Cuando hablamos de comunicación y de poder solemos centrarnos en qué decir y cómo decirlo. Nos centramos en el mensaje clave y en el estilo. Pero casi nunca hablamos de lo que no se dice, de las pausas y del silencio. Un espacio vacío o una pausa pueden ser altamente poderosos.

Recordemos ese castigo para hermanos pequeños de permanecer en silencio nariz con nariz. Esa falta de sonido, sumado al enfoque de atención, rompe la inercia, conecta algo y desconecta lo otro.

Imaginemos un escenario con una sola persona a punto de iniciar una exposición. Permanece callada al centro con la mirada fija en la audiencia. Si tiembla y su expresión corporal es corta, nos comunica temor e inseguridad perdiendo el respeto de la audiencia. Pero si, por el contrario, llena el espacio con su presencia y se mueve de un lado a otro con intención clara se fortalecerá y será el foco absoluto del auditorio. El silencio destruye al débil porque no sabe lidiar con él, pero construye al fuerte porque lo usa a su favor.

El mundo va a mil por hora. Si nos encontramos en un debate, podemos sorprendernos respondiendo antes de que el otro haya terminado de hablar o preguntar. Si no ha concluido la pregunta, ¿qué tan probable es que podamos responder adecuadamente? En estos contextos, el silencio es sinónimo de escucha e implica un silencio tanto verbal como mental. Frenar el diálogo interno y realmente poner atención, nos permitirá una comunicación mucho más amable, profunda y efectiva.

¿Nos encontramos en una entrevista? ¿Requerimos resolver un problema complicado? ¿Hay en el aire una pregunta difícil? Es mucho mejor callar que responder algo erróneo o que nos comprometa. Guardar silencio por un momento, nos permite darnos tiempo a nosotros mismos para pensar, reflexionar la situación y procesar la información con la que contamos. El poder de la pausa en estas situaciones tendrá el efecto de aportar más y mejor. Así se construye una personalidad y, por lo tanto, una reputación prudente, sensata y respetable.

Algunos somos más sensibles que otros. Unos son más reactivos y otros son menos inteligentes emocionalmente. Cuando padecemos de ansiedad, altos niveles de estrés y disociamos lo intelectual de lo sensorial, tomarnos una pausa nos permite interiorizar y procesar de mejor forma el contexto que estamos enfrentando. También nos permite escuchar nuestro instinto.

El otro también tiene ansiedad y estrés. Por lo que no sólo ganamos cuando nos mejoramos a nosotros mismos ante nuestro yo de ayer, sino que nos presentamos como interlocutores o competidores mucho mejor preparados. El silencio es paciencia y la paciencia es fortaleza.

Es una forma de separarnos de la realidad y entrar en consejo con nuestros diferentes yo. Llegar a un consenso interno, proyecta una postura más sólida. De esta forma, podemos ser más asertivos, más contundentes y convencer a otros porque nosotros mismos estamos convencidos. 

Existen silencios como estrategia corporativa. En una situación de crisis, mientras mayor la espera, mayor es la exposición al daño reputacional. Cuando se trata de un rumor o un ataque infundado, el silencio puede ser usado para desacreditar al atacante. ¿No dicen las madres que la mejor forma de combatir un chisme es ignorarlo?

En una feria comercial, una avenida con muchos espectaculares o un concierto donde todo es ruido tanto sonoro como visual y hay una férrea competencia por llamar la atención, quien gana es el espacio en blanco. Tenemos una necesidad desesperada de pausa. Por eso las plastas de color y los stands minimalistas están a la orden del día. Por eso amamos la publicidad de Gandhi o de Bachoco, porque es un regalo de tiempo; un respiro fresco.

El tempo del habla es tan importante como el tempo del silencio. Toda melodía se compone de ambos y las mejores narraciones son las que logran el equilibrio perfecto que conmueve y emociona. El storytelling corporativo es eso, la estrategia más poderosa que combina mensajes y silencios para lograr los objetivos institucionales.

Que una noticia no se comparta también comunica. ¿Un político dio positivo en Covid-19 y no lo dijo? Está indicando que está bajo control o que es tan grave que es mejor ocultarlo. La discreción en las familias reales les blinda de muchos escándalos. Los acusados de un crimen usan el silencio como escudo mientras que los detectives lo usan como herramienta de presión psicológica. El silencio es política, es defensa y ofensa a la vez.

Saber cuándo callar es tan importante o más que saber qué decir. El mejor observador y el mejor escucha llegan más lejos y descubren antes los enigmas. El silencio comunica, empodera, fortalece, empatiza y defiende. El silencio es amable o agresivo y construye o destruye. El silencio es y está. Si no aprendemos a usarlo a nuestro favor, seguramente será usado en nuestra contra.

* Angélica Bucio es politóloga, administradora y comunicadora, experta en comunicación estratégica corporativa. Es directora de Comunicación y Asuntos Públicos de la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones.

Twitter: @AngieBucioM