La Medalla al Mérito en Artes 2018 en la disciplina de Arquitectura fue para el arquitecto y urbanista Felipe Leal Fernández, a quien la Comisión de Derechos Culturales del Congreso de la Ciudad de México se la otorgó el 16 de mayo pasado en sesión solemne, junto con otros seis distinguidos ciudadanos.

La distinción al trabajo del arquitecto, se dijo durante la ceremonia en el pleno, le reconoce por “poner en manifiesto que en esta ciudad la transformación se vive desde las expresiones más humanizantes del arte, para demostrar así que nuestra ciudad también es innovadora, porque irradia cultura propia”, expresó la diputada Jannete Guerrero Maya, en el Congreso capitalino.

Felipe Leal es responsable de obra pública como la recuperación y restauración de la Plaza de la República (Monumento a la Revolución), la Alameda Central y del replanteamiento como vía peatonal de la calle Madero, en el centro histórico de la capital mexicana. También fue quien lideró las gestiones para incorporar el campus central de Ciudad Universitaria de la UNAM a la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Luego de ser galardonado, el arquitecto Leal accedió a platicar con El Economista.

—¿Cuál es el compromiso que se adquiere con una distinción como ésta?.

Todos los premios motivan sentimientos encontrados. Dan satisfacción, pero también hacen reflexionar, ser autocrítico. En mi caso, se trata de hacer un repaso de las acciones en las cuales he podido contribuir en la ciudad con el espacio público, pero también con acciones como lo que se hizo con la UNAM y con particulares.

Esto lleva a ver la ciudad con ojos críticos. Siempre hay que verla así para proponer. Te das cuenta de muchas de sus disfunciones: espacios que están ahí, latentes, semiabandonados, inutilizados, y hallarles el potencial.

—¿Es una obligación llevar estas visiones de ciudad a las autoridades competentes?.

Sin lugar a duda. Hay que romper con esa idea de que la autoridad es la única que demanda. Hay muchos casos en el mundo donde hay avances de ciudad que son producto de demandas ciudadanas y que no hubiera pensado la autoridad. Lo que pasa con la autoridad es que, en muchos de los casos, está inmersa en resolver el día a día. Le ha faltado la parte de laboratorio o de un pensamiento propositivo (...) grupos de trabajo que ofrezcan diagnósticos proactivos de desarrollo urbano. A esos hay que involucrar.

Tarde o temprano, y es muy triste, la administración pública te traiciona en el sentido de que son tantas las normas, las solicitudes de información pública, las normativas y la burocracia, que te gana; entonces, le dedicas mucho tiempo a ello. Hay que evitar que la administración caiga en esos procesos de resolver el día a día.

—¿Hay instancias en el gobierno que actualmente asuman estas responsabilidades de visión?.

Es triste que haya desaparecido como tal la Autoridad del Espacio Público, que se incorporó a la Secretaría de Obras y Servicios. Pero no es lo mismo, porque se tenía una ventana hacia la sociedad, a los medios. Considero que hay un retroceso en ese sentido.

—¿Qué hay del conflicto del crecimiento urbano horizontal, con la construcción de complejos de vivienda fuera de la ciudad, y, con él, los problemas de movilidad y de eficiencia del transporte público, sin mencionar la depreciación de la calidad de vida?

Ese esquema está totalmente derrotado. Fue terrible el crecimiento que hubo durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. El sexenio pasado se frenó, se hicieron las cuentas y vieron que no sale.

Con ese presupuesto es mejor comprar terreno urbano. Tenemos zonas de la ciudad con reservas. Sale más barato hacer un banco de crédito para que el gobierno compre esas reservas y las ofrezca a crédito, pero en el núcleo urbano. Es un esquema claro, pero tiene que ver con números y con arrojo. Ese análisis se tiene que hacer por medio de grupos de trabajo que provean alternativas, porque, reitero, las autoridades no se dan abasto.

—¿Es viable un esquema como este en una política de austeridad como la actual?

Es que en eso no se puede ser austero. Si eres consecuente, deriva en una política de austeridad. Al contrario, la actual es una política de derroche. Es más barato arreglar un parque, una calle, y alumbrarlos bien que invertir en patrullas, pistolas, chalecos y macanas. Es mejor iluminar lugares para que la sociedad se vigile. Se trata de reorientar. Se entiende a embellecer la ciudad como algo cosmético, pero no es así; es de esencia, es hacerla funcional. Se trata de visión. Las ciudades han avanzado cuando ha habido proyectos con esa visión.

—¿Qué temas son prioritarios de atender en la ciudad?

Primero, recuperar suelo urbano para hacer viviendas, lo cual no se ha tratado hasta ahora. También el espacio público, bajo cualquier óptica: servicios de limpia, alumbrado, mejoramiento de los espacios abiertos, que sean dignos. Otra es la parte ambiental, que recientemente se salió de control; de nuevo la reforestación, el manejo de los residuos sólidos. Todo eso puede ser muy crítico. Y la parte de la seguridad, la que sí veo muy ligada al espacio público y con el desarrollo económico. Se ha detonado la inseguridad porque hay un decrecimiento económico por varios factores.

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