“Para mí fue un privilegio coordinar el Foro Consultivo, fueron unos meses difíciles, pero al mismo tiempo muy estimulantes, donde se lograron muchas actividades importantes y colaboraciones, yo quiero agradecer la gran oportunidad de haber estado aquí”.

Este lunes 6 de julio se conoció la renuncia de la doctora Julia Tagüeña Parga como coordinadora del Foro Consultivo Científico y Tecnológico A.C. (FCCyT), cargo que ocupo por 18 meses, y comparte con El Economista las razones de su dimisión.

El FCCyT fue creado con la Ley de Ciencia y Tecnología de 2002, aún vigente, y conforme al Estatuto Orgánico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) como un órgano autónomo de consulta permanente para el Ejecutivo federal. Sin embargo, desde hace meses fue desconocido por el propio Conacyt al negarle los recursos establecidos en el artículo 38 de la citada ley.

Cabe recordar que gracias a la gestión del FCCyT las multas del Instituto Nacional Electoral a los partidos políticos se designaron para la ciencia y la tecnología, lo que garantizaban ingresos suficientes para su operación.

Por casi dos décadas el FCCyT tuvo la misión de hacer oír las voces de la comunidad científica, académica, tecnológica y del sector productivo, y de canalizar recursos a proyectos de investigación, pero hoy su operación simplemente no es posible sin recursos.

La doctora Tagüeña explica la situación: “El foro entrará en una suspensión parcial de actividades porque no cuenta con los fondos para su operación, ante la imposibilidad de seguir en funciones normales, la mesa directiva tomó la decisión y yo aproveché esta reunión para presentar mi renuncia, la cual fue aceptada”.

Confirmó que hasta el momento la el FCCyT tiene todo auditado y con documentos en orden, aunque sigue existiendo, “ya no tiene ningún sentido que me quede coordinando porque se trata de un puesto honorífico que viene directamente de la mesa directiva para cuando hay actividades”, desde ahora ya no las habrá, pues “el equipo de trabajo ha sido desmantelado y hubo que tomar estas acciones”.

Con este horizonte incierto, también se suspende la operación del INCyTU, que es la oficina de información científica y tecnológica creada en 2015 por el foro y el Senado de la República para apoyar con investigación e información científica al Poder Legislativo.

Se pierde diversidad de voces

Para Julia Tagüeña la consecuencia inmediata al desaparecer el foro es que se elimina la posibilidad de tener un órgano asesor y de que la voz de la comunidad esté presente. “Un sistema que no escucha, no es un sistema, es una concentración de poder”, lamenta.

El FCCyT cumplió 18 años en junio pasado, y a pesar de que ganó la suspensión definitiva de la decisión de eliminar su presupuesto y obtuvo un amparo en primera instancia, sigue sin recibir recursos. El desacato por parte de Conacyt a esta orden ha quedado en la incertidumbre pues con la pandemia, se han cerrado todos los tribunales y muchos procesos han estado detenidos, esta circunstancia ha dejado sin respuestas al foro y sus actividades.

A pesar de ello, la física y doctora en Cencias asegura que será muy importante que la comunidad se una, que manifieste su posición y su voz frente a la nueva Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación. “Es una nueva oportunidad para definir al sistema, que este esfuerzo realmente represente a la comunidad y tenga espacios autónomos”.

Insistió en que tiene que haber una participación directa, pues los sistemas autoritarios en ciencia a través de la historia han demostrado “ser un desastre” y tenemos que aprender de ello. “Es el momento de hablar, de participar y de que su voz se escuche”. Por ello celebró que hoy incluso surjan grupos de científicos organizados. “Tradicionalmente los científicos han sido poco participativos, su campo de acción había estado en los laboratorios y que se organicen para luchar por sus derechos no es lo más usual, pero una ventaja de estas nuevas formas de organizarse es que se están uniendo disciplinas, tenemos mucho que aprender unos de otros”, añadió.

También señaló la importancia de que los gremios y las academias jueguen un papel en la política científica y sean escuchados.

Contribución ante la pandemia

Una muestra del trabajo reciente del FCCyT fue el portal Ciencia y el coronavirus, que proporcionó información basada en conocimiento científico con un alcance de cerca de medio millón de personas. “Sabíamos cuando nos lanzamos a hacerlo que sería la última actividad juntos, todo el equipo puso el corazón en ello, luchamos porque esta actividad fuera útil y quedamos muy satisfechos”, concluye Tagüeña.

Los inmuebles del FCCyT quedarán en comodato a cargo de la UNAM.

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