¿El arte performático es inherentemente efímero? Y si no, ¿cuál es la manera correcta de documentarlo? ¿Performance es la palabra correcta para definir a todo el arte para el que el cuerpo es el principal vehículo de enunciación? De no ser así, ¿cómo reducirlo a un mismo objeto de estudio?

“Ésas son las grandes preguntas”, dice la curadora Alejandra Moreno. “Desde el Centro de Documentación Arkheia (en el Museo Universitario Arte Contemporáneo —MUAC—), donde estamos ocupándonos en preservarlo, no sólo se trata de resguardar sino de refrescar, poder transmitirlo a las generaciones que no estuvieron”, explica.

Sin embargo, hace referencia a que la postura de los expertos acerca de la documentación del arte acción es subjetiva; que hay artistas que no piensan a favor de su documentación sino que encargan sus acciones artísticas a los únicos testigos presentes en el momento, en el espacio de su activación.

Por otro lado, la curadora defiende que el arte acción tiene la capacidad de trastocar y, con esta característica, preservarse de modos variados en la conciencia colectiva. Refiere que es engañoso pensar que el mensaje se disuelve una vez que el artista ha culminado su acción performática, aun si no ha sido registrado en fotografía o en video.

Arte acción en vez de performance

Alejandra Moreno es integrante del equipo curatorial que ha montado la exposición Arte Acción en México. Registro y residuos, que a partir del sábado 2 de febrero podrá visitarse en la planta baja del Museo Universitario Arte Contemporáneo, en la que será la primera revisión de arte acción en la historia del país.

Se requirió cerca de un año y medio de investigación para integrar los más de 170 objetos expuestos, entre recortes de periódicos, fotografías, videos, guiones, invitaciones y otros documentos que dan constancia de diversas acciones artísticas ejecutadas a lo largo de más de cuatro décadas, de 1971 a 2014, reunidas a partir de la revisión de 50 fondos documentales y las dos colecciones en posesión del Centro de Documentación Arkheia.

El hecho de que la exposición lleve por nombre “Arte Acción” y que la curadora se refiera a esta disciplina de la misma manera, no es una arbitrariedad, pues explica que uno de los logros de la investigación fue la imposibilidad de encasillar al artista en un marco conceptual.

“En nuestra visión de trabajo nos preguntamos si queríamos llamarlo performance, que es como suele ser referido. Entonces decidimos preguntarle a los artistas y nos fuimos encontrando con una serie de respuestas a la que llamamos ‘El inventario mutante’: unos artistas nos decían que hacían ‘ritual performático’, otros decían que era ‘la o el performance’; o incluso le llamaban ‘momento plástico’, en el caso de No-grupo. Fuimos viendo que (el concepto) depende de la época, de las preocupaciones y ocupaciones distintas”.

Denomisnarlo arte acción, asegura Alejandra Moreno, permite al espectador mantener las distancias de las distintas propuestas artísticas de la muestra, puesto que muchas de ellas han contrapuesto su visión creativa y argumental. Hace mención, por ejemplo, de Pola Weiss, cuyas acciones de videoarte encajan perfectamente en este juego del término de arte acción, menos que en el de performance.

El cuerpo de por medio

Además de Alejandra Moreno, la muestra fue curada por Sol Henaro, Cristian A. Aravela y Brian Smith. Hasta el 21 de julio, se abordarán las acciones de artistas tan diversos como Felipe Ehrenberg, de quien por cierto se tiene el registro documental más antiguo en el acervo; Marcos Kurtycz, Lia García (La novia sirena), Las Kitsch Company, Proceso Pentágono, Proyecto SEMEFO, Sindicato del Terror, La Congelada de Uva o Lorena Wolffer.

No es un relato expositivo cronológico, aclara la curadora. Dice que más bien se trata de la integración de ocho núcleos temáticos en los que se han interrelacionado acciones artísticas con elementos en común. Y ofrece algunos ejemplos.

En el núcleo “Ritual y catarsis”, que fue pensado para resignificar el cuerpo como lo divino, convergen los trabajos de Ehrenberg y Kurtycz, mientras que para “Goce y desborde” se pensó en los espacios independientes donde se hacían reuniones lúdicas que permitían generar propuestas artísticas, como La Panadería, La Quiñonera o Santo Domingo, e incluso en intervenciones de espacios públicos como lo hizo Proceso Pentágono con el zócalo capitalino con la acción Acteal, en 1997.

En el núcleo de “Parasitar los medios”, pone otro ejemplo, muestra cómo algunos artistas, como Maris Bustamante y de nuevo Proceso Pentágono, ocuparon los medios masivos de comunicación para dar cuenta del quehacer castigado en muchas ocasiones a lo periférico.

Otro núcleo, de nombre “Salir de la carne”, menciona, habla de cómo el cuerpo es el soporte pero también ofrece la capacidad de interacción con instrumentos; es el caso de La Congelada de Uva, con el empleo de dildos, poniendo sobre la mesa la interrogante de por qué un objeto de esta naturaleza sigue incomodando.

“Es un viaje de los más underground hasta los ejercicios para generar comunidad, para recordar que, a partir del otro también somos”, resume Moreno.

La curadora advierte que si bien no se trata de una muestra basada en el rigor cronológico, es posible para el espectador distinguir las preocupaciones y los distintos procesos artísticos del arte acción a través de las décadas.

“En los años 70 se hablaba de trabajar con grupos, esta búsqueda de generar comunidades artísticas. En los 80 y 90, se vio un trabajo individual pero con acompañamiento, más que comunidades.

“Pienso, por ejemplo, en Dj Chrysler, que era uno de los muy poquitos que a veces trabajaba con alguien más. Uno de sus performances más emblemáticos fue 15 Mil Voltios (una acción en la que un sujeto recibe descargas eléctricas de 15,000 voltios a través de un traje), donde a veces él se ponía el traje o a veces se lo ponía alguien más”, refiere. Agrega que hoy en día a los artistas jóvenes se preocupan por hacer “artivismo”: procesos de género, feminicidios o violencia.

“Es muy interesante ver cómo en el performance, después de tantos años, todavía poner un cuerpo ante un público es transgresor y en muchos casos es censurado. Es interesante cómo este que es nuestro instrumento más importante sigue siendo escandaloso. Hay que salir cada vez más a las calles a poner el cuerpo como soporte del arte acción. Es importante poner este tema sobre la mesa, ahora que los cuerpos son, no solamente guardados sino lastimados y asesinados”, argumenta.

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