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Dominique, dulce pedazo de París en la Roma
Dominique Fritz, estableció su pequeña pastelería-restaurante en una bella casita de la Colonia Roma que bautizó con su nombre, Dominique, L'Art de la Patisserie (Chiapas 157-A, Roma)

Dominique Fritz, patissiere extraordinaire, nació en la ciudad de Estrasburgo, capital de la provincia de Alsacia, situada al NE de Francia, colindando con Alemania. Los recuerdos gustativos y olfativos más antiguos que tiene en la memoria, desde que tenía cinco años de edad, son los del pastel Kugelhopf
(bisabuelo del baba-au-rhum), que su abuela preparaba todos los sábados para hornearlo los domingos.
Desde esa tierna edad, Dominique ayudaba a su abuela para amasar, y con el paso de los años, esa actividad se convirtió en una profesión, pasión y hasta terapia ocupacional.
Se casó muy joven en México, y a pesar de haber estudiado la farmacología, y como pasatiempo la flauta, el destino la llevó por otros caminos, y fue en la ciudad de Baltimore, Maryland, EU, en donde un chef pastelero francés la inició en una carrera que finalmente la apasionaría.
A su regreso a México se animó a establecer su pequeña pastelería-restaurante en una bella casita de la Colonia Roma que bautizó con su nombre, Dominique, L'Art de la Patisserie (Chiapas 157-A, Colonia
Roma, teléfono 5564-2010).
Al entrar a su local, se percibe un ambiente cálido y acogedor, el pequeño espacio, que tan sólo aloja dos mesas, un aparador y un mostrador, es obra del famoso decorador francés Emmanuel Picault, de la galería Chic by Accident (reconocido por otro grande francés Philippe Starck, que dijo "lo chic es él").
Todo el interior refleja buen gusto, desde las pequeñas mesas, la pared de tela del fondo, los diferentes espejos enmarcados en blanco, el frutero de cerámica blanca, el candil que se remete en el techo y hasta el
árbol bonsai exótico.
La oferta de productos es muy amplia, pastel Royal, de chocolate con crujiente de praline de avellanas y mousse de chocolate semi-amargo belga Callebaut; Passion Chocolat, de almendra y chocolate francés Valrhona, con mousse de maracuyá; Alliance, crème brûlée de amaretto, pastel de chocolate y mousse de chocolate semi-amargo, por nombrar algunos de ellos.
Los deliciosos desayunos que he probado son:
Se ofrecen jugos de naranja o mandarina, pan de aceitunas o jitomates deshidratados y dos presentaciones de huevos.
En primer lugar, un omelette tierno por dentro y dorado por fuera, que está relleno de champiñones, espárragos y jitomates uva, todos confitados, queso de cabra, y bañado con salsa holandesa especial, rematado con tiras de prosciutto italiano.
En segundo lugar, oeufs en cocotte (la cazuela donde se preparan se llama cocotte), o huevos a la cazuela, preparados en baño maría con queso de cabra, jitomates uva confitados, salsa holandesa, rematados con tiras de salmón ahumado; deben disfrutarse como si fueran huevos tibios, con la yema y la clara poco cocidas.
Con el cafe au lait, son indispensables los panes dulces, como los chocolatines, los croissants sencillos, los especiales con almendras azucaradas, los brioches, los panqués, las deliciosas y etéreas petite madeleines de almendras, y muchos otros más.
Una mención muy especial a los eclairs de chocolate, los mejores que he probado en México.
Debo de hacer notar, que siguiendo el buen gusto del lugar, estos platillos se sirven en unos bellísimos platos decorados con motivos de frutas y verduras, de origen indonesio.
Además últimamente está ofreciendo otras especialidades saladas como las crêpes de harina de trigo, rellenas de champiñones y setas, bañadas en crema de flor de calabaza y espolvoreadas con queso parmesano o de cabra; quiches, torta salada estilo lorraine, con queso y tocino, o la alsacienne, de cebolla, ambas servidas con ensalada verde; baguettes hechas en casa, rellenas con prosciutto, pavo o salmón ahumado.
jtoledo@eleconomista.com.mx
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