostro le brotan flores, la abrazan, porque ha decidido romper con esa tradición. Está floreciendo.

“Cuando conocí a Ayumi, acababa de pasar una revolución en su casa, donde puso un alto, ya no quiso ser la mujer que le decían que tenía que ser. La vi en su esplendor”, explica Zermeño. Su animal de poder, un pez koi, nada entre ese florecimiento, en la parte trasera de su brazo izquierdo. “Es la representación de este viaje que comienza a emprender, pero también a su pasado japonés”, detalla.

Estar ahí para contarlo

Éstas son algunas de las historias de las piezas que integran Las custodias del maíz. Para la artista, el relato que fundamenta cada escultura es tan importante como la obra misma; por ello, ha colocado una ficha con los datos técnicos, pero también con el relato de cada mujer. Por si fuera poco, la artista se ha comprometido a permanecer en la galería mientras dure la exposición, para atender personalmente a los visitantes.

“A mis esculturas las llamo esculturas emocionales. La mitad de ellas tiene que ver con el hilo conductor a través del maíz, y la otra mitad con el momento emocional en el que me encontraba cuando las estaba esculpiendo. Es decir, narran dos historias a la par”, explica, y agrega que: “En general mi trabajo es muy obsesivo. Trabajo pieza por pieza modelada y luego la inserto en el modelado general”.

Zermeño se asume como artista autogestora. Se ha labrado una trayectoria profesional independiente del todo. A pesar de no haber recibido una beca de gobierno, se ha forjado una noción propia como negociante, abriéndose paso ella misma en los circuitos del arte, vinculándose con sus propios patrocinadores, tanto personas físicas como morales, que han aportado para permitir la continuidad de su producción artística.

En el caso de Las custodias del maíz, cada obra ahí presentada ha sido financiada por personas distintas, muchas de ellas, dueñas de la obra expuesta.

A pesar de que la muestra está abierta para todo el público desde el pasado lunes, la artista llevará a cabo un acto de inauguración este sábado 3 de agosto. Varias de las mujeres que han modelado para las piezas exhibidas asistirán y se encontrarán con sus representaciones por primera vez. Zermeño está segura de que habrá muchas lecturas emocionales que valdrá la pena registrar de ese momento.

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