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Arte e Ideas

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El alma del Misisipi ?en México

De cuando B.B. King estaba vivo.

El lunes 28 de septiembre de 1992, con motivo de un concierto, escribí una crónica en la que aparece B.B. King, quien falleció el viernes pasado. Como a los grandes hay que recordarlos vivos nunca muertos , transcribo fragmentos de aquel trabajo que titulé: Albert King y B.B. King o el alma del Misisipi en el Auditorio Nacional .

Llovía sobre la ciudad de México. De las alcantarillas, a semejanza de una película de cine negro, se alzaban columnas como fuegos fatuos. El Auditorio Nacional, en la apertura del Segundo Festival de Jazz y Blues de los tiempos recientes, estaba casi vacío o, más bien, con tan sólo media entrada. Poco público para un concierto de guitarristas de blues que inició la noche del sábado y concluyó la madrugada del domingo. Siete horas continuas, entre breves intermedios, con Albert King, Robben Ford, Buddy Guy, Robert Cray, B.B. King y sus respectivas bandas.

La imagen en los teclados de Guillermo Briseño abrió la velada. Los músicos de Albert King, la partitura. Y Albert, el de risa maquiavélica y voz de ala de ángel, la ensoñación del Misisipi, el gran río que al moverse emana lamentos, gozo añejo, rebelde, sufriente, hondo, del pueblo negro de las riberas del sur. Sin embargo, Albert, pese a lo mal que, según él, estaba tocando su baterista, su bajista y, por último, el sonido del local, con su guitarra en forma de V condujo la vanguardia del blues clásico, rico, melodioso, ese que narra las historias más tristes con los tonos más alegres en poco más de una hora de actuación.

Segundo en escena fue Robben Ford, para quien cualquier adjetivo de encomio es mínimo. Hombre blanco que lleva la fusión del blues a notas progresistas, al jazz apenas soñado como posible, un sueño contado en voz baja con total virtuosismo que, acompañado por un bajista y un baterista, expuso lo más relevante del maratón.

La parte festivalera y divertida estuvo a cargo de Buddy Guy, de quien Eric Clapton ha escrito: Es por mucho el mejor guitarrista vivo para contar la anécdota de que una vez Jimi Hendrix canceló una presentación sólo para ir a un club privado en donde tocaría Buddy. Robert Cray y su banda se decantaron por el eclecticismo, a la fusión de blues con ritmos latinos que, en sus mejores momentos, sonaba a Frank Zappa y, aunque tales sonoridades también por momentos motivaban el baile, nadie se levantó de su asiento.

Eran las 2 de la madrugada y el grueso del público estaba cansado. Y aunque en esencia el blues purifica el alma, tantas horas y tanta diversidad de ritmos en una sola noche agota, crea fantasmas que, a veces, no se pueden asimilar. Sin embargo, los hombres de B.B. King ya habían subido al escenario y los ánimos se volvieron a encender.

Trompeta, saxofón, requinto, teclados, batería, bajo, todo un grupo de artistas negros le dieron entrada a un B.B. King que, por tercera vez en México, saco azul brillante con flores blancas, pajarita negra, camisa blanca, pantalón café y zapatos negros, hizo, con voz y guitara en mano, que la gente se pusiera de pie para ovacionarlo. Y no importó que el sonido de las bocinas no emergiera con claridad, pues el Hijo del Misisipi Delta llenó de melancolía ardiente, húmeda, festiva, cada rincón del auditorio, convirtiéndose en sí en la personificación en carne y hueso del blues, esa música negra que llega a los orígenes mismos de la música , sea del color que sea.

Cualquier descripción del rey B.B. está de más: simplemente, otra vez en las calles lluviosas de la ciudad de México, esas en donde las alcantarillas despedían figuras como de fuegos fatuos, tras el concierto, todo, absolutamente todo, semáforos, árboles, noctámbulos, patrullas, casas, prostitutas, travestis, restaurantes e, incluso, el bosque y los lagos de Chapultepec, emanaban voz, guitarra y presencia de un pueblo que siempre ha sido libre gracias a la música.

Coda

El próximo jueves, a las 5 de la tarde, Gustavo Marcovich presentará mi libro Un colibrí es el corazón de un dios que levita, dentro del marco de la Feria del Libro Kiosco Morisco (Alameda de Santa María la Ribera, ciudad de México).Y luego es casi seguro que celebraremos en alguna cantina del barrio.

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