Alan Pingarrón (México, 1987) tiene una memoria que daría celos al Funes de Borges. Se acuerda del día exacto en que comenzó a tomar clases de canto. “El 15 de enero de 2001, tenía 13 años y me estaba cambiando la voz”.

Quería aprender a cantar porque le encantaba José José. Su papá lo ponía y él quería cantar así: boleros, baladas. Se sabe todos los temas del cantante, además de una gran cantidad de arias, siete óperas completas y decenas de boleros.

Su maestro es Leonardo Mortera (México, 1969), quien le enseñó los principios de la musicografía. En braille. Verán, Alan es un tenor ciego y tiene un vozarrón que conmueve. “La musicalidad de Alan esa sí no se la enseñé yo”, dice Mortera.

A partir de los 17 o 18 años la voz de Alan se volvió poderosa. Hasta su risa es estentórea. Su modo de ser es suave, pero seguro de sí. Aunque dice que todavía se pone nervioso en los conciertos que da con la Sinfónica de Minería.

Y todavía más nervioso, dice, en los conciertos para niños que da con su maestro Leonardo. “Es una gran responsabilidad salir al escenario con los niños”, dice, “y más cuando ven a un gritón como yo y no se horrorizan”.

Alan Pingarrón y Leonardo Mortera han creado esta serie de conciertos para familias que dan en distintas sedes, “puede ir un bebé desde un mes”, aclara Mortera. Una de ellas es Bellas Artes. Otras son foros más pequeños como La Teatrería, en la colonia Roma, donde se presentarán este sábado con dos recitales.

Alan canta al piano. Entre canciones, Leonardo cuenta cuentos: una leyenda holandesa, una historia sobre un viejito al que le da gripa. “Dejamos que los niños sean niños. Hacen ruido, se mueven, pero la verdad es que los niños son más receptivos y respetuosos que los adultos”, dice Mortera. En vez de butacas se ponen colchonetas para que los pequeños y sus padres ser recuesten y estén cómodos.

“Los niños no son bobos”

“Le quitamos esta parte seria a la música, los niños se acercan a nosotros y nosotros a ellos, es una cercanía mutua”, dice Alan y Leonardo completa: “Es impresionante cómo se acercan los niños a Alan, lo quieren tocar, abrazar”. Lo niños, coinciden ambos, son capaces de conmoverse con la música que se ha dado en llamar clásica o culta, pero que en realidad es música para todos. Esfuerzos como los del tenor y su maestro lo demuestran.

“Les ponemos arias bien cantadas y bien puestas, como debe ser, los niños no son bobos”, dice el maestro Mortera, quien es compositor de profesión, pero se ha dedicado a dar clases de técnica vocal. “A diferencia de Alan a mí no me apasiona la ópera, pero sí la técnica del canto. De estudiante era muy mal cantante —Mortera también estudió teatro; Hugo Argüelles, quien fue mi maestro, me decía ‘Qué bueno que eres buen actor, porque cantas horrible’”.

Ahora, después de estudiar música, dice que “se defiende” cantando, pero lo suyo es lo otro: dirigir, enseñar. Y los conciertos para familias.

“Los niños chiquitos son un público descuidado por la cultura. A un niño de 3 años lo puedes llevar a ver a Peppa Pig o Paw Patrol, pero no a un concierto”, dice Mortera. “Es como darles una dieta de papas con cátsup y Coca y luego, cuando sea más grande, darle verduras: claro que no le van a gustar.

“Ir a un concierto debería ser como ir al parque”

Alan Pingarrón ama la ópera. Su repertorio va de ligero a lírico: Rigoletto, El elixir de amor, La Traviata. “Lo más pesado que tengo es Tosca”. Dice que le gusta lo difícil, que en la Escuela Nacional de Música quería echarse los papeles más complejos, aunque los maestros le dijeran que era muy joven. Cantó al Caravadosi a los 20 años de edad. Recóndita armonía

Ahora Alan participará este enero en el concurso de canto Francisco Viñas, que ya celebra su edición 55. Viajará a Barcelona a las preliminares.

Además del canto, a Alan le gusta tomar fotos y ama los coches. Dice que los japoneses le gustan, más los Mazda que los Honda. Los reconoce por su motor: así de educado está su oído. “Me gusta puro carro barato: BMW, Land Rover, Mercedes”. Sonríe ante su propio chiste.

Alan y Leonardo son grandes amigos, se nota. Casi uno completa las frases del otro. “Si nos agarran en la hora del amigo no nos sacan”, dice Mortera en la sesión de fotos para esta entrevista. Alan es risueña y mientras lo retratan canturrea algunas canciones. De José José, por supuesto.

Concierto para familias

La Teatrería.

Tabasco 152, Roma Norte.

Sábado 9 de diciembre, 11 am y 12:30 pm.

concepcion.moreno@eleconomista.mx