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Dionisos, Johnson ?y el rey Midas
El director escénico mexicano que acaba de presentar The Make Up en el Festival de Edimburgo, Escocia, cumplió 50 años.
Se desconoce el origen de Dionisos, dios del vino y el teatro. Lo que sí se sabe es que Sileno, sátiro que cuando estaba ebrio poseía el don de la vaticinio, inventor de la flauta y magnífico contador de historias, fue su mentor para, a la postre, convertirse en parte de su séquito.
En la actualidad la leyenda más popular de Dionisos y Sileno es la que los relaciona con el rey Midas, monarca de Frigia, que se ubicaba en la península de Anatolia, hoy territorio turco, y a quien se le atribuían riquezas de variada índole, entre otras, la de la hospitalidad.
El mito cuenta que Sileno, anciano, gordo y, según costumbre, en estado de embriaguez, se perdió en los rosales de Frigia, en donde fue encontrado por súbitos de Midas que, atándolo con guirnaldas, lo llevaron ante el monarca. El rey, al reconocerlo, organizó una fiesta de diez días con sus noches en las que el viejo sátiro siguió bebiendo vino, contando historias y haciendo música para regocijo de los presentes.
Al día 11, se dice en Las metarmofosis de Ovidio, Midas decidió que Sileno debería regresar con Dionisos, y el dios, en agradecimiento por haber cuidado a su mentor, le dijo al monarca que le pidiera un regalo. A lo que el rey frigio accedió:
Haz que cuanto con mi cuerpo toque se convierta en oro.
El don fue concedido y Midas lo utilizó para transformar una rama de laurel y una piedra en el metal bermejo y, después, loco de contento, mandó organizar un festín para celebrar su nuevo poder.
El resto de la ficción es conocida: Midas no puede probar alimento, pues, al tocarlo, también se convierte en metal; le suplica a Dionisos ser liberado del don; el dios le dice que se bañe en el río Pactolo que, a la vez que sana al monarca, transforma sus orillas en arena de oro, etcétera.
Ahora bien, la leyenda viene a cuento porque el viernes el director escénico Rodrigo Johnson Celorio, tocado desde niño por los dones del teatro, tanto así que las obras que monta las convierte en oro, cumplió medio siglo de vida, y yo, cual sátiro viejo, gordo y en estado de embriaguez, tengo ganas de cantar su historia.
Hijo del canadiense Bob y la mexicana Virginia, Johnson nació en la Ciudad de México y durante su infancia vivió en tres lugares: las Torres de Mixcoac otrora el manicomio La Castañeda , en donde dormía; el viejo Colegio Madrid otrora casa de campo de los Limantour , en donde estudiaba, y Avándaro otrora lugar del primer gran concierto de rock , en donde iba de vacaciones. Y desde niño su única certeza es que se dedicaría al teatro, tanto así que a los 15 años igual dirigía alguna obra de Cervantes que organizaba a sus amigos para montar una puesta de teatro callejero y presentarla en el Festival Cervantino de Guanajuato.
Luego Rodrigo estudió Dirección Escénica y Escenografía en el Centro Universitario de Teatro (CUT), de la UNAM, en tiempos Ludwik Margules. Ya profesionalmente, Johnson ha montado cualquier cantidad de obras que, por lo general, siempre poseen un guiño lúdico, otro tanto taurino y una manera shakespeareana de la cual es especialista para entender y representar el mundo.
También ha ganado un montón de premios y distinciones y, para gusto de este Sileno, su obra maestra fue cuando, en 2000, montó en su departamento de la colonia Roma Cartas a mamá, de David Olguín, pieza basada en un guión radiofónico de Harold Pinter, que le valió varios reconocimientos. Ahora, Johnson acaba de regresar del Festival de Edimburgo, Escocia, en donde presentó la obra The Make Up, y está preparando un Hamlet, en rap, para regresar el próximo año al Reino Unido.
Por ello, por los dioses, por el teatro, salud, maestro.