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Disruptores endócrinos, una amenaza global?a la salud pública

Alrededor de unos 800 compuestos químicos son sospechosos de alterar el sistema endócrino y las hormonas tanto de seres humanos como de animales.

Pocas veces se habla de fenómenos que podrían ser dañinos al organismo en muchos sentidos y que a la vez se encuentran en casi todo material u objeto con el que tenemos contacto todos los días. Los disruptores endócrinos son compuestos químicos capaces de simular el comportamiento de las hormonas y alterarlos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para ser considerados como tales, deben cumplir tres características: una función hormonal, un efecto adverso y una relación de causalidad entre ambos.

En los últimos años, estas sustancias están siendo objeto de una atención creciente, pues sus implicaciones parecen ser muchas; hoy, la Comisión Europea da un importante paso, al publicar los criterios científicos para regular los disruptores endócrinos, considerados por la OMS desde el 2012 como una amenaza global a la salud pública.

En aquel continente la presión ha aumentado después de diversos estudios e incluso análisis como el publicado en la revista Andrology, el cual estima que el coste del impacto de estos alteradores en la salud de la Unión Europea es de 163,000 millones de euros, lo que supone 1.28% del PIB en aquel territorio.

La propuesta de regulación se presentó el 15 de junio en la reunión del Colegio de Comisarios. A partir de aquí, el Parlamento y el Consejo europeos deberán aprobar los textos y, más tarde, los estados miembros y las instituciones de la UE tendrán que adoptarlos.

En concreto, la comisión ha aprobado dos proyectos de medidas con los criterios científicos para identificar los alteradores endócrinos en los productos biocidas y fitosanitarios y la manera en que debe llevarse a cabo su identificación, junto con un informe de evaluación del impacto.

La comisión afirmó que éste será el primer sistema mundial que defina criterios científicos para los alteradores endócrinos en la legislación.

Alrededor de unos 800 compuestos químicos son sospechosos de alterar el sistema endócrino. Según el informe del 2012 de la OMS, la lista de posibles patologías relacionadas es extensa, e incluye la obesidad, la diabetes, los problemas tiroideos, el asma infantil, la pérdida de fertilidad, complicaciones en el desarrollo de los niños y daños en el sistema inmunitario y neuronal.

Sin embargo, sólo se han podido observar los efectos de una pequeña parte de ellos y todavía hay muchas interrogantes, de ahí la trascendencia del anuncio y la preocupación de los investigadores para detectar estos químicos en los tejidos humanos y los fluidos corporales, ya que muchos factores sólo se han podido demostrar en animales, debido a numerosos factores ambientales que influyen en nuestra salud.

Las botellas de agua, los recipientes de plástico, ciertos pesticidas, perfumes, cosméticos, instrumentos de cocina, juguetes, entre otros productos, son parte de este problema, pues aparentemente contienen sustancias que pueden interferir con la producción de hormonas y el metabolismo humano.

En México aún no se legisla nada al respecto

Sobre este acontecimiento platicamos con la doctora Carolina Guzmán Arriaga, investigadora en Ciencias Médicas y especialista en el tema. Ella confirmó que este tipo de compuestos se encuentra absolutamente en todas partes, en lo que comemos, lo que utilizamos y en el medio ambiente en general .

Por ello, es un problema importante que debería ser considerado; sin embargo, en México aún no se legisla nada al respecto. Esto no me asombra, pues apenas en Europa está pasando , dijo.

Aun así, explicó que en México, desde el punto de vista científico, ya existen grupos trabajando con este tema, específicamente en el Instituto Nacional de Salud Pública ya se hacen estudios epidemiológicos para identificar el impacto que tienen estas moléculas sobre el desarrollo de los niños o en enfermedades como el cáncer, o a nivel reproductivo, por ejemplo .

Es un tema que se empieza a tratar apenas y hay mucho por hacer , dijo; la especialista aseguró que podríamos empezar por un listado de moléculas que están presentes en el país o un mapa que diga qué tipo de moléculas hay en cada parte, porque muchas de éstas son derivados por ejemplo de plaguicidas, como el DDT que se utilizaba sobre todo en el sureste del país por la presencia de mosquitos.

Por mucho tiempo estos plaguicidas eran comunes y al corto plazo estaba muy bien, pero se desconocía que tenían efectos posteriores. Hoy ya no se utiliza, pero muchas personas aún tienen trazos de DDT en el cuerpo .

Con un mapa se podrían ver los puntos del país y las moléculas más comunes y riesgosas . Aseguró que para ello se requiere de una fuerte inversión en ciencia, así podríamos identificar niveles seguros, si éstos existen, y poderlos aplicar en alguna legislación, que incluso a nivel mundial no existe .

Por ello, agregó: Qué bueno que Europa ya esté con la vista sobre este tipo de contaminantes, es un paso muy importante (...) México debería también caminar en ese sentido. Yo estoy segura de que en poco tiempo los organismos adecuados tomarán cartas en el asunto, en este caso sería la Secretaría de Salud y la de Medio Ambiente .

Aseguró que la investigación científica hoy es nuestra principal herramienta para conocer el tema y poder empezar a crear estrategias que impacten directamente en la salud de la población.

nelly.toche@eleconomista.mx

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