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Donde otros ven desperdicio, ellas vieron oportunidad: estudiantes crearon Tasty Shrimp
La historia de estas emprendedoras sinaloenses, estudiantes del Tecmilenio Culiacán, es un ejemplo de cómo la educación puede empoderar a los jóvenes para convertirse en líderes y emprendedores capaces de generar un impacto positivo en el mundo; su proyecto representará a México en la competencia Enactus World Cup, en Kazajistán.

Foto EE: Cortesía
Tasty Shrimp es una empresa que procesa cabezas de camarón y las transforma en un sazonador, pero esta no es cualquier empresa, lo más inspirador de esta historia es que se trata de jóvenes estudiantes que buscaron resolver un problema en su comunidad, lo que ha generado un impacto positivo en la población de Dautillos, Sinaloa, al convertir un desecho en un producto valioso.
Britany Esparza y Alejandra Soto, estudiantes de Tecmilenio Culiacán, no sólo han mejorado el medio ambiente, sino que también han creado una fuente de ingresos adicional para los pescadores locales. “Para nosotros es más importante el beneficio que esto puede traer a la gente de Dautillos. Es la oportunidad de tener trabajo todo el año y mejorar su situación económica. Lo importante y nuestro principal motor siempre van a ser las personas y el impacto social que podemos cambiar”, afirma Esparza.
La iniciativa les permitió aprender sobre gestión de proyectos, negociación y cumplimiento de normativas legales, aplicando estos conocimientos en un contexto real. En el camino, Diana Miranda y Flor Ibarra, estudiantes del mismo campus, se sumaron a esta iniciativa para poder concursar en la plataforma que las llevaría a ganar el primer lugar en Enactus México, una organización que impulsa el emprendimiento social, y un premio universitario. Las estudiantes ahora tienen la oportunidad de representar a México en la final mundial de emprendedores Enactus World Cup que se llevará a cabo la primera semana de octubre en Astana, Kazajistán.
De un taller de escuela a una empresa nacional
Esparza platica a El Economista que ellas querían un cambio, primero en sus vidas y después en su entorno, “nos dimos cuenta que no íbamos a poder cambiar el mundo, pero sí pequeños problemas que tenemos cerca, eso fue lo que hicimos para poder llevar a cabo este proyecto”.
El proyecto surgió de una tarea de escuela, “nuestro maestro Cesar Gabriel Alfaro justo nos pidió que buscáramos resolver problemas de nuestras comunidades o cercanos y que nosotros conociéramos. En el lugar donde vivimos, hay un problema con el desperdicio de las cabezas de camarón, para nosotras ahí estaba la respuesta”.
“Para que estas cabezas dejaran de ser un desperdicio, con malos olores y contaminación, no teníamos que esperar a que viniera alguien más a ver qué hacía, así nos dimos a la tarea de intentar una solución. Nuestro profesor nos animó mucho, desde que escuchó nuestra idea empezó a contarnos que era una idea muy viable e incluso necesario, pues la cabeza del camarón, que hasta hace poco se consideraba desperdicio, y que se encuentra en todas partes de Sinaloa, concentra gran parte del sabor, pero lo estábamos tirando”.
Soto complementa que se dieron cuenta que el camarón no se estaba aprovechando porque hacía falta un proceso de por medio, y más que de ciencia, era de industrialización y mano de obra, “las comunidades pesqueras estaban pasando por alto esta situación por falta de instrumental y tal vez de imaginación.
Así decidimos conversar con estas comunidades y realizar esta parte, con este nuevo paradigma presentamos una propuesta de valor para pequeñas comunidades y fue como se dio la motivación de un nuevo ingreso y una nueva manera de aprovechar al 100% este recurso marino”.
El camarón es la principal fuente de ingresos en Sinaloa, que es el principal productor a nivel nacional, entonces, cómo era posible que sabiendo manejar el recurso, no lo estaban aprovechando en su totalidad. Se trata del 38% del cuerpo del camarón que estaba siendo tirado a la basura en lugar de generar algo de valor.
Cuando es periodo de pesca, los pescadores arriban a las cooperativas con los kilos de camarón, es ahí donde las esposas comienzan a descabezar los camarones y entra su labor de comprar esas cabezas a la gente local. Enseguida se mandan al proceso de producción y empaquetamiento, manipulado por la misma gente de la comunidad, buscando una muy baja huella de carbono. Hasta que llega el proceso de distribución sale de la comunidad y se entrega a puntos de venta o cadenas de distribución.
Hoy, su producto está disponible en Mercado Libre, Walmart Marketplace y próximamente en Amazon, es un proyecto que impacta a la comunidad y también al medio ambiente, por eso en el mes de octubre estarán en Kasajistán representando a México en una competencia mundial. Ahora se encuentran buscando fondos para lograr el cometido.
Asesoría, resiliencia y humildad
Para las estudiantes de Tecmilenio no ha sido un reto fácil, hay muchas cosas que las limitan. Esparza asegura que ha sido un camino largo, con negociaciones complicadas, más en comunidades como Dautillos, con pescadores que se rigen por cooperativas, donde para llegar a un acuerdo todos los socios tienen que aprobar el proyecto. “Tal vez para nosotras fue más fácil, pues es el lugar donde yo vivo, donde yo nací, mi padre era pescador y como ya me conocían, les platiqué el propósito positivo para todos y confiaron. Ellos ahora nos comentan que se sienten felices y que quisieran que hubiera más personas que buscaran lo mismo, un lugar mejor para vivir en general”.
Para su compañera Alejandra, el mejor consejo que pueden dar a los jóvenes es siempre asesorarse, tener resiliencia y humildad, “en el aspecto de escuchar, aprender, saber que hay personas que saben más y es bueno poner atención. Mi padre siempre dice, si no sirves a tu comunidad, si no ofreces algo, nunca vas a ver retribuido para ti”.

