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Arte e Ideas

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El hombre que hizo llorar a Lou Reed

Íntimos extraños (2006, Ediciones B) es un compilación de sabrosas entrevistas que Cane, crítico de cine, le hizo a varios astros de la pantalla.

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Para Mike, el Padrino de a devis.

En los días pasados de eterno domingo invernal tuve el gusto de encontrarme por casualidad y buena suerte el libro Íntimos extraños de Miguel Cane (rima con Ariane, diva mitológica que salvó a Teseo del minotauro. Como ella, Cane es versado en laberintos).

Íntimos extraños (2006, Ediciones B) es un compilación de sabrosas entrevistas que Cane, crítico de cine, le hizo a varios astros de la pantalla. Está el engañosamente simple Colin Farell (que, como su imagen de niño malo requiere, pide ser entrevistado en un billar entre cervezas y cigarrillos, pero que tiene a su hermanita como asistente personal), la simpática Marcia Cross (versada en interpretar a mujeres histéricas como Bree, su personaje en Desperate Housewives. Sorpresa: la mujer tiene una maestría en psicoterapia) y la simplemente deslumbrante Liv Ullman, legendaria aunque ella diga que las icónicas son las películas, yo no .

Cane tiene habilidad de galeno para saber dónde cortar, dónde picar y dónde sobar a sus entrevistados (o como Ariane, pues: sabe moverse en los laberintos de la gente) para lograr íntimas conversaciones públicas.

Esa habilidad, que convierte a Miguel no sólo en un excelente periodista, también en un personaje memorable para quienes lo conocemos en persona, le da título al Garage del día de hoy. Es una anécdota de esas que merecen volverse literatura (no lo haré yo, ojalá lo haga el propio Cane, aunque quien mejor la cuenta es otro maestro del periodismo y de la plática de sobremesa, el gran Sergio Zurita).

Hace algunos años Lou Reed visitó nuestro país para tocar en el Teatro Metropólitan. Hosco como suele ser, el rockero vegetaba en la típica conferencia de prensa en la que los reporteros: a) son incapaces de hacer preguntas más interesantes que ¿ ya probó los tacos? , b) van a pedir el autógrafo para venderlo en Mercado Libre, c) son pateados sin misericordia por el entrevistado por preguntar idioteces o pedir autógrafos.

Lou Reed, ni falta hace decirlo, tiene la pata pesada. Desprecia abiertamente a la prensa (grabado para la posteridad está el revolcón que le metió al crítico de rock Robert Christgau en su disco Take No Prisoners).

Vegetaba, pues, Reed en esa conferencia de prensa chilanga, cuando tomó la palabra Miguel Cane, entonces un joven reportero al que nadie conocía.

Señor Reed -dijo Miguel, con esa cara que tiene de buen nieto- yo sólo vengo a preguntarle por Nico . Nico, diva lisérgica, starlet de la Factoría de Andy Warhol, vocalista de The Velvet Underground, antagonista apasionada y amiga inolvidable de Lou Reed.

Según cuentan los que estuvieron ahí, fue como si al eterno tipo duro le hubieran dicho que su mamá se había muerto llamándolo a gritos. Reed comenzó: Bueno, Nico, sí, Nico... ella... y se le quebró la voz.

Cuando la conferencia de prensa terminó, el viejo Lou mandó llamar al impertinente que osó pinchar su nostalgia. Curioseó el interés de Miguel por Nico - The Velvet Underground & Nico es mi disco favorito contestó- y con la mirada pérdida en los espectros de Manhattan, le preguntó cuál era su canción favorita: All Tomorrow’s Parties (por cierto, Todas las fiestas de mañana se llama la primera novela de Cane).

Esa noche el Metropólitan tembló con una muy sentida versión de All Tomorrow’s Parties .

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