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El renacer de una diosa
Pocas presentaciones de libros han tenido tanta generosidad en su propuesta y la respuesta del público como en la del volumen Inanna, reina del cielo y de la Tierra el jueves en el Cine Lido, del Centro Cultural Bella Época.
Pocas presentaciones de libros han tenido tanta generosidad en su propuesta y la respuesta del público como en la del volumen Inanna, reina del cielo y de la Tierra el jueves en el Cine Lido, del Centro Cultural Bella Época.
Y es que además de la presentación propiamente dicha hubo una lectura dramatizada, dirigida por Lorena Maza y con un magnífico elenco de 11 (el idioma español conmina a llamar a esas personas actores , dada la presencia de tres varones, pero en este caso, por razones que se verán más adelante, se impone hacer una excepción a la regla) actrices; presentación de música -piano y soprano- compuesta para la ocasión por Mariana Villanueva, y una exposición de la obra de dos artistas plásticas: Alicia Montemayor y Ofelia Iszaevich.
El público no sólo respondió abarrotando el lugar. También mostró gran entusiasmo ante las distintas presentaciones y representaciones.
Pero, te preguntarás amable lector, ¿qué tiene de especial el libro presentado para juntar tantos buenos augurios?
Qué bueno que lo preguntas, lector, ya que el libro no parece tener algo especial. De hecho, lo que se presentó en el Lido fue la traducción que hizo la poeta Elsa Cross de un libro publicado en Estados Unidos en 1983.
Sin embargo, en el fondo se trata, sin exageración, de uno de los libros más interesantes de la humanidad, pues es la recopilación, a partir de los textos más antiguos que se hayan encontrado, de la historia de la diosa sumeria Inanna.
Las tabletas de arcilla en escritura cuneiforme de donde vienen estos relatos tienen, las más antiguas, cerca de 4,000 años; sin embargo, las historias probablemente tuvieron su origen 1,500 años antes, toda vez que el culto a Inanna puede rastrearse, comentó Cross, hasta el Neolítico.
Desde el inframundo del olvido
Independientemente de que es imposible rastrear a los autores originales de las historias de la diosa, la autora del libro, cuya traducción al español que se ofrece ahora es de Diane Wolkstein, escritora y actriz que en 1979 buscaba una gran historia de una diosa de la Luna.
Pero se dio cuenta de que no había tal. Había una multitud de diosas lunares: Ishtar, Mari, Diana, Isis, Hécate, Pasifae, Selene, Lilith, pero los relatos eran fragmentarios, incompletos.
Entonces se topó, en un libro del sumeriólogo Samuel Noah Kramer, una referencia a la diosa que sobrepasó, eclipsó y sobrevivió a todas las demás [ ] Inanna desempeñó un papel mayor que cualquier otra deidad, femenina o masculina, en los mitos, epopeyas e himnos .
Y es que, si bien no nació como una de las diosas principales, cuando ya era reina del cielo y de la Tierra, responsable de la fertilidad y el crecimiento, se convirtió en una heroína y, despojándose de sus atributos de diosa, bajó al inframundo de donde emergió, ahora así, como la gran diosa del cielo, la Tierra y el inframundo.
El relato estaba aún incompleto, por lo que en los siguientes años Kramer tradujo del sumerio lo que faltaba y Wolkstein probaba en escena el funcionamiento del poema narrativo en inglés, hasta que llegaron al libro.
Diane recordó que cuando le contó en 1979 a Kramer, presentó un par de episodios de vida de Inanna ante un publico sobrecogido de asombro ; él dijo que le habían respondido a ella: Pero le aseguré que era la misma Inanna que lo había cautivado a él durante 50 años la que ahora también los cautivaba a ellos .
En la presentación en México, Cross contó cómo ella misma, la teatrera Lorena Maza, la compositora Mariana Villanueva y las artistas plásticas Alicia Montemayor y Ofelia Iszaevich se habían encontrado con el culto a Inanna, una diosa que fue mucho más que la comparsa o la pareja de un dios masculino y a nadie de los que estábamos ahí reunidos nos cupo duda de que, independientemente de quién de ellas nos hubiera invitado a asistir, habíamos llegado para ver renacer a la gran diosa sumeria, Inanna, reina del cielo y de la Tierra.
mlino@eleconomista.com.mx