Eduardo Matos Moctezuma es para México el arqueólogo mayor, un pilar del INAH y un faro para los estudiosos del pasado mesoamericano”, expresó el antropólogo Diego Prieto, titular del Instituto Nacional de Antropología e Historia en ocasión del reconocimiento que le tributaron al arqueólogo por antonomasia cuando lo nombraron, en noviembre del 2019, miembro emérito del Seminario de Cultura Mexicana. Este próximo jueves, 10 de diciembre, cumplirá 80 años de edad; tan solo uno menos que la institución a la que ha dedicado 60 años de su fructífera carrera, cuyo nombre es y será ineludible cuando se traten los grandes descubrimientos en nuestro país de finales del siglo XX y los albores del XXI. Tal vez, uno de los secretos de su “eterna juventud” sea ese ahínco por encontrarse a sí mismo en la búsqueda del pasado; larga vida al “profesor”, expresaron la Secretaría de Cultura y el propio INAH en un comunicado, saludando el acontecimiento.

Gran divulgador

Destacaron además de sus logros académicos, su gran papel de divulgador. “Como pocos intelectuales, Eduardo Matos puede preciarse de tener una legión de seguidores, cientos, quizás, varios miles —sin necesidad de redes sociales— que lo reconocen en la calle y a quienes ha acercado de manera amena el México prehispánico que yace bajo nuestros pies”.

Como cabeza de las excavaciones en el Templo Mayor de Tenochtitlan, desde 1978, comprendió la importancia de informar sobre lo que ocurría en ese mítico espacio, contando los avances a toda la población, al igual que lo hace con miembros de la realeza, jefes de Estado, premios Nobel o destacadas figuras del espectáculo, que ineludible visitan los vestigios del recinto sagrado de los mexicas.

Ese anecdotario acumulado lo pone a disposición de todo aquel que lo quiera, compartiéndolo de viva voz en conferencias o escribiendo una ingente cantidad de libros o artículos en las páginas de la revista Arqueología Mexicana.

Pero la vocación no es siempre un camino definido, como ha referido el autor de “Muerte al filo de obsidiana”. Por la mente de un joven Eduardo Matos cruzó la idea de destinar sus días a la arquitectura, a la poesía e, incluso, a la veterinaria, pero un libro le cambió la vida: Dioses, tumbas y sabios, del alemán C. W. Ceram.  Su madre —como él ha dicho— hizo un último intento de disuasión para que a la par de sus cursos en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), por las mañanas estudiara en la Escuela Bancaria y Comercial, pero no se dejó persuadir: “El mismo amigo que me había dado a leer el libro de Dioses, tumbas y sabios, Luis Alberto Vargas, médico y antropólogo muy reconocido, me dio uno de los mejores consejos: Lo más probable es que te mueras de hambre, pero feliz”, confiesa.

Trayectoria

Eduardo Matos es maestro en Ciencias Antropológicas, con especialidad en Arqueología, por la ENAH y por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), instituciones con las que realizó investigaciones en sitios arqueológicos como Tepeapulco, Bonampak, Comalcalco, Cholula, Coacalco, Tlatelolco, Tula y Teotihuacan.

Ha sido director de los museos Nacional de Antropología y del Templo Mayor, presidente del Consejo de Arqueología del INAH y titular del Proyecto Templo Mayor, del que fue fundador al igual que del Programa de Arqueología Urbana (PAU).

Además, su nombre aparece en cerca de 500 fichas bibliográficas, ya sea como autor o coautor de libros, artículos, introducciones, prólogos, presentaciones, reseñas, críticas, catálogos y guías. Ha merecido varios honoris causa de parte de las universidades más prestigiosas del orbe, y es miembro emérito del INAH, de El Colegio Nacional y del Seminario de Cultura Mexicana, entre otras señeras instituciones. Una cátedra lleva su nombre en la Universidad de Harvard y es reconocido en el mundo como un referente de la arqueología mesoamericana.

Lleva más de 40 años reconstruyendo con minúsculas teselas el nuevo rostro mexica, gracias a la cantidad de investigaciones que ha dirigido o impulsado a partir de hallazgos reveladores en el recinto sagrado y sus alrededores: desde luego el núcleo del Huei Teocalli en sus respectivas etapas constructivas, el desenterramiento de la diosa Tlaltecuhtli, que dirigió “su mejor alumno y mejor maestro”, Leonardo López Luján, y más recientemente el Calmecac, el Cuauhxicalco, El Templo de Ehécatl, El Juego de Pelota y el Huei Tzompantli.

En 2019 salió a la luz en dos tomos el libro Al pie del Templo Mayor. Estudios en honor de Eduardo Matos Moctezuma, coordinado por Leonardo López Luján y Ximena Chávez Balderas. en el que se publican 30 trabajos escritos por arqueólogos jóvenes y estudiosos de otras disciplinas que han ayudado a configurar eso que él llama “el nuevo rostro del mexica”. Ese proceso que culmina en estos estudios —dice el profesor Matos— es lo que a él más le enorgullece y no un hallazgo concreto.

Pero la poesía nunca lo ha abandonado, y sigue siendo otra de sus grandes pasiones, y lo expresa en un pensamiento dedicado a sus hijos:

“Cuando ya sea yo ceniza, heredarás mi cuerpo. Nada más puedo dejarte, puesto que nada más tengo. Heredarás mis tardes, heredarás el viento, heredarás mi carne, heredarás mi aliento. Te dejaré mi poseía con un pedazo de tiempo…”.