Humo de cigarro perenne, tan omnipresente como las pilas y pilas de expedientes, los trajes grises y las caras serias, agotadas. Sí, es un ambiente absolutamente burocrático. Así se peleó la Guerra Fría: en oficinas que tenían el mismo glamour que un juzgado civil mexicano. James Bond es para pusilánimes, un verdadero espía juega a la intriga internacional aunque esté sentado detrás de un escritorio. Sobre todo cuando está sentado detrás de un escritorio.

Es 1973, Inglaterra. Plena Guerra Fría. George Smiley, agente retirado del MI6, tiene que regresar a investigar lo indecible: la presencia de un doble agente soviético dentro de las más altas esferas de El circo", como los allegados llaman a Servicio Secreto británico. ¿Quién será el traidor? ¿Será el actual Director del Servicio Secreto? ¿Será su mano derecha? ¿Será cualquiera de los altos funcionarios con los que Smiley ha convivido hombro con hombro durante años?

De eso va El espía que sabía demasiado, mejor conocida como El topo, mejor conocida como Tinker, Tailor, Soldier, Spy. Si es usted aficionado a las novelas de espionaje, el nombre de John Le Carré no le será desconocido.

Le Carré, espía él mismo, revolucionó para siempre el género de los best sellers de intriga política y espionaje con su novela El topo, obra de la que El espía que sabía demasiado es versión fílmica.

En la primera secuencia de la cinta, Control (John Hurt), líder del MI6, encarga al agente Jim Pridaux que compre información a un general húngaro que asegura saber quién es El topo , el traidor dentro del Servicio Secreto. El operativo falla y Pridaux muere en la escena. ¿O no es así? A continuación, ya con Smiley a cargo del caso, lo que sigue son una serie de interrogatorios, entrevistas y discusiones que poco a poco, lentamente (muy lentamente, es una película a la que hay que tenerle paciencia) arrojan luz sobre el escenario.

En escena, como sospechosos todos, están Tinker (Toby Jones), Tailor (Colin Firth), Soldier (Ciarán Hinds) y Poorman (David Dencik). Si se pregunta porque los pintorescos nombres es porque se trata de sus nombres claves dentro del lenguaje secreto de MI6.

Tomas Alfredson dirige esta cinta de espías con un ritmo aletargado, sí, burocrático. Cada una de las secuencias parece suceder en un cubículo donde impera el desorden, el miedo y la sospecha. A George Smiley lo protagoniza Gary Oldman, quien está nominado al Oscar por su trabajo. Lo merece. Oldman dota a Smiley de un tono moderado y suspicaz que nos hace perfectamente creíble a este veterano de la intriga.

El espía que sabía demasiado consigue que el espectador se mantenga interesado a pesar de que su guión no es de lo mejor: demasiados personajes, diálogos muy crípticos, como el resto de los personajes el espectador no sabe en quién confiar.