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Desorden del clima se potencia a sí mismo
Tormentas, sequías y ondas de calor impiden que los ecosistemas absorban 11,000 millones de toneladas de dióxido de carbono, informa un estudio.

Un grupo de científicos encabezados por Markus Reichstein, director del Instituto Max Planck de Biogeoquímica en Jena, Alemania, realizó una investigación pionera en el efecto que tiene el llamado desorden climático (consecuencia directa del calentamiento global) en la captación de dióxido de carbono por parte de las plantas. Y encontró que ésta se reduce fuertemente.
En la investigación, que se publica hoy en la revista Nature, se utilizaron tanto modelos matemáticos como métodos observacionales; se calcula que cada año los ecosistemas terrestres absorben 11,000 millones de toneladas menos de dióxido de carbono como resultado de los eventos climáticos extremos de los que absorberían si éstos no se dieran. Esta cifra es aproximadamente una tercera parte de las emisiones anuales de CO2.
En los últimos 50 años, las plantas y el suelo absorben hasta 30% del CO2 que libera la humanidad principalmente por el uso de combustibles fósiles.
MEDIDAS Y MODELOS
La onda de calor que se extendió por las zonas sur y centro de Europa en el 2003 fue lo que activó la alarma para los investigadores. Fue uno de los primeros eventos climáticos extremos en los que se pudo documentar cómo el calor y la sequía afectan al ciclo del carbono.
Las mediciones hechas en bosques, selvas, pastizales y áreas de cultivo de todo el mundo por científicos de ocho países agrupados en el CARBO-Extreme Project indican que el impacto en el balance era mucho más grande de lo que se asumía previamente. El equipo tomó diferentes aproximaciones al problema.
Las imágenes tomadas por satélites desde 1982 hasta el 2011 revelan cuánta luz absorben para realizar la fotosíntesis las plantas en una cierta área. A partir de ello se puede determinar cuánta biomasa acumula el ecosistema en cuestión, durante o después de un evento climático.
Los investigadores también usaron datos de una red global de 500 estaciones, algunas de las cuales han operado por más de 15 años, que registran concentraciones de CO2 y corrientes de aire unos pocos metros por encima de la copa de los árboles. Con estas mediciones se puede calcular cuánto carbón absorbe y libera un ecosistema.
Estos datos se incorporaron a un complejo de modelos computacionales que mostraron que el efecto es en realidad inmenso: en promedio, la vegetación absorbe 11,000 millones de toneladas menos de CO2 de lo que absorbería sin eventos extremos.
LOS IMPACTOS MÁS FUERTES
Los periodos de sequía extrema en particular disminuyen considerablemente la cantidad de carbono que absorben los bosques, praderas y tierras de cultivo.
Hemos encontrado que no son los calores extremosos los que causan los mayores desbalances en las concentraciones de carbono, sino las sequías , explica Markus Reichstein. Y agrega que él y sus colegas creen que los eventos climáticos extremos tendrán efectos diversos, pronunciados y a largo plazo en los ecosistemas boscosos.
Las sequías pueden no sólo causar daño inmediato a los árboles, pueden hacerlos más suceptibles a plagas e incendios.
Por otra parte, los bosques se recuperan de las tormentas y los incendios mucho más lentamente que otros ecosistemas (de hecho, los pastizales no sufren daño alguno con los vientos).
Los investigadores también descubrieron que las fallas en la absorción del Carbono se distribuyen exponencialmente (como las avalanchas, temblores y otros eventos catastróficos), es decir, unos cuantos eventos grandes dominan a nivel global, mientras que los eventos más pequeños y frecuentes tienen una parte mucho menos significativa.
LO EXTREMOSO AÚN ES EVENTUAL...
Los investigadores están planeando más estudios para mejorar su comprensión de las consecuencias de los eventos extremos.
Hemos hecho experimentos (simulaciones), sobre todo con eventos que ocurren cada 100 años -dice Michael Bahn, de la University of Innsbruck-. Deberíamos tener en cuenta eventos que han ocurrido una vez cada 1,000 o hasta 10,000 años, porque es posible que se hagan mucho más frecuente hacia el final del siglo .
Los investigadores también proponen que cuando ocurra una sequía o una tormenta se direccionen ahí los satélites tan pronto como sea posible para que se registren los efectos.
Las consecuencias a largo plazo que se pueden inferir del estudio no son despreciables: Conforme los eventos climáticos reduzcan la cantidad de carbono que los ecosistemas terrestres pueden absorber y el dióxido de carbono atmosférico, por lo tanto, siga aumentando, habrá más climas extremosos. El efecto se potenciará a sí mismo , dice Reichstein.