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Arte e Ideas

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El niño al que le gusta hacer lo más difícil

Músico, arquitecto y pintor, a Ricardo Garduño le excitan dos cosas: la dificultad de una obra y la fama de sus modelos.

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El estudio del pintor Ricardo Garduño es una juguetería. Todo tiene color, todo llama la atención. En el sillón, como si acabara de jugar con ellos, están amontonados varios muñequitos. Entre ellos se reconoce a Dorotea y sus amigos el león cobarde, el hombre de hojalata y el espantapájaros; Pinocho y Caperucita completan la pandilla: una colección de fantasía.

Hay candelabros con forma de cráneo como los que luciría orgullosa la recámara de un adolescente adicto al heavy metal. Una botella de perfume de esas que llevan una bombilla. Buda preside la estancia.

En la mesita del café, libros de arte: Ross Watson, Jaime Hayón, David LaChapelle: tres obsesivos del oropel, la fama, el color y el erotismo exaltado.

Y como juguete mayor, un gran piano blanco de cola.

Si los objetos definen a su dueño, ?Ricardo Garduño es un niño.

Lo compruebo al conocerlo al fin en persona. Es un niño porque es muy jovencito: apenas 25 años. Pero es un niño muy serio.

Siempre me gustó hacer lo más difícil, cuando era niño y tocaba el piano siempre ejecutaba las piezas más complicadas , dice Garduño. Por eso se dedica a la pintura hiperrealista, género en el que se necesita una técnica precisa y un ojo privilegiado. Es pintar como un fotógrafo retrata, pero de tal suerte que, donde el fotógrafo acomoda luces durante un rato y dispara en un instante, el pintor tiene que memorizar la incidencia de la luz, los reflejos sobre el pelo, la expresión del momento en su modelo, para pasar horas dibujando y pintando. Garduño indica que como pintor aprendió a ser fotógrafo.

Músico y arquitecto: ?pintor obsesivo

Pero hay que detenerse. El piano no es un juguete más: Garduño primero fue músico y de manera muy profesional. Llegó a tener recitales como solista en la Sala Chopin y en varios museos del DF. El niño músico tenía un pasatiempo: pintar.

Andando el tiempo, Ricardo Garduño grabó un disco de piezas originales (patrocinado por el actor Julio Alemán) y estudió Arquitectura.

En la facultad se metió a un concurso de hiperrealismo únicamente para demostrar que podía hacer lo más duro, lo más difícil. Y ganó. Descubrió que pintar podía ser su vida.

Y es que el arte lo rodeó siempre. Desde que tengo memoria en mi vida ha habido arte, piezas en mi casa, gente que hablaba de arte en la comida . Dice que todo se lo debe a su padre, dedicado al comercio de arte. Desde niño me decía ‘hazme un dibujito’ y él me lo pagaba . Es decir, para Garduño el arte, sobre todo la pintura, es varias cosas: pasatiempo, profesión y negocio. Sin que se le mueva el pelo ni se indigne por mi pregunta, me responde que sus obras llegan a valorarse en 20,000 dólares.

Pintar es también su oportunidad de conocer luminarias. Y es que niño pintor tiene una obsesión con las estrellas. Las televisivas, para ser exactos. La fama lo apasiona.

Musas del canal ?de la estrellas

Hace unas semanas, Garduño tuvo una breve exposición en la Antigua Cámara de Diputados, en Donceles. Ahí mostró su trabajo más reciente, un conjunto de obras tituladas Dos reinos.

Siempre he creído en la unión de los dos reinos, el animal y el de los humanos. Sé perfectamente que biológicamente ellos y nosotros somos animales, pero me refiero a una unión entre lo divino y lo terrenal , dice Garduño frente a tres de las piezas que expuso en Dos reinos.

En una, un hombre calvo y de pelo en pecho mira al cielo, con una corona de espinas sobre la frente. El modelo es su amigo y decidió plasmarlo como Cristo como acto de cariño. Es la unión de un ser humano y un dios , dice el pintor. Es, además, una pintura erótica, sensual. Hay tanto deseo en esa imagen como en las siguientes.

Aislinn Derbez se ve bellísima. Paola Rojas abre la boca como atrapada en un orgasmo. Sus dos musas no son anónimas, ni personas conocidas sólo por el pintor, sino que son famosas en todo el país.

Con Aislinn pasaron cosas muy especiales… Siempre la quería conocer, y amigos comunes estuvieron a punto de presentármela tres veces, y tres veces no sucedió. Hasta que gracias a un amigo la conocí y le dije que la quería pintar .

Es un acto íntimo ser retratado. Es dejarse ver, dejarse tocar. Casi te podría decir que es algo sexual , dice Garduño, mientras mira de frente el gran retrato de la hija de Eugenio Derbez.

Además de Paola Rojas y Aislinn Derbez, Garduño ha retratado a la conductora y modelo Montserrat Oliver, a la socialité Bárbara Coppel y al actor Miguel Rodarte, todos perfectos en blanco y negro. Celebridades menores, si se quiere, pero celebridades al fin y al cabo.

¿Por qué la fama?

A mí la fama me llama mucho, vivo del aplauso. Conocer famosos me llena, me gusta encontrarles el lado espiritual, verlos bellos.

¿Y les encuentras ese lado espiritual?

Para mí ese lado está presente siempre. Cuando se ven eróticos, cuando siento esa excitación tremenda al conocerlos, todo eso es espíritu para mí. Me gustan los famosos y para mí pintarlos es analizarlos tal cual son.

Los observas...

Soy un espía, su espía. Ellos abren la ventana y eso que veo lo pinto. Por eso pinto sus ojos, es en lo que más me tardo.

¿Eres como David LaChapelle, que se acerca a los famosos para retratarlos en entornos arriesgados?

A LaChapelle lo admiró mucho. Uno de los grandes momentos de mi vida fue cuando conocí a Amanda Lepore (la musa transgénero de LaChapelle) y la pude retratar. Lo de los entornos arriesgados no sé, me gusta sacarlos de su estado habitual. A Paola Rojas, por ejemplo, sacarla del noticiero y poner en esa pose sexual con una botella de perfume, como diva de los 40.

¿Te gustaría hacer algo a la Warhol, ya sabes, con la Factory y todo ese cultivo de la celebridad?

Lo próximo que haré será muy pop art, con mucho color. Hasta ahora mi trabajo ha sido en blanco y negro… Creo que ya no voy a hacer famosos, quiero pasar a una nueva etapa de mi obra.

Ricardo Garduño, con sus juguetes, su erotismo y su hambre de fama. Ricardo Garduño, el espía espiritual de las musas del canal de las estrellas.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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