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Desde los tiempos ?de Doris Lessing
Extractos de una entrevista en la que la Nobel revisa su obra, lo que la inspiró a hacerla y lo que inspiró con ella.

Pocos escritores podrán presumir de haber escrito textos que eventualmente fueron estandartes de tantos movimientos como Doris Lessing, la escritora británica que falleció ayer a los 94 años de edad.
Inspiradora para activistas de movimientos como el feminismo o el marxismo, la lucha en contra del apartheid y el colonialismo, y sobre todo pacifista, Lessing ganó el premio Nobel en el 2007 por -dijo el jurado- ser una narradora épica de la experiencia femenina que, con escepticismo, ardor y una fuerza visionaria, escruta una civilización dividida .
Sin embargo, a ella no le gustó recibir el premio porque -decía- se la pasaba dando entrevistas y posando para fotos. Aquí, extractos de la entrevista que le concedió a John Mullan para nobelprize.org.
VIVIR DE ESCRIBIR
Tras explicar la inspiración que su infancia en África le dio para hacer su primera novela, Canta la hierba (The grass is singing) y admitir que algunos lectores creen que es lo mejor que he escrito, cosa que resulta bastante perturbadora , Mullan le pregunta si tras el éxito sintió que podía sobrevivir de lo que hacía, de escribir.
Bueno, estaba sobreviviendo. El otro día leí que alguien decía que yo trabajaba como taquimecanógrafa, por supuesto que no lo hice. No pueden creer que yo viviera con lo que ganaba, y lo hice por años ( ).
Entonces no pensábamos, como ahora, que si escribías un libro tenías que ganar mucho dinero. Sólo dábamos por hecho que no ganaríamos mucho dinero, no teníamos y no nos preocupaba tampoco. Nadie tenía dinero, ése es el punto, y nadie quería un gran refrigerador y dos autos. No lo hacíamos, creíamos que era muy vulgar .
La autora admite que escribió muchas historias autobiográficas de sus años en África, en especial la secuencia de novelas Children of violence (en los 50), pero sobre qué tanto hay de ella misma en Martha Quest, la protagonista de esos relatos, dice que no sabe:
Una inventa grandes partes y luego algún biógrafo quiere saber qué es verdad y qué es ficción y tú tienes que ponerte a pensar y ya no te acuerdas. Supongo que la mitad es cierta pero todo lo que escribes está alterado de alguna manera .
ESTANDARTE DE DOS CARAS
Martha, igual que ella, se involucró con el comunismo. Lo que sucede ahí es muy cercano a lo que realmente pasó. Un amigo después de leerla se unió al movimiento, y yo creía que nadie podría hacer eso después de leer lo que escribí .
El cuaderno dorado (The golden notebook) ha sido considerado un libro feminista, en lo que la autora no está de acuerdo. Las feministas dicen que es una novela feminista, para mí es sarcástica ( ). No creo haberles hecho ningún bien a las feministas .
Bueno, satiriza el comportamiento de los hombres , indica Mullan.
Usted dice eso, yo no lo había visto así. Yo los veo como hombres normales comportándose normalmente (...). Estoy segura de que usted no es así .
Las protagonistas de la novela (Anna y Molly) -sigue Lessing- eran comunistas luchando por hacer un mundo mejor y mire cómo acabaron, el matrimonio las atrapó , dice Lessing, quien tuvo dos matrimonios y después aseguraba que aquello no era para ella.
Sobre si al escribir libros no realistas, como la serie de ciencia ficción Canopus in Argos, temía perder a sus lectores, comenta:
Las cosas han cambiado, recuerdo que en San Francisco un señor me dijo, Doris, espero que no estés perdiendo más tiempo en el aburrido realismo. Y una mujer me dijo que esperaba que no estuviera escribiendo espantosa ciencia ficción , cosa que estaba haciendo. Y entonces ellos se pelearon y la audiencia entera entró en la pelea y yo sólo escuchaba. Eso no pasaría ahora, porque a nadie le importa lo suficiente , dice y comenta que muchos no leyeron los libros por pensar que eran feministas.
En los 90 escribió una autobiografía, pero no pasa del año 1962 , observa Mullan.
Lo hice porque yo, en 1960 era una de estas Earth mothers (Madres Tierra) y la casa estaba llena de niños emproblemados de una forma u otra. En aquella época había estas mujeres con casas llenas de niños, no sé por qué pasaba, pero el punto es que no había adultos. En Alemania le conté a un joven que quería saber de los 60, que estaban esas mujeres y que podía llegar alguien y decir: Hola, soy Burt y soy amigo de Freddie, ¿puedo pasar? Y ella diría Claro que puedes pasar y él se podía quedar ahí por meses. Había esa magnífica generosidad, y él joven no me creía. No puedes dejar entrar a cualquiera a tu casa, podría ser un ladrón. Y sí, podía ser un ladrón, pero eso es lo que hacíamos, y pensé Oh, Dios, se ha olvidado. Ya nadie puede ir así por el mundo, siendo amigo de Jane y de no sé quién más .
manuel.lino@eleconomista.mx