Durante el 2020, los cierres y restricciones impuestos en todos los ámbitos a causa de la irrupción de la pandemia de Covid-19, sin ser la industria del séptimo arte una excepción, acotaron significativamente la productividad de la industria cinematográfica y generaron la ruptura de la cadena de valores económicos y de consumo del cine.

De acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), durante el periodo de marzo a diciembre de 2020, los ingresos por venta de boletos fueron de apenas 804 millones de pesos, es decir un 95% menos que en el mismo periodo del 2019.

La Encuesta Nacional de Confianza del Consumidor, del Inegi, con datos a septiembre del 2020, revela que de entre las motivaciones para asistir o no asistir al cine el año pasado el 45% del público encuestado declaró que no asistió por el costo que implica una visita a las salas de exhibición, mientras que solamente el 1% antepuso la pandemia para no asistir. En otras palabras, el impacto de la crisis en el bolsillo de los consumidores de cine ha sido mucho más decisivo para no asistir a las salas que el riesgo de contagio.

Estas cifras fueron punto de partida para la mesa “Repercusiones de la pandemia en la industria cinematográfica”, organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la que tomaron parte la doctora en Economía Violeta Rodríguez del Villar, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas; el doctor en Historia Francisco Peredo Castro, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y el cineasta Rigoberto Castañeda, académico de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC).

“La recuperación de las salas de cine tiene que pasar forzosamente por la recuperación económica de los consumidores. Es el elemento fundamental”, consideró la doctora en Economía. “El valor agregado que proporcionan las actividades del cine no ha sido suficiente para compensar la caída en el bolsillo del público”.

Explicó que durante la pandemia la oferta de las plataformas streaming se impuso a la disponible en las salas, a la que además hay que sumar los gastos de desplazamiento.

“Las encuestas indican que una vez que termine la pandemia los consumidores de cine no van a regresar en masa (…) están siendo pragmáticos. (Los exhibidores) tienen todo en contra para lograr la recuperación y, sin embargo, coincido, es una industria que hay que sacar adelante frente a la competencia de las plataformas de streaming”. El gobierno, dijo, debe realizar acciones de recuperación económica rápida y sostenida que se refleje lo más inmediato posible en la población.

Por su parte, el historiador Francisco Peredo Castro opinó que “se rompen las cadenas de valor cuando una cuestión como la pandemia impacta en la posibilidad de que el cine se consuma, porque entonces significa que también se están interrumpiendo los procesos de socialización y aculturación que están asociados con este arte”.

Explicó que el cine es un vehículo privilegiado para la construcción de representaciones y con este se han multiplicado los tipos de espectadores, pero la poca exhibición de filmes no comerciales en las salas convencionales  —entre ellos gran parte del cine nacional— ha implicado el divorcio de ciertas comunidades de espectadores por la forma en que tradicionalmente se maneja la industria, situación que se ha agudizado por la pandemia.

Las salas serán acaparadas por el cine de Hollywood

El cineasta Rigoberto Castañeda anticipó que el momento en que la industria de la exhibición pueda reactivarse en plenitud no será el final de los problemas de exhibición del cine nacional.

“Las salas van a ser invadidas por el cine americano, todos los blockbusters van a invadir las pantallas. Competir con el cine americano, cuando van a colmar los espacios todas las películas que se retrasaron en el 2020 más las de 2021, simplemente será imposible”.

Otro de los hándicaps que enfrenta el cine nacional en este contexto, explicó, es que para aquellas cintas que han decidido estrenarse durante la emergencia sanitaria —porque sus productores han decidido no encontrarse con el vaticinado cuello de botella hollywoodense— la recuperación de inversión ha sido prácticamente inviable. Muchas de ellas han sido adquiridas por las plataformas, lo cual permite una mayor exposición.

“El problema es que a nivel negocio eso tampoco es muy positivo porque en cualquiera de las empresas streaming te compran la película a un precio dependiendo de la taquilla que tuviste. Entonces, al haber estado en una taquilla pobre por la situación pandémica, las plataformas también pagan poco”, refirió.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx